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Seis meses para construir una nueva vida

Seis meses para construir una nueva vida

Por Celia G. Naranjo
lunes 14 de enero de 2008, 00:00h
A algunos inmigrantes les sorprende la llegada de un hijo cuando aún no tienen una vida que ofrecerle. Un grupo de madres solteras y padres sin recursos disfrutan de una oportunidad de seis meses en un centro de acogida de Madrid.
En la Casa de Campo hay una pequeña casa donde conviven quince familias inmigrantes. No se trata de un piso patera, sino de un albergue municipal gestionado por la Cruz Roja donde permanecen 15 familias inmigrantes mientras buscan un medio para subsistir. Allí duermen, comen y reciben la atención de educadores y trabajadores sociales.

La mayoría de los usuarios del albergue son demasiado pequeños para saber que se encuentran en un país extraño y para comprender las dificultades que atraviesan sus padres. De hecho, solo unos pocos tienen edad para acudir a alguno de los centros de la zona durante el día. Por eso la mayoría estaban allí cuando la delegada de Familia y Asuntos Sociales del Ayuntamiento de Madrid, Concepción Dancausa, visitó el centro este lunes. "Muchos de estos bebés han nacido aquí", explica Susana Castañón, la directora del centro. Es frecuente que sus madres, añadió, obtengan una plaza cuando ya están embarazadas, y otras, con sus parejas o no, lleguen cuando sus hijos cuentan apenas unas semanas.

Así ocurrió con Fenglian, una joven china que vino sola a España, pasó unas vacaciones en su país y volvió embarazada de sus dos mellizas. Ingresó en el centro cinco días después del parto y ahora, dos meses después, emprende el viaje de regreso. "Quiero cuidarlas muy bien", explica en un español precario, "y aquí no puedo trabajar y cuidarlas yo sola, así que vuelvo a China con mi marido".

Otras, como Mirvat, de 27 años, están decididas a quedarse. Ella y su marido son palestinos y viven desde hace tres meses en el centro de acogida con sus tres hijos: Amir, de 7 años; Suad, de 5, y Omar, de 3. De momento les resulta difícil estabilizar su vida en España, pero Mirvat tiene claro que, a pesar de todo, aquí están mejor que en Nablús.

"Confío en que pronto podamos encontrar una habitación de alquiler para todos", dice la palestina. Otras dos parejas, una cubana y otra brasileña, han conseguido un piso para compartir entre todos y no llegarán a cumplir los seis meses en el centro. "La mayoría de las familias que acoge el centro se marchan antes del medio año", sostiene la delegada Dancausa, "ya que logran sus objetivos en menos tiempo del previsto". Pero Nuria Martínez, trabajadora del centro, matiza que muchos se ven obligados a volver a sus países porque no logran esas metas, ya que, en su opinión, sería necesario prolongar la estancia y contar con más medios para conseguir un mayor porcentaje de éxito. "Lo más duro de mi trabajo es comunicarles las malas noticias, revelarles que la vida aquí no es como se la contaron en sus países de origen y ver cómo sus expectativas, la mayoría de las veces, no se cumplen", confiesa.

En 2008, el Ayuntamiento invertirá 610.393 euros en este dispositivo. En 2007 pasaron 101 familias por el centro, 65 de las cuales ocuparon una plaza de emergencia. Del total de personas que vivieron el año pasado en el centro, casi la mitad eran menores. A ellos también les afecta la precariedad de sus familias: si están en edad escolar, se matriculan, casi siempre a mitad de curso, en un colegio cercano al centro, y cuando sus padres se van tienen que reanudar su educación en otro lugar. "Los niños se adaptan a todo con una facilidad increíble, pero no hay que olvidar que ellos también sufren, y mucho", concluye Martínez.
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