Las denuncias ciudadanas en torno a la escasez de dotaciones públicas en los distritos periféricos viene siendo, al igual que ocurre a escala autonómica con los municipios del sur, una constante desde hace años. Este escenario, en ocasiones, se traslada también a puntos mucho más céntricos. Incluso a barrios que se ubican en los entornos más acomodados de la capital. Es el caso de La Guindalera, en el distrito de Salamanca, cuyos vecinos no dudan en apuntar hacia una “escandalosa falta de recursos comunitarios”. Una problemática agravada en el ámbito cultural a raíz del cierre, hace ya cinco años y medio, de la Biblioteca Pública del Estado Manuel Alvar.
Ubicada en el número 42 de la calle Azcona, entre las estaciones de Metro de Manuel Becerra y Diego de León y muy próxima al límite este de la M-30, la Manuel Alvar abre sus puertas en 1986. Con cerca de 300 puestos de lectura, siete plantas y hasta medio millón de ejemplares, sumando libros, carteles, fotografías, mapas, publicaciones periódicas y documentos electrónicos, este centro de titularidad estatal, aunque gestionado por la Comunidad de Madrid, se va convirtiendo con el paso del tiempo en toda una referencia, hasta consolidarse como una de las instalaciones culturales de mayor prestigio en todo Madrid.
La necesidad de solventar, con carácter de "urgencia", una serie de deficiencias estructurales, sin embargo, obliga a su clausura temporal el 19 abril del 2019. Fecha que se ha quedado marcada a fuego en la memoria de los vecinos del barrio y es que, tras más de 2.000 días desde que comenzasen los trabajos, sus persianas continúan abajo. Entre medias, distintas obras, ejecutadas a plazos y que sitúan en el ojo de la polémica el “constante toma y daca” entre las administraciones competentes: Gobierno de España, Comunidad y Ayuntamiento de Madrid.
“En 2019 nos dijeron que había una serie de problemas de seguridad que había que resolver y se cerró la biblioteca. Ya entonces hubo discusiones sobre quién debía poner el dinero. Al final, todo lo puso el Ministerio de Cultura. Las obras comenzaron, pero la pelea, el toma y daca constante entre las administraciones, continuó. Sobre todo durante el mandato de Miquel Iceta, con quien confrontaba permanentemente Isabel Díaz Ayuso”, relatan desde la Asociación de Vecinos Goya Dalí en conversaciones con Madridiario.

"Es un escándalo"
Con una inversión próxima al millón y medio de euros para la adecuación de espacios, la climatización del edificio y la actualización de los sistemas de prevención contra incendios, las primeras actuaciones culminaron en diciembre del mismo 2019. No obstante, de acuerdo con lo expuesto por fuentes del Ministerio de Cultura, “la Comunidad de Madrid comunicó entonces que no reabriría la biblioteca porque tenía nuevas obras programadas”. La emergencia sanitaria derivada del COVID-19 supuso un freno adicional al proyecto.
Ya en octubre de 2020, superados los momentos más críticos de la pandemia, continúan desde el área que hoy encabeza Ernest Urtasun, segundo capítulo del culebrón: “Como el Ministerio de Cultura tenía previstas mejoras adicionales, se acordó con la Comunidad de Madrid que fuera la Gerencia de Infraestructuras y Equipamientos de Cultura –organismo autónomo del Ministerio– el que acometiera las demás reformas pendientes, asumiendo no solo las propias sino también las que correspondían a la Comunidad”. Con un coste de licitación próximo a los tres millones de euros, el objetivo de esta nueva iniciativa no era otro que sustituir el sistema eléctrico para mejorar la iluminación, cambiar suelos, pintar, mejorar la accesibilidad y resolver otras patologías menores, como las humedades.
El tercer y, hasta la fecha, último acto arranca en diciembre de 2023, de la mano de nuevas intervenciones. “Ahora nos dicen que toca hacer obras de nuevo, con un plazo de ejecución de 16 meses. Estas deberían terminar en abril de 2025, pero los propios obreros nos han confirmado que van con retraso... Es un auténtico escándalo. La Comunidad pone problemas constantemente y al final hacen que perdamos todos”, lamentan en la AV Goya Dalí. La partida destinada en esta ocasión, procedente también de las arcas estatales, asciende a 5,6 millones de euros. Una vez concluyan estos trabajos, zanjan en el Ministerio de Cultura, “la apertura corresponderá a la comunidad autónoma”.

Fuentes de la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte consultadas por este digital argumentan por su parte que estos trabajos son competencia exclusiva del Ministerio del ramo, al tratarse de un edificio de “propiedad estatal”. Cuando finalicen “la Comunidad de Madrid procederá a equipar la biblioteca”, tal y como corresponde atendiendo al “convenio suscrito entre ambas administraciones”. Entretanto “el Ejecutivo regional ha destinado un bibliobús como servicio complementario ante el cierre temporal”.
Como telón de fondo al embrollo, la “falta de recursos comunitarios” que, a tenor del relato vecinal, caracteriza al barrio de La Guindalera: “Además de la Manuel Alvar, en el barrio solo tenemos una biblioteca más, la David Gistau, que también estuvo de obras y que tiene una magnitud muy limitada”. Más allá de las fronteras de Salamanca, la más cercans es la Francisco Ibáñez, situada a más de dos kilómetros, en el distrito de Chamartín. A fin de denunciar esta situación de “abandono” y, en último término, exigir su reapertura, varias decenas de residentes se concentraron el pasado 24 de octubre, coincidiendo con el 'Día de las Bibliotecas', a las puertas del propio centro.