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Un espacio amable para la reinserción

Un espacio amable para la reinserción

lunes 14 de abril de 2008, 00:00h
En el distrito madrileño de Hortaleza se levanta el Centro Los Almendros, un espacio 'amable' que huye de las estructuras rígidas para reeducar a los jóvenes infractores.
El 31 de octubre de 2007, el centro de ejecución de medidas judiciales Los Rosales II cerró sus puertas y tanto el personal como los internos se trasladaron al nuevo recurso de Los Almendros, gestionado también por la Asociación Respuesta Social Siglo XXI. "Al estar situado en un barrio como Hortaleza, el espacio resulta muy educativo. El edificio tiene casi la estructura de un colegio, lo que permite trabajar cara a cara con los chicos", explica su director, Juan Nebreda.

Desde el pasado 1 de noviembre han pasado por el centro un total de 39 menores infractores sujetos a medidas judiciales en los regímenes semiabierto (para el que el centro dispone de 15 plazas) y abierto (10 plazas), todos ellos varones. En ambos casos, los chavales están obligados a pernoctar en el centro, aunque los que tienen régimen abierto pueden pasar en su domicilio familiar cuatro fines de semana al mes, el doble de quienes están en semiabierto.

"Todo depende del comportamiento de los chavales", aclara Nebreda. Así, las salidas de fin de semana están supeditadas a la consecución de los objetivos educativos que les ha fijado el equipo técnico del centro y que los chicos conocen en todo momento; incluso tienen pegadas las fichas de evaluación en la pared de sus habitaciones.

Además, en Los Almendros se lleva a cabo una experiencia pionera, el Taller de Adaptación al Centro, durante el primer mes que pasan allí los menores. "La idea surgió en el centro Altamira y nosotros la adaptamos para Los Almendros. Durante cuatro semanas, el personal del centro, incluido el equipo directivo, les explica todos los aspectos de la vida cotidiana del centro, en qué consiste la medida judicial que les han impuesto, la función del psicólogo... Así sabrán lo que esperamos de ellos y cómo deben afrontar los meses que les quedan en el centro", explica Nebreda.

Aquí se da prioridad a la utilización de los recursos del exterior, como los institutos de enseñanza secundaria o las escuelas taller, para que los menores desarrollen fuera sus actividades, aunque siempre bajo control del centro. Los educadores mantienen contactos continuos con personas de referencia en estos recursos, como por ejemplo el jefe de estudios, para saber cómo se comporta el menor fuera del centro. Una vez de vuelta, los menores participan en talleres de ayuda al estudio, de desarrollo personal, actividades deportivas o encuadernación para seguir su desarrollo educativo.

La convivencia se organiza por fases que se corresponden con el grado de evolución de los chicos (inicial, avanzado o finalista), en los que avanzan o retroceden según van cumpliendo o no los objetivos fijados. Los educadores se ocupan de controlar y evaluar todo el proceso junto al resto del equipo técnico. En Los Almendros trabaja, además, como educador el actor gambiano Mulie Jarju, ganador de una Concha de Plata en el Festival de Cine de San Sebastián por 'Las cartas de Alou', de Montxo Armendáriz. Nebreda asegura que su presencia "supone todo un ejemplo de cómo, siendo inmigrante, se puede seguir adelante haciendo las cosas bien".
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