Mani es una empleada del hogar que vino a España desde Perú hace varias décadas en busca de una vida mejor. Hace ahora cuatro años me comentó un incidente que le sucedió en las mismas fechas en las que extrabajadoras de las mansiones de Julio Iglesias sufrieron agresiones sexuales del cantante español, según aparece en una denuncia conocida recientemente gracias a la gran exclusiva periodística de elDiario.es.
Esta empleada del hogar me relató lo que le ocurrió al ir a una entrevista de trabajo en una casa de una ‘zona noble’ de la Comunidad de Madrid. Le expusieron que su trabajo consistía en cuidar a un señor mayor, quien le comentó que, además de las tareas propias de una cuidadora, debería hacer cada diez o quince días trabajos manuales y bucales en el miembro viril del indeseable caballero. Me relató la vergüenza que pasó y sus razones para no denunciar. Tenía claro que siempre se iba tener más en cuenta la palabra de un ‘digno señor’, quien le dijo al recibir la negativa a su propuesta que no entendía el remilgo de Mani porque anteriores cuidadoras, también inmigrantes, no habían puesto muchas pegas.
Este hecho es lo primero que me vino a la mente tras leer la exclusiva de elDiario.es. Recordé las palabras de Mani y sus razones para no denunciar lo que le sucedió. Los inmigrantes, con o sin papeles, son blanco fácil para indeseables y señoritos de la miseria humana.
Lo siguiente que me vino a la mente fue el dolor y sufrimiento de las víctimas de abusos sexuales y explotación descarada. También la indiferencia de personas como la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ante el caso de Julio Iglesias. Escribió en la red X que “las mujeres violadas y atacadas están en Irán con el silencio cómplice de la ultraizquierda”. Recordé lo que decía a menudo un profesor en mis años de colegial: “Que tienen que ver los cojones para comer trigo”. Mi maestro quería indicar que una persona está confundiendo conceptos completamente distintos o haciendo un razonamiento absurdo.
La mandataria madrileña siguió con su ingenio y añadió en X: “La Comunidad de Madrid jamás contribuirá al desprestigio de los artistas y menos al del cantante más universal de todos: Julio Iglesias”.
Ayuso debería cuidar más sus amistades y buenos contactos con estos machotes que rezuman machismo, soberbia y abuso de poder.
Su amigo Donald Trump, tan bien relacionado con el pederasta fallecido en prisión Jeffrey Epstein, recibió las gracias de Ayuso por su intervención militar en Venezuela para secuestrar a su presidente, Nicolás Maduro, saltándose todas las normas de derecho internacional. Tampoco hay que olvidar sus ‘cariñitos’ hacia el presidente argentino, Javier Milei, el de la motosierra para recortes sociales y el que duda de los destrozos que hizo la dictadura militar (1976-83) y de la desaparición de 30.000 argentinos contrarios a los militares fascistas.
La internacional carca reúne a personajes estrambóticos que hablan de libertad como si fuese una marca de refrescos, pero solo conocen la libertad para joder a los demás, hacerse con el poder y normalizar el abuso y la ignominia con los más débiles y necesitados