www.madridiario.es
Crítica teatral.- Duke Ellington Ballet: Lucía y los demás

Crítica teatral.- Duke Ellington Ballet: Lucía y los demás

miércoles 06 de agosto de 2008, 00:00h
Sólo hasta este jueves se puede ver en el gran escenario del Conde Duque al Asami Maki Ballet con el programa 'Duke Ellington Ballet', creado por Roland Petit. Pero, sin menospreciar a la compañía de Tokio, la estrella indiscutible es la bailarina española Lucía Lacarra. Conoce el programa desde su creación, hace cinco años, y lo utiliza para mostrar su arrebatadora forma de bailar.
El ballet japonés es muy numeroso, cuarenta artistas, y muy disciplinado, con una estimable formación entre danzística y acrobática. El coreógrafo francés aprovechó esa característica para crearle una serie de números que permiten el lucimiento de todo el cuerpo de baile y de sus solistas, alternándose en el escenario. Pero, sin dejar de señalar su corrección, no parece que el feeling de la música de Ellington les impregne. Los bailarines se muestran disciplinados, virtuosos en algunos momentos, y hasta divertidos pero el Jazz no es lo suyo.

Lucía y los otros

No debe entenderse el antetítulo como un menosprecio de la compañía. En absoluto. Es, simplemente, el reconocimiento al brillo de la estrella española que realiza cinco salidas a lo largo del espectáculo. Y en cada una de ellas supera la anterior. Lucía Lacarra sí se deja mecer por la banda sonora en una simbiosis perfecta y, en momentos, francamente emocionante.

Aunque en Solitude estén junto a ella los chicos del ballet, ella baila sola con un tempo escalofriante. Es un adagio del cuarteto musical –saxo, trompeta, piano y batería- que da oportunidad a Lucía de mostrar una técnica deslumbrante, desde las bellísimas puntas hasta unas extensiones en el límite de lo inverosímil. Y no es que intente esa especie de circo acrobático con el que algunos de sus colegas quieren asombrar al respetable.

Ella baila aprovechando todos sus recursos. Incluso en Sophisticated lady aporta una dosis de interpretación actoral que eclipsa a sus compañeros. Aunque sólo fuera por estos dos momentos, merece la pena acercarse al Conde Duque.

Broadway a la japonesa

El espectáculo, en conjunto, es ligero y ameno. A medida que avanza Petit va metiéndose más a fondo en los modos coreográficos de Broadway. Los números para el cuerpo de baile pueden recordarnos los grandes musicales, como el final con toda la compañía y las estrellas sobre la escena.

A esa apoteosis –Take the “A” train- no le falta más que el claqué. Pero se agradece la entrega de todos los artistas y el público, como era de esperar, responde agradecido al esfuerzo y la entrega en una tórrida noche de verano.
Mientras les recomendamos que acudan a pasar un buen rato, no dejamos de suspirar por la presencia otra vez de Lucía Lacarra pero al frente de sus grandes creaciones para el ballet.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios