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Las espadas en alto

Las espadas en alto

Por Pedro Montoliú
viernes 15 de febrero de 2008, 00:00h
Manuel Cobo anunció que Gallardón participaría en la noche del día 21 en la pegada de carteles y todos pensamos en la foto del alcalde y de Aguirre bajo un enorme cartel de Rajoy en la plaza de Colón. Pues no. Gallardón pegará carteles en Barcelona y no participará en ninguno de los mítines de Madrid. Es una forma de apoyar al PP pero no directamente a Rajoy que de un plumazo se cargó sus ambiciones políticas.

Esta postura, desde luego, no ayuda a descartar la amenaza de Gallardón de irse de la política el 10 de marzo y sí demuestra que está muy enfadado con los responsables del PP mientras el PP "pasa" de lo que le ocurra a su representante más valorado popularmente.

¿Se irá Gallardón? se preguntan muchos sin creérselo. Por un lado, Gallardón no puede irse. De entrada, supondría una ruptura unilateral del contrato, así lo denominó él, firmado con los madrileños; por otro supondría su separación definitiva de la política, algo impensable en un "zoon politikon" como es el alcalde pues su marcha, a un año de haber sido elegido por mayoría absoluta, supondría un baldón importante. A ello se le sumarían los efectos que tendría el hecho de  que el alcalde sería acompañado en su marcha no sólo por Manuel Cobo, sino también por algunos de los actuales miembros de su "guardia pretoriana", que forman parte del equipo de gobierno, muy significados por haber defendido públicamente a Gallardón frente a Aguirre o haber sufrido los ataques de los más próximos a la presidenta regional.

¿Se imaginan un Ayuntamiento de Madrid, con mayoría del PP, sin Alberto Ruiz-Gallardón y con la mayor parte o la totalidad de su actual equipo de gobierno fuera del Consistorio?¿Es plausible la entrada de siete u ocho reservas de la lista del PP para sustituir a quienes hubieran decidido irse y formar con los nuevos y los fieles a Aguirre un nuevo equipo, bajo el bastón de mando de Ana Botella?  Me dirán que es ciencia ficción pero esas preguntas rondan en muchas cabezas, incluyendo la del alcalde.

Y no es que Gallardón mantenga mucho tiempo sus prontos sino que duda si, tras este golpetazo a sus pretensiones políticas, va a poder realizar su labor municipal como siempre lo ha hecho: fijando objetivos y cumpliéndolos cueste lo que cueste y por encima de cualquier obstáculo. Y sabe que Esperanza Aguirre y su equipo puede mucho más que decirle un "no me gusta" . De ahí que pidiera, como hizo con el Madrid 2012 y 2016, un apoyo explícito al PSOE y e IU municipales en el proyecto del eje Prado-Recoletos. Éste y el Madrid Río son sus dos grandes obras para esta legislatura, como lo fue el soterramiento de la M-30 en la  pasada o la ampliación del metro en su etapa como presidente de la Comunidad.

Pretende Gallardón que este proyecto, gracias a ese apoyo unánime, salga con bien y sea bendecido por la Comunidad en agradecimiento a las modificaciones que ha tenido que realizar para contentar a la baronesa y a los ecologistas . El proyecto Prado-Recoletos se convierte así en una prueba de fuego. En el caso de que la Comunidad lo rechazara y volviera a proponerle propuestas discutibles como un túnel posiblemente Gallardón "leería" en esta respuesta que su tiempo como verso suelto ha terminado y podría optar definitivamente por salirse del poema.
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