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Insomnio

lunes 11 de mayo de 2020, 07:36h
Comenzamos nueva semana de esta Fase 0 que esperamos pronto esté desfasada.

Y ya los lunes se van pareciendo a los lunes como los conocíamos. Inicio de semana, propósitos, vuelta a la rutina, despertador, horarios, clases, trabajos... Al principio de este confinamiento, todos los días eran o nos parecían iguales, pero después de casi dos meses, necesitamos saber en qué día vivimos y volver a odiar los lunes. Porque no todo va a ser “nueva normalidad”, lo que nos gusta es nuestra normalidad y quejarnos un domingo por la tarde de que al día siguiente es lunes. Hay cosas que ni el COVID 19 puede cambiar.

Y estos días, las frases más escuchadas son “no he pegado ojo esta noche”, “he dormido fatal”, “esta noche he tenido unas pesadillas...” Y es otro de los estragos del confinamiento, nos está volviendo insomnes, con todos los problemas que eso conlleva. Vivimos en un continuo jet lag. Sin poder dormir por la noche y medio zombies durante el día. Malas son las noches en que no podemos conciliar el sueño al acostarnos, pero no sé si son peores, las noches interminables con despertares continuos. Esas en las que vemos cada hora, incrementando nuestro nerviosismo. Me arropo, me desarropo. Ahora calor, ahora frío. Vueltas y más vueltas. Me levanto, me acuesto, bebo agua. Abro el frigorífico, me regaño y lo vuelvo a cerrar. Pongo la radio. Enciendo la tele, hago zapping. Veo una serie no me quiero enganchar y la quito. Pienso entonces que es mejor idea poner una peli, de esas tostón, esa que en cualquier otro momento nos hubiera hecho dormir como una marmota, pero nada... ¡No hay manera!

Y si ya esta situación nos tiene estresados, después de una noche o varias sin dormir, no nos aguantamos ni nosotros. Porque es muy difícil que una mala noche traiga un buen día... Estamos irascibles, no nos centramos, ni nos concentramos. Y la preocupación, la frustración y la ansiedad de estos días de confinamiento se multiplica. No tener el necesario sueño reparador nos hace que estemos cansados y con la mente saturada y eso emocionalmente nos hace sentirnos aún más vulnerables, más frágiles, más incapaces... Antes, lo que nos quitaba el sueño eran las preocupaciones de nuestro día a día, pero ahora vivimos en un desasosiego constante y así es difícil dormir o al menos descansar. Tengo la sensación que ahora hasta nuestros sueños nos quitan el sueño. Porque comenzamos a verlos cada vez más lejanos, más inalcanzables. Porque en estos días de incertidumbre deseamos tanto y tan intenso que en lugar de ilusionarnos y soñar felices nos provoca inquietud.

Y me hace gracia ver y no dejan de sorprenderme, los “consejos para dormir en la cuarentena”. Respirar, meditar, relajar el cuerpo, controlar la mente, que predominen las emociones positivas...

Evitar las preocupaciones por la noche, pero a ver cómo se hace eso en un momento en el que vivimos inmersos en una permanente incertidumbre y preocupación. O no dormir la siesta, que muchas veces el lo que nos salva el día... No sé, será que no soy mucho de instrucciones ni de manual, pero algunos consejos los veo como si los hubiera escrito el “comité de expertos” o mi peor enemigo...

Por eso cuando esto pase, que pasará... Recordaremos que hubo un virus que se metió en nuestras camas y en nuestras mentes y no nos dejaba dormir. Y quiso convertir nuestros sueños en pesadillas para atormentarnos aún más. Pero aunque nos costó, no le dejamos hacerlo. Porque fuimos conscientes de que el sueño era lo que nos regeneraba y que era una necesidad, que eso no era negociable. Y que lo mejor para tener un buen día era pasar una buena noche. Y fue entonces, cuando descubrimos que la mejor manera de mantenernos despiertos era no dejar nunca de soñar.

Esther Ruiz
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