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Pablo Casado, presidente del PP
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Pablo Casado, presidente del PP (Foto: Chema Barroso)

El poder de la barba, así influye en la política

Cuidar la imagen es una estrategia en alza

Por MDO
jueves 26 de agosto de 2021, 08:16h

La moda de la barba hace una década que se instaló definitivamente entre los hombres de hoy en día pero en algunas profesiones parecía que había algo de resistencia, como es el caso del sector de la política, donde la imagen es muy importante.

Ahora sin embargo hay cada vez más líderes que apuestan por la barba. ¿Por qué?

Kike Medina, editor en Mr. Shave, señala que “la barba en política proyecta una mayor presencia así como una imagen de confianza y liderazgo”, lo que bien podría no ser así en el caso de no llevarla. En el Partido Popular, Mariano Rajoy siempre apostó por la barba y recientemente Pablo Casado también decidió dejársela, bien por una simple cuestión estética o bien, como muchos apuntan, como una puesta en escena para dotar a su personaje de mayor presencia física y empaque como líder del partido.

Y lo cierto, es que la jugada le ha salido bien, puesto que su liderazgo ha ido en aumento en relación con los resultados electorales anteriores a su nueva imagen.

Antes de eso, Abascal, líder de Vox, ya había mostrado su extrema preocupación por una barba perfectamente recortada que forma ya parte de su identidad: y algo similar ocurría con el ex líder de Podemos, Pablo Iglesias, quien se mantuvo fiel a la coleta y barba que tanto dieron de qué hablar de su imagen y su personalidad logrando captar una atención que desde el punto de vista comunicativo se vio muy efectiva por los expertos. La barba no entiende de izquierdas o derechas, sino que se trata de una cuestión de carisma y de cómo conecta con el público la imagen que se proyecta de uno mismo.

Sin embargo, en Inglaterra opinan todo lo contrario. Una prueba de ello es que no hay ningún primer ministro británico que se atreva a lucirla desde la década de los sesenta con Harold McMillan.

Muy distinto es el panorama en otros países como Estados Unidos, donde puestos a ser excéntricos existe incluso un comité de apoyo a políticos con barba denominado BEARD (Bearded entrepreneurs for the Advancement of a Responsible Democracy). Allí las ventas de las maquinillas de afeitar han descendido y lo cierto es que se trata de una tendencia global.

El poder de la imagen

En España ha habido un cambio de rumbo y cada vez son más los políticos que asesorados por expertos en imagen deciden unirse al club de los barbudos. Este asesoramiento tiene mucho que ver con el hecho de que el vello facial masculino transmite según los psicólogos una sensación de madurez, poder, fuerza y liderazgo; valores que sin duda son bienvenidos en la política. Cuanto más pelo en la cara mayor es la percepción de masculinidad, evocando una impresión de valentía, liderazgo y seguridad. Si bien no existe ninguna relación que lo demuestre, el estereotipo es lo suficientemente poderoso.

La barba gusta

La barba también logra una identificación entre quienes la portan y ese nexo hace que otros tantos personajes conocidos más allá de la política se conviertan sin quererlo en referente de moda. Así encontramos deportistas, artistas o periodistas cuya barba bien cuidada es imitada por muchos. Y es que la estética masculina gana peso.

Lejos de los tiempos en los que el hombre no se preocupaba tanto de su aspecto, hoy en día proliferan los injertos capilares en el pelo y se han resucitado las barberías gracias al interés por las barbas pobladas. Ese pelo aporta una dosis de seguridad que es tendencia masculina.

Ahora bien, para que la barba funcione tiene que estar perfectamente cuidada y aseada, recurriendo incluso a fluidos y aceites específicos, ya que una barba descuidada logra el efecto contrario. Sobre todo cuando se está en la esfera pública, no darle a la imagen la importancia que se merece supone un problema y un cambio de imagen positivo ha pasado a ser una de las estrategias más inteligentes de cara a generar más confianza entre los votantes.