“Madrid, Madrid, Madrid... en México se piensa mucho en ti”, dice el chotis de Agustín Lara, y continúa: “Por el sabor que tienen tus verbenas, por tantas cosas buenas que soñamos desde aquí. Y vas a ver lo que es canela fina y armar la tremolina cuando llegues a Madrid.” Pero lo que suena hoy por las calles de la capital es otra cosa (sobre todo entre los jóvenes): chotis con bases electrónicas, versiones de grupos de rock como Ginebras o Sidecars, pop con nombre de mujer como Marlena, y zagales en deportivas marcando el paso castizo con una soltura que no necesita mantón (o sí). Precisamente con esa idea de llevar las tradiciones al presente más vibrante nace La Tremolina, una asociación juvenil dedicada a reivindicar el Madrid más cañí… pero a su manera.
“Queremos rescatar el espíritu de las verbenas, pero sin rigideces, con más alegría y menos normas”, cuenta Jorge Libreros, uno de los impulsores de la asociación, que acaba de echar a andar y ya ha hecho ruido en las primeras jornadas de las verbenas de San Cayetano. Ahora se preparan para seguir celebrando en San Lorenzo (del 9 al 12 de agosto) y en La Paloma (del 14 al 17 de agosto).
De los Chisperos a La Tremolina: un nuevo comienzo
La Tremolina nació oficialmente hace apenas unos meses, en primavera, después de que un grupo de jóvenes decidiera separarse de la asociación Los Chisperos de Arganzuela, a la que habían pertenecido durante año y medio. “Aprendimos todo allí”, reconoce Libreros. “No sabíamos bailar chotis ni vestirnos de chulapos. Pero también empezamos a sentir que la tradición se protegía con demasiado recelo, como si se pudiera pervertir con solo mirarla de otra forma”.
Fue así como, tras algunas diferencias -“desde octubre ya notábamos que íbamos en direcciones distintas”- decidieron crear su propia agrupación, con nuevos valores y una nueva manera de entender el casticismo. Hoy, La Tremolina reúne a unas quince personas, la mayoría entre los 25 y 35 años, aunque también hay miembros de más edad, y su intención es abrirse pronto a más gente. “Queremos que sea un espacio para todo el mundo: mayores, jóvenes, gente racializada, gente queer... El casticismo era popular, de todos y todas. Y nosotras queremos que vuelva a serlo”, afirma Libreros.
Una de las apuestas más visibles de La Tremolina es su forma de ocupar la calle. Este grupo de jóvenes no solo quiere participar de los actos programados en los festejos, sino que montan su propia verbena. Para ello, han adquirido un altavoz que les proporciona la música con la que bailar un chotis o un pasodoble en plena calle, demostrando que el casticismo no solo no ha muerto, sino que baila mejor cuando se mezcla con libertad y ganas de pasarlo bien.

Al no formar parte de la Federación de Grupos Tradicionales Madrileños, la asociación no participa en las actuaciones regladas en los escenarios oficiales de las fiestas, aunque no descartan incorporarse con el tiempo. “Antes (cuando formaban parte de la asociación de los Chisperos de Arganzuela) bailábamos en Vistillas o en la Pradera en San Isidro, ahora vamos con nuestro altavoz por la calle y bailamos donde nos pille”, explica.
Y esa forma libre y callejera de entender la fiesta ya les ha dado sus primeras alegrías: el 5 de agosto, en el arranque de las verbenas, tres miembros se presentaron al concurso de personajes castizos, y dos de ellos fueron elegidos, lo que les permitirá estar presentes en actos oficiales. “Fue nuestro primer acto como asociación, y empezamos con buen pie”, dice con una sonrisa.
Aunque visten de chulapos con todos los detalles, también rompen moldes: “Si vienes de trabajar, igual llevas el chaleco con una camiseta o te cambias los zapatos por deportivas. No es que no respetemos la tradición, es que también queremos vivirla con comodidad y frescura. Mientras no estás actuando en escenario, nadie te exige nada. Y hay mucha gente que nos ve y dice: ‘¡mira qué moderno!’”, cuenta Libreros entre risas.

