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La tendencia política en el mundo

lunes 11 de marzo de 2019, 09:42h
Según Francis Fukuyama ( El fin de la historia y el último hombre), tras el final de la Guerra Fría, después de la caída del Muro de Berlín y la posterior desintegración de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, el mundo, en su totalidad se vería condicionado por el auge del sistema liberal-capitalista, tanto en el plano económico, como en el político. Esto es, todos los países adoptarían este modelo o se verían fuertemente influidos por él.
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Algo no fue según lo planeado

El modelo prototípicamente occidental prevalecería en previsión de este y otros autores.

Sin embargo, este modelo se tambalea, y no por posibles “amenazas” existenciales de origen externo, sino por movimientos políticos y respuestas (reacciones) sociales que – influidos, o como muchos apuntan, posiblemente en parte financiados desde el exterior- colocan piedras en el camino del desarrollo de dicho modelo evitando su máxima expansión o declaran abiertamente su intención de dinamitarlo y abrazar otros nuevos o, incluso, volver a modelos pasados ( en la mayoría de casos idealizados).

Así, en la mayor parte de países occidentales o de influencia occidental y, salvo contadas excepciones, la tendencia política en el mundo se ha visto condicionada por el surgimiento de una serie de movimientos, con rasgos populistas, nacionalistas y, en no pocas ocasiones con tintes xenófobos, homófobos, reaccionarios ( los ultra conservadores o de extrema derecha) o, incluso revolucionarios ( los anarquistas, que están conociendo un nuevo, aunque por el momento, tímido resurgir, o de extrema izquierda).

Primeras sorpresas

Lo vimos hace unos años en Grecia, una de las dos cunas de Occidente, con los ascensos de Syriza ( de extrema izquierda, en la actualidad más moderada tras el periodo de gobierno de Alexis Tsipras) y Amanecer Dorado ( de extrema derecha, cuya obtención de un número considerable de representantes en las distintas instituciones públicas helenas no han moderado, siendo perseguidos varios de sus principales militantes por diversos delitos).

Pero el auge de estos movimientos no se limita a Grecia, Italia, la otra cuna de Occidente, con la entrada en el gobierno, como Ministro del Interior de Matteo Salvini ( Liga Norte, actualmente renombrada como la Liga), y su especial encarnizamiento político con los inmigrantes que intentan sortear el espacio del Mediterráneo que separan las costas libias del territorio de la Unión Europea, por medio de Italia.

Tampoco a Francia, con el histórico Frente Nacional ( en la actualidad, Agrupación Nacional), reconstituido y reorganizado para hacer frente y liderar esta “oleada”, y con cada vez, pese a que nunca ha superado la barrera de la segunda vuelta, mejores resultados en las presidenciales.

El fenómeno de estos movimientos también alcanzó al Reino Unido, con el auge del UKIP (Partido de la Independencia del Reino Unido, por sus siglas en inglés), que lideró una exitosa campaña que tenía como referencia la salida del Reino Unido de la Unión Europea y que tuvo como colofón el referéndum, convocado por el gobierno conservador de David Cameron, sobre la salida o no ( Brexit).

Incluso a baluartes aparentemente inmunes al populismo y el nacionalismo…

Pero también ha alcanzado a países que parecían inmunes al contagio de los denominados, por muchos nacional-populismos. Países como Suecia, con el histórico ascenso del principal exponente político de la extrema derecha en el país ( los Demócratas Suecos), o incluso Austria o Alemania, con los cada vez más potentes Partidos de la Libertad y Alternativa para Alemania, respectivamente ( el primero de ellos, formando parte del gobierno austríaco de Sebastian Kurz).

España no es ajena a dicho auge. Primero, con el ascenso de la extrema izquierda, presente en numerosos componentes del partido Podemos, que tras las elecciones posteriores a los movimientos del conocido como 15-M, consiguieron amplia e importante representación en todas las instituciones españolas; y, recientemente, con el ascenso de Vox, de corte ultra conservador, cuyo primer y principal éxito político, han sido las pasadas elecciones en la comunidad autónoma de Andalucía, con la obtención de los diputados necesarios para, mediante un pacto de investidura con Partido Popular y Ciudadanos ( que habían acordado entre sí un parto de gobierno), arrebatar el Gobierno de la región al Partido Socialista Obrero Español ( que lo detentaba desde las primeras elecciones autonómicas en Andalucía).

A todo ello, debe unirse que estos movimientos, al contrario de lo que pudiera imaginarse, gozan de buenas relaciones entre sí, apoyándose con ideas y estrategias los unos a los otros y, por supuesto, inspirándose recíprocamente.

Esta tendencia no parece a la baja, siendo las siguientes elecciones al Parlamento Europeo un buen test para tomar el pulso a estos movimientos con resonancias globales.