Con la actualidad -política y mediática- volcada con las consecuencias de las inundaciones en el litoral mediterráneo, con especial atención a los municipios valencianos de Paiporta, Chiva, Aldaia, Pincanya, Sedaví, Benetússer o Alfafar, donde el agua ha causado auténticos estragos, el Ejecutivo autonómico ha decidido dar carpetazo a una de las consecuencias más sonadas del temporal Filomena que azotó la región en enero de 2021 y cuyos demoledores efectos aún colean en la actualidad. Con una partida de 4,1 millones de euros, que será aprobada este mismo miércoles en la reunión semanal del Consejo de Gobierno, se trata de la luz verde definitiva a la reconstrucción, desde cero, de 'La Nevera', histórico pabellón del Instituto Público Ramiro de Maeztu, en el distrito madrileño de Chamartín.
'La Nevera', recinto deportivo en el que disputaban sus encuentros como local las categorías inferiores del Club Baloncesto Estudiantes hasta la llegada de la borrasca, tuvo que ser demolida después de verse afectada por el temporal. El proyecto de reconstrucción, con un plazo de ejecución de doce meses y cuyos trabajos arrancarán, salvo giro de guion, el próximo año, plantea levantar un nuevo polideportivo, así como un aula específica, en un edificio completamente independiente del resto del Ramiro de Maeztu. Ambos estarán, eso sí, conectados a través de una pasarela ubicada en la zona en la que se encuentran las aulas de Educación Secundaria Obligatoria (ESO). Esto permitirá, de acuerdo con lo expuesto por fuentes de la Consejería de Educación, Ciencia y Universidades, que haya una separación "rigurosa" de los circuitos para dividir el acceso de los alumnos y el de los jóvenes que configuran las secciones inferiores del 'Estu'.
En concreto, la obra centrará sus esfuerzos en la construcción de un recinto con un volumen similar a la antigua 'Nevera', aunque con una ocupación total algo menor. Además, se mejorará la accesibilidad tanto en el interior del edificio de Secundaria ya existente como en el espacio exterior. En cuanto al ajardinamiento y urbanización del perímetro, el proyecto contempla recuperar dos espacios "actualmente residuales", que se transformarán en zonas verdes. Se trata, en último término, de integrarlas en el área urbanizada, favoreciendo al mismo tiempo la conexión con el jardín histórico más próximo al viejo pabellón. En paralelo, las dos pistas deportivas se reharán a una cota inferior, con el objetivo de "dar continuidad a los espacios" y "mejorar paisajísticamente el entorno". Una vez concluidos los trabajo, se espera que tanto los alumnos del Ramiro de Maeztu como los canteranos del Club Baloncesto Estudiantes puedan volver a disfrutar de las instalaciones como lo hacían antaño.
Puesto que el edificio original ostenta un especial grado de protección tras su selección como Bien de Interés Cultural (BIC), matizan fuentes próximas al titular del ramo, Emilio Viciana, en un texto remitido a Madridiario, "todas estas actuaciones se ajustarán específicamente a los requerimientos establecidos por la Comisión Local de Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid".
El proyecto inicial de reconstrucción, de hecho, ha sufrido importantes modificaciones con el paso del tiempo fruto de esta consideración. Años atrás se había especulado incluso con mejoras adicionales a las que, en último término, se ha echado el freno. Entre ellas, el incremento del aforo, de la mano de una pista de baloncesto y dos transversales de menor tamaño, gradas y vestuarios. Además, se pretendía que la infraestructura contara con "climatización sostenible" mediante placas fotovoltaicas que generasen su propia energía. También con fachadas "ventiladas" mediante placas de piedra para mejorar el aislamiento y ahorrar energía. Las obras planteadas en origen consideraban asimismo la redistribución del departamento de Artes Plásticas, los aseos y la instalación de un ascensor exterior.

El Gobierno madrileño ya ejecutó en febrero de 2021 las obras de demolición del polideportivo, tarea que supuso una inversión próxima a los 190.000 euros. Los técnicos de la Comunidad tomaron la decisión de derribar por completo la infraestructura a fin de garantizar la integridad tanto del alumnado como del resto de usuarios, y es que la acumulación de nieve en la cubierta, de en torno a 60 centímetros de espesor, unido a la escasa pendiente de los faldones del pórtico, provocó que la estructura colapsara, afectando a la práctica totalidad de sus dependencias. Con anterioridad, con vistas a acotar la parte afectada por el siniestro y prevenir posibles daños al espacio colindante, se había realizado una primera fase de vallado perimetral de la zona más dañada.
Los efectos de Filomena
A pesar de que, transcurridos casi cuatro años, la región ha recuperado por completo la normalidad, bastan con echar un simple vistazo a la hemeroteca para comprobar los caóticos efectos del paso de la tormenta Filomena, popularmente conocida como "la nevada del siglo", con especial incidencia sobre la capital: dos fallecidos, calles anegadas por la nieve, parques arrasados, serias dificultades en las comunicaciones e infraestructuras colapsadas por completo. La borrasca, en definitiva, paralizó Madrid, buena parte de sus municipios y, de paso, media España, trayendo consigo la primera declaración como zona catastrófica de la historia de la capital.
La huella de Filomena también fue profunda en el apartado medioambiental. Para muestra, los daños en un arbolado urbano incapaz, en muchos casos, de soportar el peso de la nieve. El peor parado, no obstante, fue el campo madrileño. Por un lado, ganaderos que, ante la imposibilidad de acceder al monte, reclamaban ayudas urgentes para poder alimentar a sus animales, única vía para mantenerlos con vida. Por otro, las cosechas e invernaderos arrasados, que llevaron a los agricultores a una situación límite. La puntilla, en definitiva, para un buen número de negocios.
A fin de paliar estas y otras consecuencias, muchos ayuntamientos, incluido el de la capital, liderado por José Luis Martínez-Almeida, remitieron a la Delegación del Gobierno en Madrid informes que pormenorizaban el coste de las actuaciones para reparar los daños causados por el temporal en las infraestructuras, equipamientos, instalaciones y servicios de titularidad municipal. En el caso de Madrid, un total de 279 millones de euros. La cantidad reclamada, sin embargo, se redujo finalmente hasta los 61 millones. De ellos, el Ejecutivo central apenas concedería uno y medio. La cuestión se elevó entonces al Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM), quien ha terminado por dar la razón al Consistorio, urgiendo a la Administración estatal a dictar una nueva resolución.