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La Normalidad

viernes 17 de abril de 2020, 09:21h

Y así, como quien no quiere la cosa, ¡Nos hemos comido medio mes de Abril!

Y hoy las noticias parece que no son tan buenas: El repunte de los contagiados, el aumento de fallecidos, mucha gente incorporándose a los trabajos sin las protecciones adecuadas y con el consiguiente riesgo. El “aprobado general”, el final del curso escolar... La intervención de nuestros movimientos y de las comunicaciones. Los irresponsables que se siguen saltando las normas. Las peleas de los unos y los otros y de los otros y los unos. La incertidumbre económica, laboral y social cada vez es mayor y más real. La justicia, de por si colapsada, se prevé desbordada en unos meses. Se empiezan a ver las consecuencias psicológicas del confinamiento en mayores y pequeños... En resumen, un panorama no muy esperanzador y no sé si compatible con nuestras ganas de “volver a la normalidad”

Y esto, una vez más, hace que me pare a pensar... Y, ¿Qué es la normalidad? Y me viene a la cabeza ese cajón de “lo normal” que abrimos, o más bien abríamos a diario para sacar esas reglas de comportamiento que se adaptan o se adaptaban a nuestra vida en sociedad. Eso a lo que estábamos acostumbrados, ese criterio estándar que nos permitía catalogar las cosas en buenas o malas y a las personas en raras o normales. Porque ¡Hay que ver lo que nos gusta jugar a ser jueces! Con esas frases tan habituales de “¿Tú ves esto normal?” o “¿Te parece normal lo que haces?”, sin darnos cuenta de que no siempre salirse de “lo normal” tiene por qué ser malo...

Quién nos iba a decir hace poco más de un mes que en 2020, en pleno siglo XXI, íbamos a hacer largas colas para comprar bienes de primera necesidad, perderíamos nuestra libertad, estaríamos acostumbrados a ver los rostros con mascarillas y veríamos sospechoso a quien estornudara. Que lo habitual, incluso lo que nos daría tranquilidad, sería ver militares por las calles, que increparíamos a quien saliese a la calle, que los muertos se iban a contar por cientos en un día y por miles en una semana... Y tantas otras cosas incompatibles con nuestra cotidianidad.

Y entonces, con este escenario... ¿De verdad pretendemos volver a “la normalidad”? Pues sinceramente, creo que algo falla. Porque, o no estamos aprendiendo mucho de estos días o no queremos aprender, que también es posible. Por muchas ganas de costumbre que tengamos, no es difícil pensar que el mundo ya no será igual, no sé si mejor o peor, pero lo que está claro es que será diferente. Nos tendremos que acostumbrar a vivir a distancia, posiblemente cambiaran los aforos de los restaurantes, de los bares, de los transportes públicos, de los estadios... Quizá nos hagan controles de salud periódicos. No sabemos si nuestros besos al saludar o los apretones de manos volverán. Acabaremos con esa insistencia a nuestros niños para que besen con entusiasmo hasta a los desconocidos (esto creo que lo agradeceremos, sobre todo ellos)... Vamos, que puede que esa normalidad que añoramos, se convierta en un recuerdo y tengamos que construir una nueva normalidad con la experiencia de lo vivido, procurando evitar errores cometidos y añadiendo esa escala de valores que en nuestra rutina habíamos perdido o al menos descuidado. Y aun a riesgo de parecer raros, añadirle un toque de pasión y de color.

Por eso, cuando esto pase que pasará... Recordaremos que vivíamos instalados en una “normalidad” llena de convencionalismos y que llegó un virus y nos la arrebató. Y nos hizo que, aunque hubiéramos renegado de ella mil veces, la añoráramos. Pero no conocía nuestra capacidad de reinventarnos y fue entonces cuando tiramos de nuestras ganas para superar el miedo a lo que venía, el temor a lo desconocido. Y fue entonces, aun pareciendo raros, cuando nos motivamos con la ilusión de adaptarnos a ese nuevo mundo y a esa nueva vida porque así, tendríamos la oportunidad de construir nuevos recuerdos.

Esther Ruiz
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