El Museo Thyssen-Bornemisza acogerá desde el próximo mes de junio la primera retrospectiva en España del pintor norteamericano Alex Katz (Nueva York, 1927), una de las principales figuras de la historia del arte americano del siglo XX que, a sus 94 años, todavía sigue en activo.
La exposición, que permanecerá abierta hasta el 11 de septiembre, está comisariada por Guillermo Solana, director artístico del museo, y cuenta con el apoyo del propio artista, que ha seguido en detalle el desarrollo del proyecto, que reúne 35 de sus óleos de gran formato.
La muestra incluye también algunos estudios que permiten realizar un completo recorrido por los temas habituales de Katz: sus retratos individuales, múltiples y de grupo, alternados con sus reconocibles flores y envolventes paisajes de vivos colores y fondos planos, seis décadas de trabajo, desde 1959 hasta 2018.
Entre las piezas fundamentales de Katz presentes en la exposición se encuentran "The Red Smile" (1963), procedente del Whitney Museum of American Art (Nueva York); "Round Hill" (1977), de Los Angeles County Museum of Art; "Red Coat" (1982), del Metropolitan Museum of Art (Nueva York); "Black Hat #2" (2010), de la Albertina (Viena), así como "The Cocktail Party" (1965), "Ted Berrigan"(1967) "Blue Umbrella #2" (1972) y "Green Table" (1996), pertenecientes a colecciones privadas.
Entre los prestadores figuran, además, otros museos como el MoMA de Nueva York y el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, de Madrid.
Alex Katz, hijo de inmigrantes rusos interesados por el arte y la poesía, ingresó en 1946 en la escuela de arte Cooper Union, de Manhattan, donde se inició en las teorías y técnicas del arte moderno.
En 1950, se instaló por primera vez en Manhattan y al año siguiente inauguró una primera exposición junto a su mujer, Jean Cohen, y en 1954 expuso en solitario en Nueva York.
A finales de la década de 1950 Katz comenzó a interesarse cada vez más por el retrato. Pintaba a su círculo de amigos y, sobre todo, a su segunda esposa y musa, Ada del Moro, a la que conoció en 1958 y que se convirtió en su modelo más frecuente, siendo la protagonista de más de 1.000 obras. Fue entonces cuando se inició en los fondos planos, monocromáticos, que se convertirían en una de las características de su estilo.
Poco después, influenciado por la pantalla de cine y las vallas publicitarias, Katz optó por las pinturas a gran escala: quería llevar la pintura figurativa al lienzo grande, característico de los expresionistas abstractos, algo que nadie había hecho antes.
En 1977, le encargaron un gran mural en Times Square, donde pudo competir directamente con las vallas publicitarias. Titulado "Nine Women", estaba compuesto por 23 primeros planos de mujeres, de 6 metros de altura, dispuestos en un panel de 75 metros de largo y coronado por una torre de 18 metros de alto en la intersección de Times Square con la calle 42 y la Séptima Avenida: “Descubrí que mi pintura era más potente que cualquiera de las vallas publicitarias que la rodeaban”, afirmó el artista.
Desde mediados de la década de 1960 retrató grupos de figuras, reflejando el mundo social de pintores, poetas, críticos y fotógrafos de su entorno. Posteriormente decidió dar el segundo giro a su carrera con la pintura de paisaje de gran formato a la que se dedicó durante la década de los 90