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1970, que 50 años no es nada

jueves 06 de agosto de 2020, 08:18h

Para bien y para mal hace cincuenta años se sembró buena parte de lo que hoy es España y lo que hoy es Madrid. Fue 1970 un año de luchas y muertes contra el franquismo. La “Huelga de 1970”, la primera realizada en Granada desde la Guerra Civil, bajo el liderazgo de CCOO finalizó con tres obreros muertos por las cargas policiales. En julio acaba de cumplirse medio siglo de aquellos acontecimientos. Días en los que se celebró clandestinamente en Madrid la Sexta Reunión General de CCOO que aprobó organizar una jornada en favor de la amnistía el 3 de noviembre. Aquel verano de hace sólo cincuenta años fue testigo de una valiente huelga de Metro en Madrid.

Madrid, que ya empezaba a ser el reino de los escándalos y la especulación urbanística. Un año que parió a los hijos de la EGB con una Ley de Educación creada en días de estado de excepción porque todo lo envolvió el Proceso de Burgos. Los abogados progresistas se reunían en el Congreso de León para atacar al franquismo. Franco estaba viejo y achacoso. En EEUU andaban preocupados por la estabilidad de España, por el futuro de sus bases militares e intereses empresariales. Por eso en aquel octubre visitó el país el presidente Nixón, para dejar sus cosas atadas y bien atadas…

Granada, CCOO y el movimiento obrero en general sufrieron en julio de 1970 uno de los acontecimientos más tristes. En la comisión que debía debatir el anteproyecto de convenio colectivo estaban representantes de las Comisiones Obreras como Pepe Cid de la Rosa, Pedro Girón, Juan Verdejo y Luis Afán de Rivera entre otros. La patronal se negaba a aceptar las reivindicaciones: reducción de los abanicos salariales, ocho horas de trabajo, 300 pesetas diarias para el peón, eliminación de horas extras y destajos, reducción de la eventualidad y despidos. Los obreros apoyaron masivamente las reivindicaciones y la huelga, que se extendió como la pólvora y que fue brutalmente reprimida por la policía. Frente al edificio del sindicato vertical granadino fueron asesinados el marmolista Cristóbal Ibáñez Encinas y los peones de albañil Manuel Sánchez Mesa, y Antonio Huertas Remigio. El conflicto se alargaría hasta el 29 de julio, pero días días más tarde se firmó el convenio colectivo fijando el salario del peón 175 pesetas, el del oficial de primera en 195 pesetas y se consiguió una jornada laboral de 48 horas semanales. Hace sólo cincuenta años arrancar unos pocos derechos costaba vidas.

En su libro “Comisiones Obreras en la Democracia”, Juan Moreno nos relata pormenorizadamente cómo en aquellos días se realizó la Sexta Reunión General de CCOO en la Moraleja Madrid, a la que acudieron clandestinamente 115 delegados de todo el país. También Pedro Montoliu en “Madrid, de la Dictadura a la Democracia. 1960-1979” se refiere a este episodio no exento de anécdotas, ya que estamos hablando de una reunión clandestina con más de un centenar de asistentes, de los que sólo fueron detenidos tres “por despiste”, como apuntaría Nicolás Sartorius. Sin duda, un fracaso para la Brigada Político Social. La reunión se celebró en el Colegio de la Sagrada Familia, tras explicar a las monjas que “el objetivo de la reunión era ayudar a la promoción espiritual de los trabajadores”.