Pero no todo es vestuario: la reinvención también pasa por la música. La Tremolina baila chotis y pasodobles, sí, pero busca darles una vuelta. “Intentamos encontrar canciones contemporáneas que tengan ese sabor, aunque no pertenezcan estrictamente al género. Nos gusta una de Paco Moreno que suena actual y a la vez castiza”. También han participado en campañas como la de Mahou, que en los últimos años ha reinventado el ‘Madrid, Madrid, Madrid’ de Agustín Lara con artistas como Ginebras o Sidecars. “Nos invitaron a participar como figuración castiza en los videoclips, y esas versiones también las bailamos. Tienen otra energía”, confiesa.
Cultura popular y espacios seguros
Uno de los objetivos más ambiciosos de La Tremolina es recuperar el espíritu popular del casticismo. “Hay personas que no se sienten seguras en ciertos entornos de la verbena, sobre todo por la noche. Y también hay quien nunca se ha sentido interpelada por estas fiestas. Queremos cambiar eso”, señala Jorge.
Ya lo pusieron en práctica en San Isidro, cuando organizaron un taller de chotis junto a la cuenta de Instagram @lesbifriends, dirigida a mujeres lesbianas y bisexuales. “Fue precioso. Un encuentro abierto, al aire libre, al lado de la estatua de Goya, con mucha gente queer aprendiendo a bailar y sintiendo que también podían formar parte de esto”, recuerda con emoción.
Ahora, su idea es seguir tejiendo alianzas con asociaciones vecinales y espacios alternativos para ofrecer talleres gratuitos, encuentros y actividades que acerquen el casticismo a públicos nuevos. “Queremos que el chotis, el mantón y el clavel no sean cosa del pasado. Por eso también queremos impartir talleres y que la gente se anime”, defiende.

Durante estas fiestas de San Cayetano, San Lorenzo y La Paloma, La Tremolina no solo bailará por las calles con su altavoz, también acompañará a otras asociaciones como El Orgullo de Madrid, con quienes tienen un fuerte vínculo desde el verano pasado. “El año pasado colaboramos con ellos cuando les faltaba gente, este año no actuamos con ellos, pero estaremos allí para apoyar. Es una manera de celebrar los lazos que se crean entre asociaciones y de seguir aprendiendo”, dice Libreros.
Y todo ello sin perder el foco: seguir creciendo, estrechar lazos y contagiar su pasión por la tradición.
Una imagen muy cuidada
En Instagram, donde se presentan como @tremendatremolina cuidan su imagen gráfica con mimo gracias a la colaboración de dos diseñadores Irene Sempere y su padre. “Han hecho un trabajo muy fino y han creado una identidad gráfica superchula y estamos pensando en sacar también un poco de merchandising como pines que podemos poner en la solapa de nuestros vestidos o chalecos”, confiesa.
Libreros explica que los Sempere han sabido captar la esencia de la asociación a la perfección a la hora de crear el logo de la asociación con “dos muñequitos”: un clavel y un molinillo. “El clavel es una cosa típicamente castiza y el molinillo no lo es tanto , pero refleja perfectamente la tremolina: El clavel es muy castizo; el molinillo no tanto, pero refleja la tremolina: el ruido del viento, la feria, la fiesta. Es una identidad gráfica muy chula”.
El propio nombre de la asociación también está cargado de intención. “Sale de la canción Madrid, Madrid, Madrid, de eso de ‘armarla en tremolina’”, cuenta Jorge Libreros. “Tiene algo de tradición, pero también queríamos resignificarlo. Investigamos su origen y vimos que ‘tremolina’ aludía a algo ruidoso, alborotado, incluso con un punto de pelea. Pero nosotros lo entendemos desde otro lugar: como el jaleo alegre, la ocupación festiva de la calle, una forma de tomar el espacio público desde la alegría y no desde el consumo”. Una filosofía que se plasma tanto en el nombre como en ese logo de clavel y molinillo que les acompaña en cada verbena.