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Vulnerables

Por Lidia López García
viernes 31 de enero de 2025, 16:04h

Escribo desde un poco lejos de Madrid. No sé si decir que desde otro mundo. Desde el tercero.

Lo de dividir el mundo política y económicamente en primer, segundo, y tercero se mantiene desde de la Segunda Guerra Mundial. Idea de los del primero probablemente para continuar dejando claro aquello de estar por encima de los del segundo y tercero. Nos hemos creído hasta que somos diferentes y mejores.

Cerca del hospital, tengo uno de los mayores asentamientos de refugiados del mundo, albergando a más de 200.000 personas de más de veinte países solicitantes de asilo.

Solicitantes de una libertad que es difícil encontrar en quince kilómetros, sobre todo porque el conflicto, la persecución, la inseguridad, el hambre y la falta de los derechos humanos también existen.

Una paciente ayer, me decía que tenía hambre y mucha sed. Era el tercer día sin hacerlo. Y otra, avergonzada y al borde del llanto, me pedía disculpas por aquello de que el algodón saliera negro. Me dice que esta semana, a ella le toca dormir en el suelo. Y le digo, que no pasa nada. Y no sé quién se emociona más, porque claro que pasa.

Si desaparecieran las fronteras, esas creadas en los mapas, y si desaparecieran los mundos, hay algo que quedaría, que tenemos en común todos los seres humanos, y es la vulnerabilidad.

Esa que aparece cuando una se enfrenta a la realidad que supone que no siempre los niños son niños en todas las partes del mundo, a la incapacidad de resistir al llanto ante la crueldad de la mutilación femenina. Todos somos incapaces de reponernos después de que haya ocurrido un desastre, después de ver, que la libertad solamente existe para algunos. Aquí hay muchas heridas del alma, que siempre dolerán mucho más, y no llegan a curar del todo.

Pero el sol sigue saliendo, y los atardeceres son uno de los mejores regalos. Una niña me abraza inesperadamente. Alguien sonríe. Suena tu canción favorita, y cantas. Unos ojos hablan, y el mensaje llega. Una pelota vuela.

Y a una, le da por pensar en palabras de Jodie Chapman que la vida es una mezcla de dolor y belleza y que no podemos hacer nada al respecto. Solamente, vivirla.

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