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Reparto de alimentos en Ópera por Bocatas Madrid
Reparto de alimentos en Ópera por Bocatas Madrid (Foto: Bocatas Madrid)

Martínez-Almeida prohíbe a Bocatas Madrid repartir comida en Ópera y la ONG denuncia una “persecución” a su labor social

miércoles 19 de noviembre de 2025, 07:00h
Actualizado: 02/12/2025 13:05h

La ONG Bocatas Madrid ha denunciado públicamente, a través de un vídeo que se ha viralizado en redes sociales, que el Ayuntamiento de Madrid, liderado por José Luis Martínez-Almeida, les ha prohibido continuar con su reparto de alimentos a personas sin hogar en la plaza de Isabel II, conocida popularmente como de Ópera. El colectivo asegura que esta decisión convierte en “actividad ilegal” un trabajo que llevan realizando más de tres años y que consideran imprescindible para cientos de personas en situación de calle y pobreza severa.

“Alimentar y acompañar a los pobres está prohibido. Llevamos tres años ayudando a los más débiles y ahora vamos a Ópera con una furgoneta llena de papeo del Banco de Alimentos y más de 30 supermercados. Establecemos amistad con ellos para que no se sientan solos. El Ayuntamiento nos ha prohibido hacerlo porque, dicen, es ilegal”, denunciaba el mensaje difundido en redes por la organización.

Según relata Jesús ‘Chules’, portavoz de Bocatas Madrid, la organización llevaba tres o cuatro años acudiendo cada lunes por la noche a la plaza para repartir comida preparada por voluntarios y alimentos recuperados gracias a la Ley de Segunda Oportunidad Alimentaria y a su red de supermercados colaboradores.


Durante todo este tiempo, la ONG ha podido desarrollar su actividad sin ningún tipo de inconveniente en la popular plaza madrileña. Sin embargo, la vuelta del verano trajo una escena inesperada, ya que la policía municipal e inspectores de Sanidad acudieron al lugar para revisar la trazabilidad de los bocadillos. “Era absurdo. Como si la tortilla de patatas de la abuela en San Isidro tuviera trazabilidad. Es una labor humanitaria, no un negocio”, explica ‘Chules’.

A partir de aquí, el Gobierno municipal “empezó a sacar punta a todo”. Primero porque era una actividad contra el orden público y más tarde porque incumplían la normativa de carga y descarga, al acudir al lugar con una pequeña furgoneta donde transportan los alimentos. “Hasta que nos dijeron que España está en nivel cuatro de alerta antiterrorista y que no se puede saber si alguien trae una bomba en un carrito”, critica la entidad humanitaria.

La ONG sostiene que el origen real del veto es la queja de algún vecino o de algún bar de la zona, una minoría frente al “número enorme de turistas y residentes que se acercan a colaborar, donar o agradecer la labor”.

“No tiene sentido. Causamos menos problemas de orden público que los fans del fútbol que vienen a ver un partido de Champions”, confiesa ‘Chules’. Además, desde la organización aseguran que tampoco es un tema de suciedad en la plaza, ya que los propios voluntarios que reparten comida a los más necesitados son quienes luego limpian la zona, encargándose que el espacio público quede tal y como se lo encontraron.

Una actividad que atendía a 300 personas, ahora reducida a un tercio

Bocatas afirma que en Ópera podían atender hasta 300 personas cada lunes, con colas ordenadas, sin altercados destacables y limpiando la plaza tras el reparto.

Desde la prohibición, aseguran, tienen que hacer su trabajo de forma clandestina y dispersa. “Estamos yendo por otras plazas, en rutas pequeñas, como si fuéramos ilegales. Cuando vemos a la policía, nos asustamos. Parece que es como si estuviéramos vendiendo droga en lugar de ayudar a aquellos que más lo necesitan”, destaca ‘Chules’.

Bocatas Madrid repartiendo alimento en Ópera.

La ONG ha pasado de atender a unas 300 personas a, con suerte, unas 100 porque desde la “prohibición” no pueden llegar al mismo número de personas. “Nosotros acudíamos a la plaza de Ópera porque era allí, donde se concentraban un mayor número de personas sin hogar. No era un efecto llamada, en el centro de Madrid es donde más población sin hogar hay. Ahora tenemos que estar buscándoles por las calles para poder darles la comida”, relata.

Para la ONG, el Ayuntamiento “ataca la solución en vez del problema”: “Somos parte de la solución. Damos fruta, verdura, comida. ¿Es ilegal repartir un sándwich? Nos tratan como si vendiéramos droga. Prohibir alimentar es aporofobia”.

El Ayuntamiento rechaza cualquier acusación de persecución

El Consistorio rechaza cualquier acusación de persecución y asegura que solo actúa por “incumplimientos reiterados”. Entre las razones de veto, el Ayuntamiento apunta al acceso de vehículos en horario no permitido, ocupación no autorizada de vía pública con cajas de alimentos, formación de aglomeraciones desde primera hora del día en Ópera.