En 1970, las Comisiones Obreras fueron calentando motores para la “galerna de huelgas” que llegarían pocos años después. Según Montoliu se contabilizaron 1.547 huelgas con una participación de 440.000 trabajadores. En Madrid, quizá el paro más importante se desarrolló en el Metro, tras la subida de tarifas por parte del Gobierno mientras se negociaba el convenio colectivo. Los trabajadores, ante los mayores ingresos que se iban a obtener pidieron la mitad de los beneficios que se obtuvieran, unos 400 millones de pesetas frente a los 110 que ofreció la empresa. El 16 de julio unos cien trabajadores intentaron entrar en la Delegación Provincial de Gran Vía, lo que la policía impidió. Mientras, los trenes comenzaron a circular de forma especialmente lenta. El 29 de julio toda la plantilla secundó la huelga y unos 2.000 trabajadores se encerraron en los talleres de Cuatro Caminos. El caos en la capital estaba servido…

La respuesta del Consejo de Ministros fue decretar la movilización militar de todo el personal de la compañía. Ese día se volvió al trabajo y se acordó que la plantilla recibiera 118 millones de los beneficios. Franco intentó dejar las cosas atadas y forzó un convenio de Renfe con el Ejército para que soldados de reemplazo se pudieran formar como maquinistas y tirar de ellos como esquiroles como sucedería en la huelga de 1976.

El origen del caos de la movilidad en Madrid surge en esta época. Si en 1964 había 418.000 coches, en enero de 1970 la cifra se disparaba a 800.000, de ellos “sólo” 250.00 se movían por el centro de la capital. La solución es la misma que históricamente ha dado la derecha. Es decir , “libertad” para usar el coche, lo que en su día supuso el surgimiento de pasos elevados, túneles, aparcamientos que destrozaron plazas como la de Salamanca, Descalzas, Mayor o España. A ese destrozo de la ciudad también contribuyeron construcciones como la Torre de Valencia o las Torres de Colón, que vuelven a estar de actualidad.

Paralelamente, en 1970 se desbordó el chabolismo en un territorio que creció en un millón de habitantes en menos de diez años. Gentes que huían del hambre, gentes que buscaban en anonimato para evitar la represión franquista. Los especuladores encontraron terreno abonado en Madrid. Los desahucios están a la orden del día mientras la vieja capital es devorada. Ejemplo claro es el barrio de Pozas, en Argüelles, donde fueron desalojados 1.500 vecinos de 300 viviendas para… ¡construir el Corte Inglés de Argüelles! En esa misma línea ideológica se derribó el Circo Price, una construcción de hierro para levantar un banco.

Al tiempo, zonas como Palomeras Bajas u Orcasitas eran el Tercer Mundo. El asociacionismo vecinal empieza a surgir con líderes como Félix López Rey, quien aquel año preguntaba en Radio España cómo era posible que, mientras el hombre llegaba a la Luna en Orcasitas los vecinos tuvieran que “cagar en una lata”, como nos recuerda Pedro Montoliu. Son años de escándalos inmobiliarios Matesa, Vilda, Jesús Gil… Pocos responsables pisaron mucho tiempo la prisión gracias a amnistías decretadas bien por Franco, bien por Juan Carlos I.

Como docente no puedo dejar de mencionar algo que merecería capítulo aparte: la Ley de Educación de 1970 que Pamela O’Malley relata extraordinariamente en “La educación en la España de Franco”. Una ley realizada en tiempos de estado de excepción con el Opus Dei en la vanguardia educativa y multitud de poderes fácticos metiendo sus garras. En Madrid también la especulación del suelo afectó a la educación. Era evidente el déficit de plazas escolares a lo que hubo que añadir el cierre de colegios privados que haciendo alarde de “negocio” cerraron para vender el suelo en el que se ubicaban los centros educativos. Mientras, el Gobierno franquista, lanzó su eslogan “hay plazas escolares para los niños de Madrid”.

Franco no dejó todo atado, pero muchos de sus herederos tomaron nota de cómo beneficiar a unos pocos en detrimento de la mayoría. Quizá 50 años sea poco tiempo para cambiar determinados usos y costumbres. Quizás estamos pagando la herencia de vicio y corrupción que una transición política exitosa en cuanto a los derechos políticos democráticos, no consiguió romper al no cuestionar los centros de poder económico corrupto del viejo régimen. La última consecuencia es la situación y el escándalo del rey emérito y anterior jefe del Estado.

Jaime Cedrún.
Secretario general de CCOO de Madrid

Jaime Cedrún

Secretario general de CCOO Madrid

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