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REAL MADRID 2-0 GIRONA

Modric en el partido contra el Girona
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Modric en el partido contra el Girona (Foto: Real Madrid)

El Madrid avanza por el viejo camino

El Real Madrid suma tres nuevos puntos

Por Hugo García Reina
lunes 24 de febrero de 2025, 07:42h
Actualizado: 26/02/2025 21:22h

El horario siesta y el regreso a la “competición doméstica” –lo del Madrid es Europa, lejos de RFEFs, LFPs y CTAs– mitigó un poco el subidón de Champions. Como para que nadie se durmiera, Ancelotti presentó un par de sorpresas en el once: primero, la titularidad de Alaba junto a Asencio (descansó Rüdiger); segundo, un doble pivote Modric-Tchouameni (sin Valverde ni Ceballos) y tercero, las posiciones de los de arriba. Carletto dibujó un 4-4-2, esta vez también en ataque, con Vinicius y Mbappé en punta, Rodrygo por la izquierda y Brahim por la derecha (que ocupó el hueco de Bellingham, sancionado).

Los primeros minutos fueron de velocidad y sobresalto, con un par de idas y venidas y un punterazo de Mbappé que se estrelló en el pecho de Gazzaniga. Pasado el primer tramo, el Real Madrid oficializó el dominio y obligó al Girona de Míchel a hundir el culo en su área, que estableció un bloque bajo relativamente cómodo.

Los blancos acapararon la posesión, pero empezaron a ahogarse en una melé de jugadores en torno al área rival. Entre que Mbappé salía a recibir, que Vini andaba algo nublado lejos de la cal y que la tendencia natural arrastraba a ambos al costado izquierdo, donde ya estaba Rodrygo, el Madrid se fue encerrando a sí mismo en ese juego tonto de pasecitos cortos que obliga a rizar el rizo.

Hasta bien entrado el primer tiempo, la más clara la había tenido Van de Beek (paró Courtois a mano cambiada). Eran precisamente las contadas llegadas del Girona las que generaban el espacio suficiente para que el Real Madrid metiera miedo al contragolpe. En uno de ellos, los locales se vieron en un tres para dos manifiesto que se fue al garete después de que a Vinicius se le saliera la cadena, y poco más tarde, la repentina aparición del omnipresente Krejci evitó que Mbappé empujara a gol un pase de la muerte.

Con la infantería varada en el fango y la aviación estropeada, hubo que echar mano de la artillería para abrir el agujero en la trinchera de enfrente. El viejo Modric (en septiembre cumplirá 40) acomodó con el pecho el despeje de un córner y, desde 25 metros, encañonó la escuadra de Gazzaniga, que se lanzó sin ninguna opción (40’). Con la euforia del momento, medio Bernabéu habría ofrecido contrato vitalicio al capitán, y aún en los momentos en los que deja ver los efectos de las arrugas, duele pensar en la posibilidad de que regale sus últimos pases a cuatro jeques petroleros o a un puñado de yanquis atragantados de perritos calientes.

Tras el paso por vestuarios, el Girona se estiró un poco y el Madrid, aunque perdió dominio, empezó a encontrar espacios a la espalda de los catalanes. Entonces ya andaba cada uno en su sitio: Vini por la izquierda, Mbappé en la punta, Rodrygo en la derecha y Brahim de enganche.

De lo destacable, una de Vinicius, que trazó una diagonal hacia dentro y disparó al larguero; y otra de Lucas que, poseído por el espíritu de un Valverde aburrido en la banca, chutó un misil seco cruzado que rozó el poste.

Las internadas de Bryan Gil por izquierda y Asprilla por la derecha empezaron a ser cada vez más preocupantes, y en el 70’ –¡no antes!– Ancelotti se decidió a reforzar el centro del campo para recuperar el control del partido. Entraron Camavinga y Ceballos (por Brahim), pero ni siquiera la combinación de músculo afro-francés con temple sevillano consiguió restituir el dominio. El partido estaba roto pero feote. Raro, sin demasiada emoción.

Justo cuando empezaba el runrún (verás tú, que al final marcan) sentenció Vinicius al rematar con la punterita un gran pase de Mbappé (82’). No es la primera vez que el brasileño exhibe mayor facilidad en el ‘toquecito’ que en el golpeo. Justo antes, había mandado a las nubes un balón franco, con el recorte ya hecho y el hueco encontrado. Resulta un poco impredecible ese golpeo palancoso suyo, que igual coje puerta (cada vez más veces) que acaba en el gallinero.

Kylian no marcó pero fue de lejos el más activo de los de arriba. Aunque no estuvo tan acertado de cara a puerta, dejó detalles que reafirman su estado de gracia. Impresiona tanto su explosividad que a veces se olvida lo fino que puede llegar a ser. Aún en la retina, el control orientado de un balón que le venía volando por la espalda y dejó caer, a ciegas (¡pasó a un centímetro de nariz, pecho y rodilla!), en la punta de su bota.

Luego, no acertó a convertir ni esta ni otra que tuvo en el último suspiro del partido, después de una gran jugada que generó Endrick con el único balón que le dio tiempo a tocar. Habría sido el colofón, aunque a estas alturas, ya poco importa.

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