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OPINIÓN

Otra vez amenaza la inflación

Por Joaquín Galván Vallina
martes 12 de octubre de 2021, 10:40h

La inflación casi había desaparecido de nuestra memoria colectiva. Los que conocimos durante los años setenta este vocablo que se correspondía con un proceso de alza de precios, que venía a ser algo así como la bestia negra, fuimos viendo cómo iba reduciendo su intensidad a finales de siglo, especialmente durante los años 90 y con la entrada en el euro; y cómo iba desvaneciéndose desde finales de la crisis de 2008, hasta incluso llegar a valores negativos. Actualmente, la inflación vuelve a mostrar sus fauces a quienes le habían perdido el miedo suponiendo que ya estaba domesticada.

La variación interanual del IPC (Índice de precios de Consumo) ha sido desde agosto de 2020 hasta agosto de 2021 del 3,3%, influenciada especialmente por los precios de la energía. Este aumento adquiere relevancia puesto que, desde enero de 2021 (con la salvedad de febrero) viene siendo positiva y creciente. Para ver sus componentes más persistentes podemos observar que la inflación subyacente (que es el IPC menos sus componentes más volátiles -el precio de los productos energéticos y el de los alimentos no elaborados-) se sitúa en agosto en un 0,7%, continuando una senda alcista que parte de un 0% en el mes de abril. La presión inflacionista comienza a ser creciente y generalizada (para abundar más, los indicadores adelantados del IPC general e inflación subyacente en septiembre son del 4% y 1%, respectivamente).

¿A qué nos referimos al hablar de inflación?

Podemos acudir a la definición genérica de inflación del profesor Luis Ángel Rojo, para el que consiste en un “Proceso de alza persistente en el nivel general de precios iniciado por una variación que hace imposible a los precios existentes satisfacer la demanda total y propagado por las reacciones de los diversos grupos económicos que inducen nuevas elevaciones.”

La naturaleza de la inflación es básicamente monetaria. Así, autores como Laidler y Parkin señalan que la inflación es un proceso de elevación continuada de precios o, lo que es equivalente, de descenso de valor del dinero; del mismo modo, H. G. Johnson establece que la inflación radica en la elevación de los precios de todos los artículos en términos de dinero. Por lo tanto, es un problema de economía monetaria y no de economía real o de intercambio.

El Banco Central Europeo (BCE) y la inflación

Siguiendo a Cuadrado, “…la política monetaria consiste en la acción consciente emprendida por las autoridades monetarias, o la inacción deliberada, para cambiar la cantidad, la disponibilidad o el coste del dinero, con objeto de contribuir a lograr algunos de los objetivos básicos de la política económica”. La política monetaria, por tanto, actúa sobre los distintos instrumentos monetarios y crediticios que están al alcance de las autoridades monetarias para alcanzar unos objetivos, que en la Unión Monetaria Europea confluyen en el mantenimiento de la estabilidad de precios, como objetivo más importante. El Tratado de la Unión Europea establece como objetivo primordial del Sistema Europeo de Bancos Centrales (BCE y bancos centrales nacionales) la consecución de la estabilidad de precios, es decir, siempre se seguirá una política monetaria antiinflacionista.

La política monetaria definida y formulada por el Sistema Europeo de Bancos Centrales tiene como responsable en cuanto a su ejecución al BCE. Con referencia a la estabilidad de precios, el Consejo de Gobierno del BCE adoptó la siguiente definición: “Estabilidad de precios se define como un incremento anual del Índice de Precios de Consumo Armonizado por debajo del 2%”. Además, según lo estipulado por el mismo órgano de gobierno,” la estabilidad de precios debe ser mantenida a medio plazo”; con esto último se reconoce la existencia de una volatilidad a corto plazo en los precios que no puede ser controlada por la política monetaria. Hace pocas semanas, el BCE modificó su objetivo de estabilidad de precios fijándolo en el 2% (no por debajo, como antes), lo que lleva a que se considere igualmente perjudicial tanto que los precios estén por encima de esa cifra como por debajo.

Cómo avanza la inflación en España, según los enfoques tradicionales

  1. a) Inflación por efecto de la expansión monetaria:

Como hemos visto, para toda la Eurozona la política monetaria es la misma. El BCE se ha permitido practicar una política monetaria expansiva desde 2009: de este modo, ha reducido los tipos de interés hasta el 0% (a veces incluso negativo), ha reducido el coeficiente de caja del 2% al 1% y ha puesto masivamente más dinero en circulación -especialmente mediante la compra de bonos-. Esto ha sido posible porque, a pesar de la expansión monetaria, la inflación se ha mantenido controlada. Se ha venido vaticinando que esta política monetaria generaría inflación, aunque no se produjo, principalmente debido a la revolución digital que ha disminuido los costes, la globalización y a la falta de dinero en circulación en la economía real ante la carencia de expectativas.

