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Reciclado transparente

Reciclado transparente

Madridiario visita la planta de tratamiento de reciclado de vidrio Recycling Hispania

Por Lucía de la Fuente
lunes 26 de noviembre de 2007, 00:00h
Madrid, con más de 75 millones de botellas, tarros y frascos reciclados cada mes, es la comunidad autónoma que más ha aumentado el reciclado de vidrio durante el primer semestre de 2007 (33%). Cada madrileño, según datos de Ecovidrio, recicló una media de 9,3 kilos, aunque todavía queda mucho por recorrer hasta conseguir llegar a la media nacional, de 12,9 kilos por habitante.
El proceso del reciclado está, fundamentalmente, en manos de los consumidores que no quieren contribuir a la degradación de la naturaleza. Estos deben comenzar una cadena que comienza depositando los envases de vidrio usados en los iglúes correspondientes.

Según el gerente de Ecovidrio en la Comunidad de Madrid, Pablo Muñoz, “las personas que tienen el iglú más próximo a más de 40 metros, no reciclan”.

Una vez que el vidrio es recogido y transportado hasta una planta de tratamiento, comienza un proceso mecánico de limpieza y machaque que da como resultado el calcín, que podrá ser utilizado para su fundición en las fábricas envasadoras.

Se trata de un proceso rápido –una botella puede ser calcín en un minuto y medio-  en el que es necesario separar todos los materiales que no son vidrio y llegan a la planta. Como asegura el responsable de Logística de Recycling Hispania, Mariano Rojo, “la mercancía debe pasar varias cribas. Lo más peligroso es que queden trozos de porcelana porque no funde a la misma temperatura que el vidrio y puede hacer inutilizable todo un camión de mercancía”.

Las cribas se realizan a través de sistemas de imantación –para metales-, aspiración y máquinas seleccionadoras, además del trabajo manual de los operarios de las plantas. Todos los elementos del proceso son a su vez reutilizados, logrando de esta manera un reciclaje integral del material tratado.

La sensibilización social sobre el reciclaje es esencial, no sólo por el ahorro en materias primas (arena de sílice, carbonato sódico y caliza), sino por el la reducción del volumen de desperdicios en los vertederos, y su consiguiente reducción de CO2 a la atmósfera.

En algunos países europeos, como Reino Unido o Alemania, los contenedores de reciclado están separados incluso por colores -transparente o blanco, verde, y topacio o color “botellín”-, para que sea más fácil y rápido su reciclado. Quién sabe si en el futuro importaremos esta práctica.

De momento esto se hace muy difícil en nuestro país, donde en algunos lugares se ha intentado, como dice Pablo Muñoz , “poner un contenedor para cristales y otro para vidrio y la gente se hacía un lío”. Según datos de Ecovidrio, organismo encargado de la gestión del reciclado de los envases de vidrio en España, en la Comunidad de Madrid, el municipio que más recicló en 2006, fue Rivas-Vaciamadrid, con 311 contenedores y una media de 12,1 kilos reciclados por habitante.

Llama la atención casos como el de Móstoles, que contando con 1290 contenedores, únicamente recicla 4,9 kilos cada habitante. Madrid capital se sitúa en la décima posición, con 610 contenedores y 9,5 kilos reciclados de media por cada ciudadano.

Los iglúes, que rondan entre los 400 y los 900 euros, son proporcionados por Ecovidrio, aunque cada Ayuntamiento puede eligir qué modelo de contenedor es el que prefiere y, en su caso, pagar la diferencia. Lo único que se debe tener en cuenta, es que el agujero por donde se tiran los envases, no debe ser demasiado grande. Esto es así para evitar, en la medida de lo posible, que la gente arroje al contenedor otro tipo de desperdicios. Aunque esto no se consigue totalmente.

Aproximadamente el 7% de los residuos que llegan a las plantas de tratamiento no son vidrio. Los trabajadores encuentran cada día todo tipo de objetos. Desde detergentes, hasta ropa, pasando por latas de conserva, periódicos, chapas y medicamentos.

El vidrio es un material químicamente inerte que puede reciclarse al 100% y tantas veces como sea necesario. Si lo mezclamos con el resto de residuos, lo enviamos directamente al vertedero donde se dificulta o imposibilita su recuperación.

Si no se cuenta con la colaboración de los consumidores responsables, jamás podría completarse una cadena que tiene por objetivo contribuir a la conservación de la naturaleza.
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