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Diario de una pesadilla 30 de mayo

sábado 30 de mayo de 2020, 11:19h
Último sábado del mes de las flores, del mes de mayo. La ilusión por las flores la ha ido alimentando mi hermano Fernando mandándome cada día una flor de su huerto. Sigo diciéndole que haga un álbum de fotos con las flores de la pandemia. Entre los médicos se ha puesto de moda tener un pequeño huertecito donde dedicar tiempo a otros asuntos que nada tengan que ver con las enfermedades. Por lo menos a él le ha ayudado muchísimo. También se ha hecho de una asociación de cactus muy activa donde mantienen reuniones trimestrales para admirar las plantas de los asociados. Pueden estar horas esperando a que abra una flor que solo permanece abierta un rato. Pero cuando abre, es todo un espectáculo de belleza y puro arte.

Creo que es fundamental un hobby. Me he “reseteado” hoy y pienso que no tengo uno, sino muchos hobbies. La pintura, otra expresión del arte, me llena. Necesito volver al Prado, al Reina Sofía o al Thyssen. A partir del día ocho de junio podremos volver a pisar las salas donde se encierran tantos misterios y donde siempre se descubre algo nuevo en los clásicos que allí se exponen. No voy a hablar de Velázquez y del amor que surgió en mí por las “meninas”. Inundé mi casa de meninas y eso le llevó al pintor José Manuel Ciria, al que tanto admiro, a decirme que algunas ya tienen que jubilarse de mis estanterías. El caso es que no están por decoración en mi salón. Se encuentran allí porque cada una tiene detrás una historia, un recuerdo. En esta pandemia, he observado que me pesan mucho los recuerdos. Es hasta peligroso que alguien me regale algo porque inmediatamente forma parte ya del escaparate de objetos que hacen su hueco en mis rincones y ya no hay quién los mueva de allí. Tengo cerca los bastones de mi madre; las corbatas y libros de mi padre…Me siento bien teniéndolos cerca. Nada de valor, salvo el sentimental.

Hoy he llenado la mesa del comedor de libros. Es mi homenaje a la 79 edición de la Feria del Libro que no se ha podido celebrar. Este sábado debería estar en una caseta firmando y charlando con los muchos paseantes y visitantes de todas partes del mundo. ¡Echo de menos el contacto con los de aquí y los que vienen de fuera! ¿Qué será de la señora que viene con un carrito de la compra a por libros firmados de los autores que nos damos allí cita? ¿Y del coleccionista de fotos que pide siempre que nos hagamos una con él? ¿Qué pasará con las librerías que han estado cerradas tres meses y ahora no pueden tener su inyección de dinero para continuar con su negocio? Un librero es una “espécimen” a extinguir por las grandes superficies. Por eso, hay que cuidarlos. Los libreros son los que activan los encuentros culturales; los que aconsejan a sus clientes. Pueden llegar a ser grandes consejeros y amigos. Un buen librero puede compartir contigo los grandes tesoros que se publican al año. ¡Los hay! Los libros son fuente de vida, de energía, de sabiduría. El gran Vargas Llosa dice que un libro te hace libre. ¿Se puede pedir algo más hermoso, en este periodo de confinamiento, que ser libres? ¡Buena feria!¡A comprar libros a nuestros libreros! ¡Nos va la libertad en ello! La feria de este año se ha trasladado a octubre pero ¿por qué no ayudar a nuestro librero de barrio ya? Ellos también necesitan una mano amiga. ¡La nuestra!

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