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Opinión

Cuestión de paciencia

Por Guillermo Artola
martes 27 de octubre de 2015, 17:54h
Ya lo teníamos difícil sin ayudas externas para poder jugar a estas alturas de año y, encima, algún tipo aventajado y de mente preclara ha cambiado la hora este fin de semana y se acabó lo que se daba. Las tardes se han vuelto tan cortas que no puedes contar con ellas para jugar ni siquiera nueve hoyos, así que los que tenemos que trabajar toda la mañana y algunos fines de semana los tenemos ocupados ya hemos jugado todo lo que vamos a jugar hasta el año que viene.

Así de crudo y de desesperante se presenta el futuro inmediato, al menos en las grandes ciudades, aunque la verdad es que sólo conozco el caso de Madrid, donde los días de fin de semana exigen reservar con tanta antelación que los simples mortales no podemos permitirnos ese lujo.

De aquí a dos semanas no sé si voy a estar en la ciudad o de viaje de trabajo, si tendré que hacer algo obligatorio aunque sea fiesta y, claro, podría apuntarme corriendo el riesgo de no cumplir y dejar colgada la reserva que realice, pero considero a los campos de golf amigos del alma y a los amigos del alma no se les hace algo así.

Tendremos que conformarnos con ver mucho golf por televisión, aunque no estamos en la época más apasionante por los torneos que se avecinan en el calendario, salvo los cuatro que se celebran en Turquía, dos en China y en Dubai. Y también podríamos practicar todo lo posible dando bolas como posesos y entrenando el juego corto, algo que se traduciría en mucho mejor juego cuando llegue la primavera y podamos volver a jugar en el campo.

Pero, engañarse no sirve de nada, y esto es como cuando te propones estudiar inglés, ir al gimnasio y comer menos, y no cumples ninguna de esas sanísimas y edificantes intenciones. A todos nos vendría muy bien practicar la sacada de “bunker”, el “approach” desde borde de “green” y el maldito “putt” que Dios confunda, seguro, tan seguro como que no lo haremos porque lo que nos gusta es jugar al golf, no entrenarlo.

En fin, llega el frío, la lluvia y hasta la nieve, y tendremos que echarle paciencia, pero en tres meses estaremos de nuevo haciendo agujeros en el suelo y maldiciendo nuestra vagancia por no haber practicado cuando pudimos. Al menos podremos decir que no nos sorprende…

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