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La sonrisa municipal

La sonrisa municipal

Por Ángel del Río
viernes 02 de noviembre de 2007, 00:00h
Pasa Ruíz Gallardón por ser una persona poco cercana, de esas que no ganan en la distancias cortas. Últimamente le observo más tenso de lo habitual y mucho más distante. Suele aparecer con rostro serio e indiferente, y en determinados momentos, como si estuviera enfadado con el mundo.

Ya se sabe que, sobre todo en las campañas electorales, los políticos se dulcifican, hacen de la seriedad una sonrisa, besuquean a los niños, aunque sus besos sean de cartón-piedra, pasan su mano por encima del hombro de los ancianos y aparentan ser del pueblo más que nunca, cercanos, entrañables. A unos les sale del corazón y a otros de la necesidad forzada de cambiar la imagen por unos días en pos del voto. Gallardón suele ser de estos últimos y se le nota forzado en el cuerpo a cuerpo, en el contacto directo con el ciudadano. Todo es respetable; cada uno es como es y hay quien no puede disimularlo.

Por eso me llama particularmente la atención que cuando nuestro alcalde sale de Madrid, se transforma y reparte por otras latitudes las sonrisas que aquí regatea. Su talante parece más afable y abierto y no le importa entrar en contacto con los ciudadanos con una apariencia casi de disfrute personal. Cuando pasea por la Villa y Corte como alcalde de Madrid, sólo se vuelve cercano y con chispa de humor cuando le entrevistan los de “Caiga quien caiga”.

Anteayer viajó a Barcelona en apoyo de la pre campaña electoral de su partido y de su candidato catalán, Daniel Sirera. Conmovedoras las fotografías que nos llegaron de su estancia en la ciudad condal. En un mercado barcelonés, besa la mano a una pescadera, sin que el olor a pescado le tuerza el gesto y la sonrisa. Noble oficio el de la pescadería, con su fuerte aroma, que en política huele a lavanda. Y en Las Ramblas le vimos dar la mano a un indio apache, con larga cabellera de plumas, como salido de un wester americano, regocijándose en el saludo a “rostro pintado”.

Esas imágenes humanizan al político. Lástima que se las veamos en la distancia y que cuando vuelve a la Villa muestre su rostro un tanto arisco, seco, poco redimido por sus pobladas cejas. Pero, cada uno es como es cuando no tiene por qué ser distinto, es decir, cuando no sale en busca del voto.

Ángel del Río

Cronista Oficial de Madrid y Getafe

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