Cuatro veces al año, Roberto Domínguez emprende el viaje a Madrid. Desde Andújar (Jaén). Sale al amanecer y tres horas más tarde, cuando el metro está petado, aparca su furgoneta donde puede.
En el trayecto recuerda muchos otros viajes, pero especialmente uno. En 2015, un mal año para este empresario panadero. A las cuatro de la mañana llegué a la panadería y encontré un sobre con dos entradas y un mensaje: Vete a Madrid”.Era el mes de abril.
Desde entonces, como un clavo, se presenta en el Salón de Gourmets, que este año celebra su 39 edición. Donde comenzó su remontada profesional. Las entradas y el consejo se lo proporcionó Francisco Huertas, alcalde de Andújar.

Hoy Roberto, propietario de la empresa Pan de Olivo, aparca la furgoneta, toma un taxi y cuando llega a la Plaza de Colón pide que se detenga para admirar a Julia, la escultura fría, conmovedora y eterna de Jaume Plensa.”Mi novia”, dice el panadero.
Viene a Madrid a vender sus regañás. Las trae de mil formas y sabores. Las de sésamo para comerlas con jamón; las de romero con queso, la de paprika con morcilla. Las hay apropiadas para vino y cerveza, estas últimas saladitas. Y prepara en su cabeza una especial gourmet.
El aspirante a cura, después estudió Económicas y Empresariales, acabó de panadero, pero con la misma vocación con la que llegó de jovencito a la congregación de Hermanos de San Juan de Dios. Vocación y obsesión. Asegura que cuando se desvela, se pone a amasar y después reparte los panes calientes entre sus amigos .
Comprar donde huele a harina
En Madrid han abierto muchas panaderías.Qué pan me recomienda?
-Hay que comprar pan donde veas que se carga harina. Es lo que le da olor y vida al barrio. El pan se compra todos los días. La gente aprovecha para charlar, relacionarse.Todo eso genera energía.
Sí que había notado yo que muchas superficies lo usan como “gancho” para atraer clientes. A la vez que compras pan siempre te llevas otra cosa.
Tácticas de márquetin. Roberto es un águila en esas cosas. Se propone vender regañas en Sevilla. Ya ves, territorio reservado a los picos y otros panecillos para acompañar. Si lo consigue, que lo conseguirá, será una hazaña a estudiar en escuelas de negocio.

El pan que trae a Madrid, está hecho de harina ( ahora sólo quiere la de Zamora porque es cien por cien nacional) y un doce por ciento de aceite puro de oliva.
De alguna manera es un empresario a la antigua. No quiere saber nada de los influencers. “Pues en Madrid salen como champiñones”, le aviso. Prefiere el trato personalizado. Hasta el punto que en las bolsas de las regañas viene su teléfono particular.
En una ocasión se confundió de pedido y a la clienta le dio por llamar al número que figuraba en el envase. Una hora después Roberto se plantaba junto a las torres de Plaza de Castilla a rectificar el error.
Llamó a la puerta y dijo: Señora, vengo de Andújar a traerle el pan.
Se conoce de memoria el trayecto desde la localidad jienense a Madrid.
Ahora más fácil y cómodo gracias a su nueva furgoneta. Comprada a una funeraria. “Era el taxi de la empresa y me aseguraron que nunca viajó allí ningún muerto”
Por cierto, qué truco piensa utilizar para introducir las regañas en Sevilla? “Presentarlas en paquetitos donde he sobreimpreso la imagen de la catedral, el parque de Maria Luisa”
No descarta que en breve los madrileños compremos regañas envueltas en una reproducción de la Cibeles.
