Con la llegada de septiembre, no solo los días comienzan a ser más cortos. Volvemos de las vacaciones y regresamos a la rutina: nos acostamos más temprano, los horarios son más rígidos y vivimos con más prisas. Unas circunstancias que pueden llegar a provocar la conocida 'depresión postvacacional'. Según un informe de Adecco, de 20,4 millones de personas que se incorporarán estas semanas al trabajo después de las vacaciones, a un 37 por ciento la vuelta les pasará factura en forma de este síndrome.
Desde el Colegio de Psicólogos de Madrid, la experta Amaya Prado aclara que “antes de nada, no se debe confundir con una categoría o un trastorno psiquiátrico. Debemos entenderlo como un síndrome o un conjunto de síntomas, tales como fatiga, melancolía, sensación de agotamiento o mayor irascibilidad. La depresión, en cambio, es un trastorno grave”. El síndrome postvacacional puede surgir “después de pasar unos días de relax al borde del mar, acompañados de familia o amigos, incluso visitando lugares increíbles”, afirma también Ana Lucas, psicóloga y directora de Psico-Salud.
"No debe confundirse con un trastorno como la depresión"
Aunque pueda parecer que se trata de algo excepcional, empezar el curso y volver al trabajo se convierte en uno de lo problemas más recurrentes en las consultas de septiembre: “A la gente le cuesta volver a trabajar”, señala Lucas. Como consecuencia, el síndrome postvacacional suele provocar, en líneas generales, que “todo nos cueste un poco más, en especial aquellas cosas que suponen un mayor esfuerzo, pero también puede provocar problemas de insomnio o de conciliación del sueño y enlentecimiento cognitivo”, explica la colegiada Prado. Lo normal es que se prolongue durante dos o tres días, aunque el primer día suele ser el día más difícil porque es cuando aflora un mayor cansancio.
No obstante, la directora de Psico-Salud avisa que debemos tener cuidado. Aunque pueda parecer un proceso normal después de las vacaciones, en ocasiones esconde otro tipo de causas desencadenantes: un trabajo que no satisface, estancamiento personal y laboral o incluso los problemas con alguna persona del entorno.
Recomendaciones para la vuelta a la rutina
Entre las recomendaciones para evitar sufrir este síndrome, desde el Colegio de Psicólogos de Madrid plantean volver a acostumbrarse a la rutina habitual de forma gradual. Otro de los consejos que la psicóloga Amaya Prado ofrece a sus pacientes consiste en “intentar dejar esa tarde previa a volver para hacer algo más pausado y tranquilo, así como acostarse antes”. También subraya que no se debe olvidar la alimentación y el ejercicio físico "pueden ayudar a mejorar esa sensación de malestar y fatiga".
"Hay que acostumbrarse a la rutina habitual de forma gradual"
Si el primer día de trabajo o clase sentimos algunos de los citados síntomas, lo ideal sería “programar (si se puede) el trabajo de manera más pausada, que no sea todo de golpe y frenético". Prado recomienda desarrollar tiempos de trabajo más cortos con pausas y descansos, como por ejemplo para beber agua. Los primeros días pueden costar más a nivel cognitivo y suponer una mayor falta de concentración.
Pero lo más importante, según la profesional, "normalizar las sensaciones y no convertirlas en una patología”. Son emociones diferentes por la vuelta a la rutina: "No hay que tener miedo ni sentirse mal por el simple hecho de experimentarlas". Esto, en palabras de Enric Soler, profesor colaborador de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) se traduce en que debemos de "confiar en nuestra capacidad de adaptación. Seguramente este año no es el primero en el que se realiza una incorporación al trabajo tras las vacaciones, y si lo es, no será el último. No es una causa de muerte reconocida científicamente, así que sobra convertirlo en un drama. Confiar en la propia capacidad de adaptación es buena idea".