Alimentos sin trazabilidad ni garantías sanitarias, prohibición expresa de repartir comida en la calle sin autorización, además del reparto sin control de beneficiarios, lo que puede generar problemas de orden público.

Falta de filiación de las personas atendidas, dificultando la intervención de servicios sociales, no se garantiza el anonimato de quienes reciben ayuda, lo que puede suponer un señalamiento. También denuncian varias intervenciones policiales en momentos de tensión.

El área de Políticas Sociales insiste en que existen recursos municipales suficientes: 40 centros de servicios sociales, campaña de frío, Samur Social y la Tarjeta Familias.


Desde Bocatas rechazan la idea de que los recursos municipales sean suficientes para cubrir la creciente demanda de ayuda. En relación con la campaña de frío “no llega a coger a toda la gente que se encuentra en la calle”. Las críticas también se dirigen a la Tarjeta Familias, el sistema municipal de ayuda alimentaria. Bocatas sostiene que el acceso al programa está plagado de obstáculos burocráticos (como el requisito de empadronamiento o acreditar determinados niveles de vulnerabilidad) que dejan fuera a personas cuya situación es crítica, pero difícil de documentar: familias recién llegadas, personas sin contrato de alquiler, trabajadores pobres que comparten habitaciones o ciudadanos sin papeles.

La ONG insiste en que muchos de quienes acuden a su reparto “ni siquiera son candidatos” a la tarjeta, no por falta de necesidad, sino por los filtros administrativos. En su opinión, confiar en que la Tarjeta Familias cubre todas las situaciones es “desconocer la pobreza real”, que suele ser inestable, móvil y, con frecuencia, invisible para el sistema.

Foto cedida por Bocatas Madrid.

Bocatas denuncia que estas limitaciones acaban convirtiendo a las organizaciones de reparto en “la última red de contención” para centenares de personas que no encuentran encaje en los servicios del Ayuntamiento. Por ello, consideran injusto que el Consistorio argumente la existencia de recursos oficiales como justificación para prohibirles repartir comida en la calle: “Si esos recursos funcionaran para todos, no habría 300 personas esperando un bocadillo cada lunes”, argumentan. Para la asociación, la presión municipal no solo ignora estas carencias, sino que castiga a quienes cubren las grietas del sistema.

¿Un local sería la solución?

Preguntado por esta cuestión, el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, ha defendido la labor de la ONG, pero ha manifestado que deben “cumplir una serie de cuestiones”. “Lo que pedimos desde el ayuntamiento, y les hemos ofrecido nuestra colaboración, es que tengan un local desde donde repartir esos bocadillos para que no tenga que ser en medio de la calle, con las dificultades que todo esto conlleva”, expone el regidor.

Para Martínez-Almeida, el local sería la clave para “controlar tanto la distribución como las posibilidades de intervención social” que el Consistorio puede ofrecer. Sin embargo, para Bocatas Madrid tener un espacio, donde repartir alimentos, no es la solución. “Si nos vamos a un local, también nos lo cerrarían”, manifiesta.

Según explica Jesús, no hay locales disponibles, ni para ellos ni siquiera para el propio Consistorio. Afirma que en las reuniones mantenidas con el concejal del distrito Centro nunca se ofreció una ubicación concreta y que, de existir alguna, “ya nos la habrían dado”. Además, sostiene que, aunque consiguieran un espacio, ya que en cuanto surgieran quejas vecinales, el Ayuntamiento acabaría cerrándoles el local, como, recuerda, ocurrió durante la pandemia con ‘Dispensa Solidaria’, la entidad que repartía alimentos en la zona de Tirso de Molina y que, tras presiones del vecindario, se quedó sin el espacio que se les había facilitado. Según Jesús, esta experiencia demuestra que la cuestión “no es el local”, sino que “a algunos les molesta ver la pobreza”.

Sobre Bocatas

Bocatas Madrid recuerda que su labor va mucho más allá del reparto semanal de alimentos en la calle. La entidad desarrolla múltiples programas de acompañamiento y apoyo que han ido creciendo a medida que la pobreza se ha diversificado en la ciudad. Entre ellos se encuentran sus intervenciones en Cañada Real, el Garaje de la Ternura (un espacio de escucha, calma y contención emocional), el Espacio Bocatas para jóvenes y familias, y varias formaciones orientadas a la inserción laboral. También gestionan un amplio programa de recogida y distribución de alimentos con el que, según explican, atienden cada mes a casi 600 familias, frente a las alrededor de 150 de hace apenas unos años. La ONG insiste en que todos estos proyectos tienen un mismo hilo conductor: crear comunidad, reducir la soledad y ofrecer apoyo directo allí donde los servicios oficiales “no llegan o llegan tarde”.

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