Una estatua del diablo en el parque más familiar de Madrid, un número que parece una confesión y una leyenda que, en realidad, es mucho más moderna de lo que creemos. El nuevo episodio de Madrid en voz baja, el podcast de Eva R Picazo, desmonta el mito del Ángel Caído.
Lo cruzamos mil veces sin mirarlo. En pleno Parque del Retiro, en una glorieta donde se juntan varios paseos, se levanta una de las esculturas más singulares de Madrid: una figura de bronce oscuro que se retuerce en el aire. Es un ángel en el instante exacto de su caída. Es, para muchos, la estatua del diablo. Y lleva décadas rodeada de un número que a mucha gente le pone la piel de gallina: 666.
Un número real… y una explicación decepcionante
Empecemos por lo que es verdad, porque lo es. La glorieta del Ángel Caído figura, de forma oficial, a 666 metros sobre el nivel del mar. El dato existe y se puede comprobar. De ahí ha nacido toda una mitología: que si la estatua es un homenaje secreto a Lucifer, que si alguien eligió esa cota a propósito, que si el parque esconde un mensaje.
Y aquí llega el pinchazo. Madrid entero se asienta a una altura media de unos 655 metros. Esos 666 no son ninguna elección diabólica: son, sencillamente, la altura del terreno. A pocos pasos, en el propio observatorio del Retiro, una placa marca una cifra distinta, y lo cierto es que nadie ha medido nunca con precisión la cota exacta de la estatua. El número redondo y perfecto es una casualidad que hemos ido puliendo con los años hasta dejarla brillante.
El diablo más bello de Madrid nació en Roma
La escultura es obra de Ricardo Bellver, un escultor madrileño que la modeló en yeso en 1877, durante su etapa como pensionado en la Academia Española de Bellas Artes de Roma. Se inspiró en El paraíso perdido, el poema de John Milton sobre el ángel más orgulloso del cielo, arrojado al abismo para no volver jamás. Bellver no esculpió un monstruo: esculpió a un joven hermoso y desnudo en el segundo preciso en que deja de ser ángel.
Hay un detalle que casi nadie conoce: aquella primera figura ya no existe. Era de yeso y se destruyó al hacer el molde para fundirla en bronce. Lo que hoy vemos en el Retiro es su reflejo en metal, la copia de algo que desapareció.
Del Museo del Prado a las ruinas de una guerra
La obra ganó la Primera Medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1878. El Estado la compró, la pasó a bronce y —otro dato poco sabido— el diablo entró primero en un museo: estuvo en el Prado antes de vivir a la intemperie. Solo en 1885 se decidió sacarlo al aire libre, sobre un pedestal ideado por el arquitecto Francisco Jareño y decorado, por cierto, con pequeños diablos que sujetan lagartos y serpientes entre los dientes.
Y no lo plantaron en cualquier sitio. El monumento se alza sobre el solar de la antigua Fábrica de Porcelana de la China, destruida durante la Guerra de la Independencia, en 1813. Un ángel que cae, colocado sobre unas ruinas de guerra. Nadie lo pensó como metáfora, pero lo es.
Lo que de verdad esconde el Ángel Caído
El detalle que lo delata todo es este: cuando Bellver esculpió su ángel, a nadie se le pasaba por la cabeza hablar de metros ni del número de la Bestia. La obsesión por el 666 es moderna, muy posterior a la estatua. Nació cuando empezamos a necesitar que las cosas escondieran secretos.
Y ahí está el verdadero misterio, que no es diabólico. Tenemos en mitad de nuestro parque más luminoso una escultura bellísima que representa una caída, colocada sobre los escombros de una guerra, y en lugar de contar esa historia —que es real y hermosa— preferimos contarnos otra. Preferimos el número. Preferimos el secreto. El episodio completo lo cuenta despacio, al oído, como sabe hacerlo Madrid en voz baja.
Madrid en voz baja es un podcast de Eva R Picazo disponible en Spotify: las historias que la ciudad cuenta al oído, en un tono íntimo y literario.
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