No obstante, la inflación ha vuelto a aparecer. Y ante esto, ni el BCE ni la Reserva Federal han manifestado intención de actuar en el corto plazo, aunque han mantenido la propuesta de retirada de los estímulos monetarios a más largo plazo. Para estas instituciones, el repunte de la inflación es transitorio -especialmente debido al incremento de precios de la energía-, pero no deja de ser un peligro que pueda llegar a ser estructural, y para evitarlo sería necesaria una política monetaria más restrictiva.

Hay que tener en cuenta, además, que desde la entrada en el euro España vino registrando tasas de inflación superiores a la media de la Eurozona. Esto, por un lado, mermó capacidad adquisitiva y competitividad frente a los demás países de nuestro entorno y, por otro, denotó que la política monetaria del BCE era menos restrictiva de lo que hubiéramos necesitado. Esto podría volver a suceder si aumenta la inflación.

  1. b) Inflación de demanda

La explicación convencional de los procesos inflacionistas se basa en el exceso de demanda. En la actualidad, podemos encontrar un crecimiento significativo de la demanda en los mercados internacionales de energía, que repercute en el precio de los hidrocarburos y del gas que, a su vez, encarece considerablemente la electricidad nacional. También el ahorro realizado en los momentos más agudos de la pandemia y el hecho de posponer gastos e inversiones durante ese período está llevando a un repunte en el consumo y a una presión sobre la demanda en el mercado inmobiliario.

  1. c) Inflación de costes

Supone un alza en el nivel general de precios a consecuencia de los aumentos de los costes de los diferentes “inputs” y factores de la producción de bienes y servicios, como energía, materias primas, salarios o beneficios. Actualmente en España se aprecian presiones debidas al aumento del SMI sobre las retribuciones más bajas, a la vez que el aumento de los costes de la energía -incluido el coste de emisión de los derechos de CO2- induce elevaciones de precios de los productos finales; análogamente, se ha incrementado de forma notable el precio de las materias primas y los componentes tecnológicos importados del exterior. De igual modo, los anunciados Presupuestos con el mayor gasto público de la historia hacen esperar -al no haber motivos para prever una expansión económica paralela- un aumento de los impuestos también histórico. El aumento de los impuestos, incluidas las expectativas de subida del impuesto de sociedades y de reforma del mercado laboral, empujan los precios al alza.

  1. d) Mecanismo de expectativas

Las expectativas crecientes de inflación pueden llevar a incrementos sucesivos de los costes laborales a través de los convenios colectivos. La propia inflación registrada lleva a mayor presión en los convenios colectivos para aumentar los salarios, realimentando el proceso inflacionista y llevando a una espiral precios-salarios. Lo mismo ocurre con las empresas que, en función de las circunstancias, aumentan los precios de los bienes y servicios. Esto puede hacer que una inflación transitoria se transforme en permanente y creciente.

Visión general

Las políticas antiinflacionistas recomendadas por los principales organismos internacionales, como la OCDE o el FMI, coinciden en recomendar medidas de política monetaria no inflacionista, disminución del déficit público y los gastos públicos, reducción de impuestos, disminución de costes de la Seguridad Social y del coste fiscal por empleo, moderación salarial o medidas de reforma estructural que contribuyan a disminuir las rigideces del sistema económico y permitan una mayor actuación de los mecanismos del mercado. Si vemos lo que se está aplicando en nuestro país – expansión del gasto público, aumento de los impuestos, intervención en los mercados y control de precios y salarios e indiciación de rentas salariales- se pone de manifiesto que se están aplicando medidas diametralmente opuestas a las recomendadas.

Contemplando la revisión del Producto Interior Bruto (PIB) realizada por el Instituto Nacional de Estadística, se pone de relieve un crecimiento de la economía española mucho menor del que se esperaba. El crecimiento intertrimestral fue del 1,1% frente al 2,8% estimado inicialmente, una revisión a la baja considerable. Por otro lado, el PIB interanual avanzó un 17,5% frente al casi 20% de estimación inicial publicada.

Por ahora son avisos, pero si no se tienen en cuenta y se actúa en consecuencia, para una economía española vulnerable con importantes desequilibrios estructurales y bajo nivel de crecimiento, a medio plazo estaremos hablando de inflación con estancamiento, también llamada estanflación.

Joaquín Galván Vallina

Doctor en CC. Económicas y Empresariales. Profesor de la Universidad Europea de Madrid

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