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El paseo

lunes 04 de mayo de 2020, 08:09h
Iniciamos un nuevo día, de una nueva semana, de un nuevo mes.

Y es que son muchas las novedades desde que estrenamos mes. No sé exactamente en qué fase estamos, porque aún no las acabo de entender. Pero lo que si sé es que hoy más gente se incorpora a sus trabajos y que este fin de semana por fin, el COVID 19 nos ha dejado darnos una vueltecita... Nos han organizado, para que no salgamos todos a la hora del aperitivo (aunque no lo podamos tomar) y hemos ido saliendo obedientes, por horas y por edades.

Y ya hemos incorporado una nueva pregunta en nuestras llamadas y videollamadas. Hemos cambiado el ¿Cómo estáis? Por el ¿Habéis salido? El Paseo se ha convertido en el mayor acontecimiento en nuestras vidas desde hace casi dos meses. Ya nos habíamos acostumbrado a ver las comparecencias y no hacerles ni caso, pero a esta última le hemos puesto tanta atención, que no se nos ha escapado detalle. Y además, hemos incorporado una nueva palabra a nuestro reciente vocabulario: “Conviviente”. Y la verdad, es que no puede ser más acertada, porque después de tantos días confinados ya no somos parejas, ni padres, ni abuelos, ni hijos, ni hermanos... Hemos pasado a ser “convivientes” ¡Que no es poco!
Qué emoción por fin poder salir a la calle. Sentir el aire, el sol, el frescor de la mañana. Caminar, pasear, saludar aunque sea en la distancia y sin pararnos. Ver el cielo de día o de noche y sentirlo de verdad, no a través de un cristal. Incluso, nos dejan correr o montar en bicicleta ¡Todo un lujo!
Ha sido como un simulacro de libertad. Y el tiempo nos ha acompañado para poder disfrutarlo, para vivirlo con más alegría. Aunque haya sido entre mascarillas, guantes, geles hidroalcoholicos, distancia social y algo de miedo. Pero durante una hora, hemos creído ser libres.

Y es ahora cuando somos conscientes no de los días que vendrán, sino de los días en los que estamos. Somos conscientes no de esa “nueva normalidad” que a fuerza de repetirnos quieren convencernos de ella, sino de nuestra realidad. Somos conscientes no del futuro, sino del presente. Somos conscientes no de que cambiarán las cosas, sino de que las cosas ya han cambiado. Somos conscientes no de que nada volverá a ser igual, sino de que ya nada es igual... Y nos hemos dado cuenta de que lo que antes era cotidiano, ahora es absolutamente extraordinario. Y lo que nos ha hecho ver esto así, ha sido un paseo. Un simple paseo, una vez al día. Ha sido como cuando pedíamos permiso a nuestros padres para salir, con el temor de que no nos dejaran, pero cruzando los dedos para que nos dijeran que si. Y estamos felices porque nos han dado permiso, aunque nos han puesto hora de salida y también hora de llegada.

Y ahora, si no lo habíamos hecho ya, nos toca asumir que nuestras vidas están tuteladas. Con una capacidad de decidir tan limitada, que hasta nos tienen que dar “claves y consejos para salir a pasear”. Y que por increíble que parezca, más nos vale cumplir, para que lo siguiente sea ir a ver a los nuestros y entonces, quedará menos para los extraordinarios besos y abrazos.

Por eso cuando esto pase, que pasará... Recordaremos que hubo un virus con el que convivimos y al que incluso, nos acostumbramos Y que cada noticia que nos daba, que no hablara de muertos y contagiados, nos parecía estupenda. Y que un día se inventó una palabra “desescalada” y nos pareció maravillosa, porque nos sonaba a que ya se veía la luz. Y que otro día nos habló de dar un paseo y los vivimos con la ilusión de nuestra primera salida adolescente.Y fue entonces, cuando pensamos que si lo cotidiano ya era tan extraordinario, quizás lo que conocíamos como nuestra libertad, de ahora en adelante pasaría a ser una sensación, incluso una ilusión “la de ser libres”. Y descubrimos que que ya no nos gustaba que nos hablaran de “nueva realidad”, porque vimos que realidad sólo había una y no era futura, era la realidad que íbamos viviendo en nuestro día a día.

Esther Ruiz
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