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'Agricultura' electoral en la pradera de San Isidro

Por Enrique Villalba
viernes 15 de mayo de 2015, 17:30h
Los candidatos de Madrid a la Comunidad y el Ayuntamiento visitaron este viernes la pradera de San Isidro entre deseos de felicidad y proyectos para la región y la capital, en una de las jornadas festivas del patrón con más afluencia que se recuerdan en muchos años.
  • Ana Botella bebiendo el agua del santo

    Ana Botella bebiendo el agua del santo
    Kike Rincón

  • La pradera de San Isidro.

    La pradera de San Isidro.
    Kike Rincón

  • Ana Botella en la pradera de San Isidro

    Ana Botella en la pradera de San Isidro
    Kike Rincón

  • Manuela Carmena, en la pradera de San Isidro.

    Manuela Carmena, en la pradera de San Isidro.
    Kike Rincón

  • José Manuel López, en la pradera.

    José Manuel López, en la pradera.
    Kike Rincón

  • La pradera de San Isidro.

    La pradera de San Isidro.
    Kike Rincón

  • La pradera de San Isidro.

    La pradera de San Isidro.
    Kike Rincón

  • Esperanza Aguirre, en la pradera de San Isidro.

    Esperanza Aguirre, en la pradera de San Isidro.
    Kike Rincón

  • Esperanza Aguirre, en la pradera de San Isidro.

    Esperanza Aguirre, en la pradera de San Isidro.
    Kike Rincón

  • La pradera de San Isidro.

    La pradera de San Isidro.
    Kike Rincón

  • La pradera de San Isidro.

    La pradera de San Isidro.
    Kike Rincón

  • Antonio Miguel Carmona, en la pradera de San Isidro.

    Antonio Miguel Carmona, en la pradera de San Isidro.
    Kike Rincón

  • Antonio Miguel Carmona, en la pradera de San Isidro.

    Antonio Miguel Carmona, en la pradera de San Isidro.
    Kike Rincón

  • La pradera de San Isidro.

    La pradera de San Isidro.
    Kike Rincón

  • Ignacio Aguado y Begoña Villacís, en la pradera de San Isidro.

    Ignacio Aguado y Begoña Villacís, en la pradera de San Isidro.
    Kike Rincón

  • Cristina Cifuentes y Antonio Miguel Carmona, en la pradera de San Isidro.

    Cristina Cifuentes y Antonio Miguel Carmona, en la pradera de San Isidro.
    Kike Rincón

  • Begoña Villacís y Cristina Cifuentes, en la pradera de San Isidro.

    Begoña Villacís y Cristina Cifuentes, en la pradera de San Isidro.
    Kike Rincón

  • Un manfiestante forcejea con partidarios de Cifuentes en la pradera de San Isidro.

    Un manfiestante forcejea con partidarios de Cifuentes en la pradera de San Isidro.
    Kike Rincón

  • David Ortega y Ramón Marcos.

    David Ortega y Ramón Marcos.
    Kike Rincón

  • Raquel López y Luis García Montero, en la pradera de San Isidro.

    Raquel López y Luis García Montero, en la pradera de San Isidro.
    Kike Rincón

  • Cristina Cifuentes, en la pradera de San Isidro.

    Cristina Cifuentes, en la pradera de San Isidro.
    Kike Rincón

  • La pradera de San Isidro.

    La pradera de San Isidro.
    Kike Rincón

Tal y como reza un cartel en la ermita de San Isidro, 'la agricultura es la profesión propia del sabio, la más adecuada para el sencillo y la ocupación más digna para todo hombre'. La frase es de Cicerón, que algo sabía de política.

Los candidatos a las elecciones municipales y regionales del 24 de mayo debieron tomar buena nota del apunte del senador romano ya que convirtieron la pradera en un campo electoral que arar en pleno ecuador de la campaña. Y es que, tras desayunar las penúltimas encuestas de los comicios, hacer el paseíllo por las fiestas del patrón capitalino bien vale un par de concejales o diputados.

No obstante, la política que más madrugó fue una que no se jugaba nada. La todavía alcaldesa de la capital, Ana Botella, fue a beber el agua del santo cuando todavía no habían puesto las calles. No obstante, ya había cola en la fuente y en la ermita. La regidora se enorgullecía de haber dejado la ciudad en la senda del crecimiento y haber reducido su endeudamiento. Escoltada por la concejala presidenta de Carabanchel, Fátima Núñez, vestida de chulapa, y el presidente del PP en Carabanchel y miembro de la lista electoral de Cristina Cifuentes, Carlos Izquierdo, se dio su particular baño de multitudes, saludando y haciéndose fotos ("una ya no tiene edad para 'selfies' le espetaba a una admiradora). En un abrir y cerrar de ojos, la primera edil abandonaba la pradera para cumplir con su particular rally de actos relacionados con la onomástica del santo agricultor.

Desde bien pronto, Madrid dejaba claro que este iba a ser un San Isidro importante. Una auténtica marea humana circulaba por la pradera entre las coloridas rosquillas (la lista, la tonta, la de santa clara, la de café, la de chocolate, la de fresa, la de limón y hasta las de la abuela), el río de orines que salía de los aseos portátiles, la mezcla del chotis con las gaitas y la música peruana, los retratos instantáneos, y olor del humo y el carbón que presagiaban gallinejas y otros sucedáneos de ambrosía grasienta.

