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La leyenda de la Casa de las Siete Chimeneas: el fantasma de Madrid que resultó tener esqueleto

La leyenda de la Casa de las Siete Chimeneas: el fantasma de Madrid que resultó tener esqueleto

martes 14 de julio de 2026, 07:43h

La Casa de las Siete Chimeneas, hoy sede del Ministerio de Cultura en la plaza del Rey, arrastra desde el siglo XVI la historia de una aparición que señalaba a palacio. Durante trescientos años fue un cuento de vecinas. Hasta que unas obras levantaron el suelo.

Atres minutos de la Gran Vía, en la plaza del Rey, resiste uno de los edificios más antiguos de Madrid. Miles de personas pasan cada día por delante sin levantar la vista, y es una lástima, porque ahí arriba está la clave de todo: siete chimeneas recortadas contra el cielo, tan singulares que la casa nunca necesitó otra dirección. Desde tiempos de Felipe II, todo Madrid la llama la Casa de las Siete Chimeneas. Y desde tiempos de Felipe II, todo Madrid cuenta lo mismo: que algunas noches, sobre ese tejado, camina una mujer vestida de blanco.

El palacete se levantó hacia 1570 en lo que entonces eran las afueras de la villa: huertas, caminos de arrieros y poco más. Madrid acababa de convertirse en capital casi por sorpresa y era un pueblo crecido de golpe, de unas cuarenta mil almas, donde los rumores corrían más deprisa que las noticias. Y pocos rumores corrieron tanto como el que rodeó a la primera habitante de la casa.

La joven a la que casaron para acallar un rumor

La tradición la llama Elena. Las crónicas antiguas la describen joven y de una belleza célebre en la Corte, tan célebre que el mentidero de las gradas de San Felipe —el «periódico hablado» del Madrid de los Austrias— llegó a vincular su nombre con el del propio rey. Nada se probó jamás, pero en aquel Madrid la verdad importaba menos que el murmullo, y el murmullo había que taparlo: a Elena la casaron pronto con un capitán de los tercios y la pareja se instaló en el palacete nuevo de las afueras. Lejos de las miradas.

La guerra hizo el resto. Al capitán lo enviaron a Flandes y de Flandes volvió solo una carta: muerto en combate, sin cuerpo que enterrar. Poco después, una madrugada, Elena apareció muerta en su alcoba. Y aquí las versiones antiguas se bifurcan: unas hablan de pena; otras, de señales de violencia que la pena no deja. Solo hay un dato en el que todas coinciden, y es el que hiela: no consta funeral, ni sepultura, ni duelo. El cuerpo, sencillamente, desapareció. La casa se cerró y sobre el asunto cayó un silencio espeso.

Escucha la historia

«La mujer que camina por el tejado» — Episodio 1 de Madrid en voz baja

La leyenda completa, contada como un relato, en el primer episodio del podcast. También disponible en Spotify.

La aparición que nadie quiso poner por escrito

Casi de inmediato empezaron los testimonios. Hortelanos, pastores, vecinas que volvían de una vigilia: todos contaban lo mismo sin haberse puesto de acuerdo. Una figura de mujer, vestida de blanco, caminando despacio entre las siete chimeneas. Y siempre el mismo gesto final: la mano al pecho y el brazo extendido señalando hacia el oeste. Hacia el Alcázar. Hacia el palacio del rey.

Madrid entendió la acusación sin que nadie la pronunciara, y por eso mismo solo pudo transmitirla como se transmiten aquí las cosas importantes: en el portal, en la cola de la fuente, de abuela a nieta, durante cuatrocientos años. Mientras tanto, la ciudad se tragó las huertas, la casa fue palacio de nobles y hasta sede del Banco de España, y la mujer de blanco fue quedándose en eso que llamamos, con cierta condescendencia, un cuento de viejas.

Madrid no olvida. Como mucho, baja la voz.

El día que el cuento se convirtió en pregunta

El giro llegó en el siglo XIX, durante unas obras de reforma en los bajos del edificio. Según recogió la prensa de la época, al levantar el suelo los obreros encontraron un esqueleto de mujer emparedado. Y junto a los huesos, unas monedas. Monedas del reinado de Felipe II.

Conviene decirlo con el rigor que la historia merece: la leyenda de Elena es tradición, recogida por cronistas como Pedro de Répide, y sus versiones no siempre coinciden. Pero el hallazgo convirtió el cuento en una pregunta que nadie ha podido cerrar desde entonces: ¿quién era aquella mujer?, ¿quién la escondió bajo el suelo de su propia casa?, ¿y por qué, en cuatrocientos años, nadie la buscó?

Se puede visitar (y contar las chimeneas)

La casa sigue en pie en la plaza del Rey, 1, junto al metro de Banco de España, convertida —ironías de la ciudad— en sede del Ministerio de Cultura. El edificio no es visitable por dentro, pero el ritual madrileño es exterior y gratuito: plantarse en mitad de la plaza, levantar la vista y contarlas. Una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete.

Y si es de noche y algo blanco parece moverse entre las chimeneas, tranquilidad: dicen que ya no señala a palacio. Dicen que solo pasea.

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