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Lágrimas en la lluvia

lunes 28 de septiembre de 2015, 07:58h

Pocas veces en una cita electoral tendrá tanta relevancia la diferencia entre ganarla por escaños o por el número de votos. Hasta el punto de que, dado el carácter plebiscitario que la acompañaba, el que ha ganado también ha perdido. Ahora resulta que la coalición que puede sellar ese gobierno independentista puede impedir que lo presida aquél que lo persiguió obstinadamente. Todo un símbolo de la esquizofrenia política que parece haberse instalado en Cataluña y que amenaza con sostener un debate agotador para unos y otros.
Pasado el 27-S, los catalanes, independentistas o no, siguen teniendo por delante, entre otras cosas que afectan a su gobierno, la ardua tarea de decidir quiénes son realmente. Si solamente son catalanes ni más ni menos; sin son al tiempo europeos y si se consideran o no españoles. En su día, Rajoy lo convirtió en un misterio en la radio. Un medio que siempre ha estado embrujado pues, en él, las palabras surcan el aire y nunca se sabe dónde se posan. Como buen gallego Rajoy debería saberlo y aplicárselo aunque sea de cara a diciembre. Quizá los contrarios al independentismo -y de corazón blaugrana que son muchos - aspiraban sencillamente al derecho a jugar la Liga Española sin sobresaltos. Tarea ya no ardua sino imposible porque Messi se rompió justo en la jornada de reflexión. Y no se le espera precisamente hasta que el Barça venga a Madrid. Ya es casualidad. Menos mal que no se lesionó en el minuto diecisiete.

Mientras, queda el recurso de subirse a cualquier terraza devastada por la lluvia y preguntarse como el replicante Nexus-6 quiénes somos, adónde vamos, de dónde venimos.

Tal vez agarrados a una viga, colgando de la Torre Mapfre en la ciudad condal y bajo la “luz perversa” de “Blade Runner” como la definió el pintor Úrculo, Rajoy y Artur Mas sigan sosteniéndose la mirada hasta las generales. Puede que ninguno sepa solucionar el acertijo y resuenen entonces las palabras del Nexus-6. Ese monólogo que todo cinéfilo y gente de bien conoce de memoria. Un lamento sobre la futilidad de las cosas, la vida en general, y quizá las elecciones plebiscitarias en particular. Un lamento que siempre merecerá la pena rememorar. “Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión, he visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. Todas esas cosas se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia.” El monólogo culminaba diciendo “es hora de morir”, pero, políticamente hablando, esa ya es otra historia. Sólo queda decidir quién es el replicante y quién el agente Runner, porque así están las cosas de complicadas a la hora de identificarse, por esas tierras, más allá de Orión.

Cabe la posibilidad, ahora que estamos en época de renovaciones de las series televisivas, que muchos catalanes, instalados en esa esquizofrenia que seguro ni buscan ni merecen, deambulen por la Avenida Meridiana al estilo de “The Walking Dead”. Tal vez con la esperanza de identificar el flequillo del aspirante a president y devorarlo, políticamente hablando, con la amorosa devoción que ya nos describió Patrick Suskind en el final de “El Perfume”. Ese memorable final que nos advertía de los peligros de los amores extremos y los aromas inalcanzables.


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