En el madrileño barrio de Delicias no hubo antes un asunto que pusiera de acuerdo a tantos vecinos. Y no se debe a una causa noble, sino una unión ante la adversidad: la proliferación de palomas.
Según denuncian los vecinos, el problema tiene su origen en una residente que alimenta a las palomas a diario, en ocasiones varias veces al día y en distintos puntos del barrio. Mientras ella considera que se trata de un gesto de cuidado hacia la fauna urbana, para muchos vecinos la situación se ha convertido en una auténtica molestia.
Un paseo por la zona permite comprobar las consecuencias de esta práctica, prohibida por la ordenanza municipal. Aceras, bancos y portales aparecen afectados por la acumulación de excrementos, especialmente en la manzana comprendida entre las calles Tomás Bretón, Batalla del Salado, Cáceres y el paseo de las Delicias, donde los residentes sitúan la ruta habitual de esta vecina, a la que algunos ya apodan como "la domadora de palomas”.
Según trasladan los vecinos, la protagonista pasea cada día con mochilas y bolsas cargadas de comida para pájaros que vacía “a puñados” entre los coches y en puntos concretos como en la puerta del colegio Nuestra Señora de las Delicias. Una rutina que al principio despertó el desconcierto entre los vecinos, pero que ha acabado por hartar a todo el mundo.
En la calle Tomás Bretón, donde están afincadas las palomas, la escena se repite cada día con precisión mecánica. Alrededor de las 15.00 horas, sin que la vecina haya salido todavía, ya comienzan a agitarse: revolotean por todas partes, ocupan cornisas, cables y azoteas. Escriben círculos en el cielo, saben que la hora de comer se acerca.
No es casualidad, han aprendido de la rutina. Es cuestión de minutos que su 'ama' salga con comida. “Se han habituado completamente. Siguen el mismo recorrido todos los días a las mismas horas porque saben que ahí van a encontrar alimento” afirma un vecino.
Como medida disuasoria, dentro de las capacidades de los vecinos, indefensos ante las palomas, han comenzado a forrar sus ventanas y balcones con tiras de plástico brillante o bolsas que se agitan con el viento con la esperanza de ahuyentar a las aves, aunque no parece importarles demasiado.
La fijación de la “domadora de palomas” con el colegio se remonta a años atrás: “Por si fuera poco que tire el pienso enfrente del colegio, suele hacerlo a las 16.45 horas, justo cuando salen los niños”, señalan desde la AFA del colegio.
A esa hora, decenas de palomas se arremolinan en la entrada, en plena salida de los escolares, lo que supone un riesgo real para la salud. “Es un problema grave porque las palomas acaparan los bancos y las vallas que tocan los niños de infantil, que se luego se llevan las manos a la boca”, añaden.
Ahí no se quedan, arrasan con todo. Las aves no solo se posan en las cornisas y muros del centro, según trasladan, también se dedican a picotear el ladrillo en algunas zonas del patio, lo que genera por el desgaste, polvo en suspensión, que puede ser inhalado por los estudiantes, añadiendo una preocupación más.
Del reinado de las palomas en el barrio no se libran ni los negocios. “Es muy desagradable y nos afecta directamente porque los clientes no quieren sentarse a tomar algo en un sitio en el que pueden recibir una caca de paloma en cualquier momento”, comentan desde un bar de la avenida. De hecho, han tenido que recurrir a medidas concretas visto que la situación no cambia. “Tenemos que dejar las sombrillas puestas todo el año desde que abrimos hasta que cerramos porque, si no, es imposible dar servicio”.
Después de más de diez años con el mismo problema, los vecinos comienzan a perder la esperanza, aunque no será porque no han intentado ponerle solución. En numerosas ocasiones han tratado de hablar con la mujer sin que esta entre en razón. “Esa señora presenta problemas de salud mental y es bastante agresiva. Una vez le pregunté por qué hace esto y me contestó gritando que ella hace lo que quiere con su dinero y que tiene que dar de comer a los ángeles del cielo”, traslada una vecina. “Está denunciada, pero nadie hace nada”, comenta otro.
Consultadas fuentes municipales, confirman conocer el caso, que ya ha provocado más de medio centenar de sanciones. Aun así, reconocen que la solución no depende únicamente del Ayuntamiento, que continúa con las labores de limpieza del barrio, un servicio que, pese a la situación generada por las palomas, funciona correctamente.
¿Sobrepoblación o concentración de palomas?
En un escenario más amplio, desde el Ayuntamiento de Madrid niegan que exista una plaga como tal en la ciudad. El mes pasado tras su incidente con otra paloma, el alcalde José Luis Martínez-Almeida, aseguró que “no hay un problema de plaga de palomas, sino puntos de alta concentración” asociados a particulares que se dedican a darles de comer a pesar de estar prohibido por ordenanza municipal, como es el caso.
Con esta visión coinciden los vecinos, que no entienden que haya una población exagerada palomas, sino que las muchas o pocas que hay están concentradas en un mismo punto. Lo que ocurre en Delicias no es una anomalía dentro de la ciudad, sino un ejemplo de que los actos de una sola persona pueden afectar directamente en el equilibrio de todo un barrio.
Almeida prefiere salirse de sus funciones metiéndose en jardines que no son los suyos en lugar de atender a las demandas de los ciudadanos de Madrid. Antes daba el beneficio de la duda a este alcalde pero desde hace un par de años, creo un incompetente para hacerse cargo del gobierno de una ciudad como Madrid. Por cierto, ¿qué ocurrió con la supuesta reforma que iban a hacer del Paseo de las Delicias y que fue aprobado en la época de Carmena? ¿Almeida lo ha tirado a la papelera porque quiere construir su noria gigante?
daniel, eso sería lo lógico y que le pusieran una buena multa a esa señora pero al final tanto el ayuntamiento como la policía prefieren mirar para otro lado y que la vida de los vecinos de la zona siga siendo un infierno. Vamos, lo de siempre, ignorar los problemas de los madrileños y tirar "p' alante", a lo que ya por desgracia nos hemos tenido que acostumbrar.
Siendo que la señora realiza un acto ilegal repetidamente durante años, y no anda muy bien de la cabeza, según se ve cuando camina por el barrio, ¿los servicios sociales del Ayuntamiento no tendrían que haber tomado medidas hace años? ¿O la policía o la Guardia Civil, que está a metros de los hechos que se suceden día a día?