Antonio Miguel Carmona, candidato socialista al Ayuntamiento de Madrid, se había dejado a su par en casa (en vez de Ángel Gabilondo, le acompañó Rafael Simancas, director de la gestora del PSM) y enfiló la avenida del 15 de mayo renegando de santos de leyenda y apostando por los madrileños como patronos del cambio democrático que restaure a la izquierda moderada. A su lado, gigantes y cabezudos avanzaban casi en paralelo a todos los candidatos.

Los periodistas comenzaron tenían que multiplicarse ante la oleada política. No había esquina sin candidato. Ramón Marcos y David Ortega, aspirantes de UPyD a Comunidad y Ayuntamiento, se paseaban comprando rosquillas y pidiendo al santo salud, felicidad y que la España real responda a su trabajo, confiando en una reacción al estilo de las últimas elecciones británicas, "porque no somos perfectos pero sí de confianza", comentaba Marcos. En el mismo momento, sus directos competidores, Begoña Villacís e Ignacio Aguado entregaban claveles 'ciudadanos' que querían recordar que la formación naranja está aquí y que pretenden ser una herramienta de limpieza y refresco político para las administraciones públicas.

Cuando Carmona llegaba a por el agua del santo se cruzó con Cristina Cifuentes, candidata popular a la Comunidad de Madrid, con la que se saludó, aunque no bailó un chotis, tal y como le pedía el gentío, mientras coreaba el nombre de su ídolo. Quizás Cifuentes, vestida de calle porque nunca se ha vestido de chulapa para la fiesta, fue la que, a priori, más difícil lo tuvo en la pradera. Tuvo que hablar con afectados del IVIMA y contemplar como algunos de sus simpatizantes tenían sus más y sus menos con un manifestante espontáneo que le mostró un enorme cartel en su contra. Abogó porque gobernase la lista más votada y promovió el uso de la bicicleta. Se encontró con Villacís, con la que intercambió el abanico, dejando una estampa azul y naranja que no terminaba de desentonar.

Los candidatos de Izquierda Unida, Luis García Montero (Comunidad de Madrid) y Raquel López (Ayuntamiento) hicieron el camino contrario, desde la capilla a su agrupación, situada al principio de la avenida. Se cruzaron con el arzobispo Carlos Osoro, que venía a dar la misa, mientras ellos renegaban de los santos; y con Carmona, con el que se desearon suerte mutua. Antes de dar un mítin abierto al público, defendieron que los problemas que preocupan a Izquierda Unida son los desahucios, el paro y la precariedad, y enfatizaron que Izquierda Unida es fundamental electoralmente para que el Partido Popular no gobierne. A sus espaldas, varias personas hacían una cadena humana para pedir 'Recortes Cero'.

Otro punto de inflexión dejaba postres bastante contundentes para la pradera municipal. Para esas horas, el río humano se había convertido en océano y la pradera era una coctelera de comercio, hostelería y política. Todo se vendía. Desde boletos de lotería al cambio del modelo productivo en la Comunidad de Madrid. Era un goyesco escenario del siglo XXI. Ahora Madrid daba una comida popular en el Puente de Toledo.

La candidata popular al Ayuntamiento de Madrid, Esperanza Aguirre, a pesar de haberse perdido las medallas del Ayuntamiento de Madrid para ir a la pradera llegó hora y media tarde a la cita con los periodistas. Y llegó como Superman. Los viandantes preguntaban: "¿Es una ambulancia? ¿Es una manifestación?". Y alguien respondía: "No. Es Esperanza Aguirre". Su autobús fue asediado por los simpatizantes, que mataban por un bolígrafos o cualquier otro objeto de 'merchandising' popular o una foto con la lideresa. La presidenta del PP regional lució su vestido de chulapa, elaborado por las militantes de Carabanchel. Trató de hacer su paseíllo y llegó a parar a una ambulancia con las luces de emergencia para preguntar qué tal estaban trabajando. Pidió al santo empleo para los madrileños y felicidad, aunque apenas pudo llegar al templo para materializar su deseo, ya que una muchedumbre comenzó a increparla, lo que la decidió a marcharse más pronto de lo esperado.

La última fue Manuela Carmena, líder de Ahora Madrid, que tras su periplo por Marqués de Vadillo y las medallas municipales, se concentró en las carpas que su formación había montado en el espacio profundo de la pradera. Tras mostrar su disconformidad con San Isidro, al que consideró "un poco morro" por dejar que los ángeles le hicieran el trabajo, y con Esperanza Aguirre, con la que comparó la diferencia de formas de vida que tienen ambas, se mostró incapaz de valorar las encuestas y estuvo abierta a hablar con el resto de partidos si ganan las elecciones para gobernar, siempre y cuando cumplan con su programa electoral.

Todos se fueron a comer pronto. Unos, por las medallas. Otros, por los toros. Los de más allá, para preparar los debates de la próxima semana. Y un año más, la pradera cerró su jornada política por excelencia para centrarse en lo importante, la diversión de los madrileños en honor o con la excusa de su patrono.

Ver galería de fotos: 'El último San Isidro de Botella como alcaldesa'

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