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Afortunadamente, las 'heridas de guerra' no eran reales. Para ellos, este año Halloween se había adelantado unos días en forma de taller para el empleo. Y es que los menores infractores de la Comunidad ya no tienen que limitar su futuro a la fontanería, la jardinería, la electricidad o la peluquería. Ahora ya saben cómo convertirse en actores, malabaristas, magos o, desde este martes, maquilladores profesionales.
Durante una hora y media, una docena de jóvenes aprendieron el arte del maquillaje profesional, entraron en contacto con el trabajo 'de chinos' que hay detrás de los programas de televisión o del cine, y supieron que, por qué no, ellos también podían hacerlo. "Eso es lo más importante. Aunque después no decidan dedicarse a esto en el futuro, toman conciencia de que pueden convertirse en profesionales creativos", explica Simón Martín, director de Madrid Joven Integra, centro gestionado por Fundación Diagrama, dependiente de la Agencia para la Reeducación y Reinserción del Menor Infractor (ARRMI) y cofinanciado por el Fondo Social Europeo.
Después de una pequeña demostración, los menores, por parejas, se afanaron en aplicar el látex a sus compañeros, a quienes tenían la oportunidad de convertir en zombis o 'infligir' toda clase de heridas, a cual más sangrienta. Casi todos eligieron esto último. Así, después de cubrir el látex con maquillaje, los 'cortes' quedaron hechos con acuacolor de color negro, una especie de 'acuarela' especial para maquillaje. Por último, la sangre —se puede comprar ya hecha en las droguerías o fabricarla con glicerina y pigmentos naturales— para el toque final.
Este proyecto pionero, destinado a menores sujetos a medidas judiciales en régimen semiabierto o abierto, se ha propuesto abrirles los ojos ante el mundo laboral a jóvenes que, a priori, tienen menos oportunidades. Por su situación actual y porque, en su mayoría, han tenido una trayectoria educativa 'difícil'. Durante seis semanas, acudirán a Madrid Joven Integra para conocer de primera mano el trabajo de maquillador, guía turístico, preparador físico o, incluso, el de los trabajadores del zoo. Después de poner a prueba sus habilidades, son los propios profesionales quienes les dicen dónde pueden formarse para dedicarse a ello y en qué empresas pueden trabajar.
"Se trata de una forma de utilizar el ocio para fomentar la inserción social", dice Martín. Es decir, al participar en estos talleres, se consigue que los menores que no tienen obligación de acudir —aquellos sujetos a libertad vigilada— cambien una tarde en el parque por el aprendizaje de actividades que no solo pueden ayudarles a pasar de otra forma su tiempo de ocio, sino que además tienen el potencial de convertirse en su futura profesión. De la primera edición del taller de oficios alternativos ya ha salido un joven mago de dieciséis años que actúa en salas de fiesta madrileñas. De la segunda, quién sabe... Quizá algún 'fabricante de zombis'.





































