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El último de la Nueve y de Arturo Soria

jueves 02 de abril de 2020, 10:59h

Hace unos días, el último de marzo pasado, el coronavirus y los años de duro batallar se nos llevaron a Rafael Sánchez, almeriense y caballero de la Legión de Honor, el último superviviente de la 9ª Compañía, popularmente conocida como La Nueve, primer contingente armado que entró en París a finales de agosto de 1944 para liberar la ciudad de la ocupación nazi.

La Nueve estaba integrada en el Regimiento de marcha del Chad, y este a su vez en la 2ª División Blindada de la Francia Libre, conocida como División Leclec, por estar comandada por el general Philippe Leclerc de Hautecloque. En sus filas, centenar y medio de republicanos españoles que inmediatamente fueron tomando posiciones en el centro de la ciudad sitiada. En la explanada del Ayuntamiento/Hôtel de Ville, sede del alto mando alemán, se fueron situando el tanque tripulado por franceses, Romilly, y los half-track/semiorugas españoles Madrid, Jarama, Ebro, Teruel, Guernica, Belchite, Guadalajara, Brunete y Don Quijote, en cuyo interior iba Rafael, junto al blindado Ebro, mandado por el capitán canario Campos y conducido por el catalán Bullosa, que fue el primero que abrió fuego contra las tropas y mandos alemanes. Este fue el destacamento llamado “el liberador de París”.

Concluida la contienda, Rafael fue desmovilizado y se trasladó a Argelia, entonces colonia francesa, donde conoció y contrajo matrimonio con Florence López, francesa de origen español. En 1957 y en lo más duro de la guerra de independencia argelina regresó a la metrópoli y se asentó en Estrasburgo donde le ha visitado la muerte.

Vivió sin embargo lo suficiente para ver la restitución de la memoria y la justicia.

Durante mucho tiempo el chauvinismo francés intentó borrar o al menos dejar en un segundo plano la gesta de los republicanos españoles, pero en los albores del siglo XXI el peso de la historiografía contemporánea y una nueva voluntad política llevaron a remediar, al menos en parte, semejante desafuero.

En marzo de 2015 los reyes de España y la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, convinieron en inaugurar juntos el Jardin des Combattants de la Nueve como homenaje a los libertadores de la ciudad, pero el terrible accidente del vuelo 9525 de Germanwings, en el que perdieron la vida 51 españoles, obligó a retrasar el evento. Finalmente, el espacio ajardinado en un lateral del Ayuntamiento y junto al Sena fue abierto al público con toda solemnidad por Felipe VI, Doña Leticia y Anne, acompañados de los entonces dos supervivientes de la compañía, Rafael Gómez y Luis Royo, el 3 de junio de ese mismo año.

Dos años después, el 19 de abril de 2017, las alcaldesas de Madrid y París, Carmena e Hidalgo, acompañadas por Rafael y centenares de afectos a la memoria, inauguraron unos jardines y un monolito con placa conmemorativa en homenaje a La Nueve en el número 128 de la calle Hermanos García Noblejas con vuelta a la calle Gandhi y al número 5 de la calle Gabriel Montero, en el distrito de Ciudad Lineal.

Azares del destino, Rafael, protagonista directo de un hecho histórico que vive en la memoria universal, ha muerto en el año del centenario del fallecimiento de un urbanista, constructor, geómetra, teósofo y periodista, Arturo Soria, que desafortunadamente reside en la mente de pocos y que fue el diseñador y creador de la Ciudad Lineal y de su arteria principal que hoy lleva su nombre y alberga los jardines.

Su idea verdaderamente avanzada y novedosa en su tiempo, era una Ciudad en línea en la que se estableciera el lema de: “… a cada familia una casa, en cada casa una huerta y un jardín”. Una ciudad alargada construida a ambos lados de una calle de cuarenta metros de anchura, con viviendas a los lados organizadas en manzanas de 200 metros de lado y una avenida central separada por cien metros de pinares y campos de cultivo, como alternativa de descongestión del núcleo tradicional de Madrid volviendo a un urbanismo basado en la dignidad y el contacto directo con la naturaleza.

El objetivo último era que las sucesivas “Ciudades Lineales” circunvalaran la capital de España uniendo de forma progresiva núcleos urbanos vertebrados por la avenida principal.

Para dar vida a su proyecto, Arturo Soria fundó la Compañía Madrileña de Urbanización, empresa de la que fue director hasta su fallecimiento en noviembre de 1920 y que en 1894 emprendía la construcción de la Ciudad Lineal sobre una vía tangencial a la villa en dirección sureste-norte de la que se llegaron a construir cinco kilómetros, recorridos por una línea de tranvías propia de la compañía que se mantuvo independiente del resto de líneas madrileñas hasta 1951. Se repoblaron con tres mil árboles los descampados del tramo entre Chamartín de la Rosa y la carretera de Aragón y se creó un vivero en una de las manzanas urbanizadas.

La crisis y embarrancamiento del ambicioso plan llegó con el comienzo de la Primera Guerra Mundial y poco a poco el proyecto fue siendo absorbido por la metrópoli hasta convertirse en un barrio adscrito al distrito de Ciudad Lineal.

Tique, personificación del destino y la fortuna o vaya usted a saber quién, han querido que el distrito que nombra al proyecto urbanista de Soria acoja el tributo de reconocimiento y afecto a aquella compañía de españoles que liberaron París y de la que Rafael Sánchez era, hasta hace unos días, el último representante vivo.

Ojalá que para el próximo domingo 19 la pesadilla haya quedado atrás y podamos depositar una flor de consideración y respeto en el memorial madrileño de La Nueve.

Miguel Ángel Almodóvar

Sociólogo y comunicador. Investigador en el CSIC y el CIEMAT. Autor de 21 libros de historia, nutrición y gastronomía.

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