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Los ciervos suelen formar grupos separados de machos y hembras durante el resto del año, pero en la época de la berrea hacen un alto en esta organización con el objetivo de procrear. Para ello, forman harenes y no hay límites: cuantas más hembras mejor, pues así se multiplican las posibilidades de reproducirse, explica el guarda de Riofrío Fernando García Aparicio. Los ciervos más fuertes consiguen los mayores harenes, ya que mantenerlos implica un gran desgaste, al que solo ellos pueden hacer frente. Es, simplemente, una técnica de selección natural.
Máximo esplendor
Cada vez que una de ellas sale del grupo, en el que descansan plácidamente, el ciervo va en su búsqueda. También tiene que estar pendiente de repeler la presencia de otros machos cerca de su harén. Con estas técnicas los ciervos se aseguran que no se les escapará el momento en que las hembras están preparadas para ser montadas, que dura solo un par de días y varía en el tiempo según el ejemplar.
Mosaico sonoro
En la actualidad, la población de Riofrío es de unos 250 ciervos y unos 800 gamos. Aunque tienen menos protagonismo, la belleza de los gamos es para muchos más delicada que la del ciervo. Se diferencia por su menor tamaño, por las manchas que presentan en el cuerpo y por sus cuernas aplanadas. En este caso, los bramidos se llaman ronca y, aunque su ritual de procreación es menos llamativo, al ser más individual, los enfrentamientos entre machos se dan con más frecuencia. "Son más cañeros", resume el guarda.
Desde Madrid, Riofrío está a menos de una hora, pero es más recomendable dar un pequeño rodeo y acceder por la puerta de Hontoria, entrada natural de los segovianos. De esta manera, aunque no se puede detener el vehículo, sí se tiene la posibilidad de contemplar las entrañas de esta finca de variada vegetación, así como a sus cornudos habitantes, a lo largo de los cuatro kilómetros de carretera que llevan hasta el Palacio Real y la zona recreativa.




































