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Madrid es un callejón sin salida

miércoles 13 de enero de 2021, 21:55h

La pasada semana escribía sobre la vergüenza que siento como español y madrileño ante la situación de la Cañada Real. La histórica borrasca (no tsunami) que el fin de semana ha descargado sobre Madrid ha empeorado la situación hasta el punto que la propia Unicef ha denunciado que “hace más de 100 días que los derechos de niños están siendo vulnerados y amenazando su bienestar y supervivencia”. El Organismo de Naciones Unidas advierte de que las extremas condiciones de vida que los niños están viviendo en la Cañada Real Galiana está poniendo en grave riesgo su salud, tanto física, como emocional.

Si la situación en la región y en la capital es extremadamente complicada con el paso de Filomena, lo que se está viviendo en la Cañada Real es verdaderamente extremo. Si la ausencia de respuesta adecuada y gobierno eficaz es la tónica general de la Comunidad de Madrid, en este caso estamos hablando de olvido.

Leo esta mañana a la periodista Aroa Navarro que relataba la situación: “Dos fallecidos, un hombre y una mujer, con patología crónica, pero que estaban estables. Tres fallecidos más reportados por la Agencia Antidroga. Infecciones respiratorias en adultos y menores que se agudizan hasta entrar en parada cardiaca. Bronquiolitis en bebés que requieren hospitalización. Recién nacidos incapaces de autorregular su temperatura corporal. Niños con manos y pies violáceos. Sabañones ulcerados en menores de tres años. Mujeres con manos ensangrentadas por lavar la ropa en agua helada. Ropa que no se secará. Más de cincuenta personas intoxicadas en los últimos tres días por el monóxido de carbono que desprenden las estufas de leña y chimeneas que no tiran bien. Varias quemaduras y dos incendios. Diabetes descontroladas porque no pueden conservar la insulina a temperaturas tan bajas. Enfermos de pulmón que no pueden conectar sus respiradores a la red. Altos niveles de ansiedad provocados por la extrema sensación de frío y por proteger a los niños. Ansiedad por el pánico a no despertarse tras la inhalación de humo. Intentos de suicidio…”

Este es el panorama que se está obviando y que en las redes sociales produce mofa a los seguidores de Isabel Díaz Ayuso o Pablo Casado. Impresionante el nivel de deshumanización de esta sociedad.

Los meteorólogos advirtieron que se nos venía encima una borrasca histórica, pero los responsables políticos, parece que no terminan de creerse las predicciones y se ha evidenciado una falta de planificación que ha convertido a Madrid, nuevamente, en un callejón sin salida. Un callejón sin salida metafórico en tantos asuntos, pero literal por la incapacidad de retirar nieve y hielo.

Las redes vecinales, siempre vilipendiadas por Ayuso, han sido las primeras en reaccionar como han podido a pesar de la falta de medios, empezando porque los habitantes de Madrid no acostumbran a tener palas en sus pisos. A pesar de ello, la solidaridad vecinal ha sido capaz de abrir muchas vías y despejar aceras. Luego vinieron las vergonzosas fotos de Pablo Casado, que sí debe tener palas en casa, y el alegato de una desaparecida presidenta para que nos pertrecháramos y nos retiráramos la nieve nosotros mismos. Ya el viernes, Ayuso lanzó una declaración que advertía de la estrategia regional cuando a preguntas de los periodistas sobre las medidas a adoptar, respondió que “la nieve dirá”.

Es decir, dejó al pairo y en improvisación permanente a toda la región. Todo ello, mientras el resto de administraciones de España se intentaban poner de acuerdo y coordinarse. Una vez más, la presidenta que aboga por bajar impuestos anima a que nos hagamos nosotros mismos los trabajos esenciales de limpieza de hielo (no olvidemos el aumento de fracturas que están teniendo los hospitales). Es la misma respuesta a cuando pide voluntarios para realizar labores de seguimiento de Covid, o de realización de pruebas o de personal sanitario voluntario. Si la fiscalidad de Madrid fuera justa, solidaria y equitativa, quizá tendríamos más medios materiales y humanos para hacer frente a situaciones imprevistas.

La borrasca ha dejado más aún al descubierto las vergüenzas de esta región a la que 25 años de políticas de derecha y neoliberalismo está diezmando los servicios públicos esenciales. Hay que agradecer a la Junta de Andalucía que haya puesto a disposición de nuestra región medios materiales y humanos ante el desgobierno de nuestra comunidad.

Y una vez más hemos tenido que ser las Comisiones Obreras de Madrid, las que informen y denuncien ante la pasividad de la administración regional y el propio empresariado. Si el objetivo es padecer consecuencias peores, había que insistir en que el derecho a faltar al puesto trabajo por causa de fuerza mayor está recogido en el Estatuto de los Trabajadores, en cuyo artículo 47 se establece que el contrato de trabajo puede suspenderse puntualmente por causas graves y justificables como el riesgo extremo en carretera por la aparición de placas de hielo o la imposibilidad de acudir por el cierre de las mismas a causa de las nevadas. Eso sí, la ausencia, pese a ser justificada puede conllevar la retirada del sueldo correspondiente a ese día, la recuperación de las horas no trabajadas otro día y fuera de horario o en caso de que se pueda, la realización del trabajo desde casa. En ningún caso este día puede compensarse con uno de vacaciones.

También estamos intentado que se informe sobre los accidentes “in itinere”. Es decir, aquellos que el trabajador o trabajadora sufre al ir o al volver del lugar de trabajo, entendiendo lugar de trabajo no solo el centro habitual sino también cualquier área a la que trabajadores y trabajadoras puedan acceder o deban permanecer en ellos por razones de su trabajo (empresa de un cliente, un proveedor, etcétera).

Y en medio de la borrasca no se nos podía olvidar la pandemia porque empezamos a sufrir los estragos de haber salvado la Navidad, o mejor, de consumir en la Navidad. Hace dos meses se criticaba al Gobierno de España por querer extender el estado de alarma hasta el mes de mayo, pero el aluvión de críticas por “salvar la Navidad” lo impidió. Incluso Vox anunció un recurso de inconstitucionalidad. Ayer, en Madrid hubo 31 nuevas muertes y 3.813 nuevos casos, lo que nos vuelve a situar en los segundos peores de España. La última plaza sí que la seguimos ocupando claramente en porcentaje de vacunaciones realizadas. Sin duda, Madrid es un callejón sin salida.

Jaime Cedrún

Secretario general de CCOO Madrid

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