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EL LADO MÁS ÍNTIMO DE LOS MUSEOS

Operarios recolocan la figura del planeador Otto Lilienhall
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Operarios recolocan la figura del planeador Otto Lilienhall (Foto: Kike Rincón)

Museo del Aire: La historia que cae del cielo

lunes 24 de agosto de 2015, 07:41h
El Museo del Aire, una de las principales hemerotecas del Patrimonio Histórico y Cultural español, alberga en sus más de de 60.000 metros cuadrados de superficie un pedazo de la historia de nuestro país. Cada lunes, sus puertas permanecen cerradas al público, pero la actividad no descansa en su interior, ya que los trabajadores, tanto militares como civiles, trabajan sin cesar en su puesta a punto. Este lunes, Madridiario se ha colado en el Museo de Aeronáutica y Astronáutica para conocer de primera mano los entresijos de este gran archivo de la historia aérea española.
Aviones procedentes de las guerras más importantes de la historia mundial, reproducciones basadas en planos originales con materiales de la época, motores, restos de aviones, misiles, uniformes oficiales e incluso el búnker en el que Franco fue designado generalísimo de los ejércitos y jefe de Estado son sólo algunas de las joyas de la historia que se pueden encontrar en el Museo de Aeronáutica y Astronáutica, que nació en el año 1966 como un organismo del Servicio Histórico y Cultural del Ejército del Aire.

En el Hangar 1, una construcción histórica que data del año 1929 y “primero en suprimir las columnas internas”, según explica el Teniente Enrique Caballero, se encuentran las aeronaves más notables por su protagonismo histórico. Además, la amplitud y luminosidad de este hangar le hizo ganar el Premio Europa de Arquitectura en el año 1929, por lo que la historia se puede respirar antes de acceder a la nave. Desde el pasado mes de junio, el interior de este hangar está siendo remodelado por los trabajadores del museo, una labor que resulta compleja debido a su carácter histórico, que no permite realizar ningún tipo de cambio en su estructura.

El cuidado y la delicadeza a la hora de mover cada una de las piezas del museo es uno de los puntos clave en las labores de mantenimiento y remodelación. Las piezas que penden del aire son las más complicadas de recolocar, ya que “hay que tratarlas con el máximo cuidado para que no se deformen sus estructuras”, explica el Teniente Caballero. Así, los trabajadores invierten varias horas en situar la figura del planeador Otto Lilienthal, uno de los pioneros del vuelo planeado, que finalmente queda suspendida en el aire gracias a un juego de poleas que ha sido cuidadosamente colocado por un equipo de seis operarios.

Por su parte, los trabajadores de mantenimiento también se encargan de la puesta a punto de este hangar a través de labores de pintura, limpieza y montaje de los expositores, así como de la sustitución de la iluminación de la sala, que a partir de ahora se dotará de tecnología LED. En el resto de hangares, cada lunes se revisa que todas las piezas estén en perfecto estado, siendo reparadas en caso de que sea necesario, además de su limpieza. Asimismo, la zona exterior también recibe los trabajos de acondicionamiento del césped. Tres mecánicos de mantenimiento, un soldador de estructuras, dos pintores de mantenimiento de edificios, dos armeros, una conservadora y un maquetista son el personal fijo que trabaja cada lunes en el mantenimiento del museo. Además, para casos concretos se contrata personal externo o, incluso en algunas ocasiones, es el propio Ejército el que se encarga de ciertos trabajos.

Otro de los elementos clave a nivel humano de este museo es la Asociación de Amigos del Museo del Aire, voluntarios que trabajan en la reconstrucción de piezas históricas y su investigación. Y es en un pequeño almacén, en el que trabajan algunos miembros de esta asociación, donde se encuentran algunas de las “joyas de la corona”, como describe el Teniente Caballero. Paco, un voluntario de 80 años, trabaja cada día en la restauración de una de estas piezas con valor incalculable: un motor en estrella de los años 30. Caballero destaca la “suerte de que Paco trabaje con nosotros”. “Hoy en día es complicado encontrar restauradores jóvenes en España. No ha habido un relevo generacional en mecánica”, asegura, e indica que “habría que traer gente del extranjero para desempeñar este trabajo”.

En esta pequeña sala oculta a la vista de los curiosos se encuentran también otras piezas únicas, entre las que destaca un motor de Porche que se construyó en tiempos de la II Guerra Mundial por encargo del ejército nazi. Según explica el Teniente Caballero, “de los tres modelos que se construyeron sólo quedó uno, ya que explotaron debido a su potencia”. En el año 1998, esta pieza, “codiciada por los grandes museos de aviación internacionales e incluso por la propia marca Porche”, fue encontrada en uno de los almacenes y estudiada hasta que se descubrió su origen. De momento, este motor no puede verse expuesto en el museo.

En las entrañas del museo también trabajan los maquetistas, Carlos y José Luis, que en estos momentos están inmersos en la construcción de la base aérea de Cuatro Vientos en el año 1920 a una escala de 1:72. En total, esta pieza tendrá un tamaño de 4 metros de ancho por 1 de largo, y será interactiva. Así, los aviones de esta maqueta moverán sus hélices y reproducirán los sonidos de las piezas originales. “Lo que más cuesta es el detallado de los aviones”, asegura Carlos. Tanto él como José Luis calculan que invertirán, junto a otro compañero, entre 300 y 400 horas en finalizar esta maqueta, que se convertirá en un importante reclamo interactivo para los turistas.

El Museo del Aire está ubicado junto a la base aérea de Cuatro Vientos desde el año 1981 y su visita es gratuita.

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