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Mujer y teletrabajo

miércoles 24 de junio de 2020, 10:12h

La crisis generada por el covid-19 tiene una dimensión social importante en el ámbito privado que, nuevamente, nos afecta directamente a las mujeres. Somos nosotras las que realizamos la mayor parte del trabajo doméstico, concretamente, el 70% de las tareas de cuidado.

A las dificultades habituales de conciliación y falta de corresponsabilidad, se suman el cierre de los centros educativos, el teletrabajo y el confinamiento de la población en sus domicilios.

A todo esto se suma el teletrabajo que constituye (STSJ Madrid 30/09/1999) una relación laboral "propiciada por las nuevas tecnologías que mejoran la calidad de vida de nuestra sociedad y permiten nuevas formas de relacionarse que deben ser reguladas legalmente y amparadas por la legislación vigente, que no puede quedar burlada".

Pero la realidad es que el teletrabajo está siendo en muchos casos una terrible “trampa” para las mujeres.

Debido a la pandemia, que estamos sufriendo y que se cierne como la espada de Damocles sobre nuestras cabezas, muchas personas trabajadoras nos hemos visto obligadas a realizar el trabajo desde casa.

Son aquellas que han podido hacerlo por las características de su trabajo, sorteado los despidos o los ERTEs, pero que mantienen grandes interrogantes de lo que ocurrirá en el futuro con sus puestos de trabajo y las sus condiciones y derechos laborales.

El resultado es que la conciliación familiar y laboral en estas circunstancias está siendo una tarea titánica que ha puesto de manifiesto la gran desigualdad de género que existe en nuestra sociedad y en el mundo del trabajo. Pero es que, además, y es el objeto de estas reflexiones y la denuncia de UGT, corremos el peligro de que esta brecha de desigualdad aumente considerablemente si no establecemos mecanismo de corrección.

El teletrabajo para las mujeres se ha traducido en horarios infinitos, en condiciones extremas, teniendo que compaginar a diario las tareas de los cuidados de familiares dependientes, pequeños y mayores y quehaceres domésticos.

Muchas han tenido que adaptar sus horarios con la incompatibilidad de las tareas educativas obligatorias de los y las menores a su cargo, debido a que los centros educativos han estado cerrados, al igual que los centros de día de los mayores.

La nula cultura que en nuestro país se tenía sobre el teletrabajo nos ha puesto en una situación de precariedad laboral, de estrés tecnológico y psíquico por la desmesurada situación en la que nos encontramos y por la precariedad de los medios tecnológicos que tenemos en los hogares.

Hemos asistido a videoconferencias, como ventana de una realizar, en las que hemos visto a compañeras compartiendo la pantalla con un menor en brazos, o hemos escuchado a los menores de sonido ambiental.

Estamos en las últimas fases de la desescalada, o los primero compases de la llamada nueva normalidad y no podemos permitir que el coronavirus sirva de excusa para deteriorar las condiciones de trabajo y de vida de las mujeres.

Por todo ello, desde UGT Madrid, estamos reclamando la regulación del teletrabajo y evitar que la desigualdad laboral, que ya existía antes del COVID-19, no se agrave aún más.

Ana Sánchez de la Coba,

Secretaria de Igualdad de UGT Madrid

Ana Sánchez de la Coba

Secretaria de Igualdad de UGT Madrid

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