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Chocolatería San Ginés: 120 años endulzando Madrid

viernes 17 de abril de 2015, 07:30h
La Chocolatería de San Ginés, situada a medio camino entre la Puerta del Sol y el Teatro Real, en pleno centro de Madrid, es uno de los establecimientos más antiguos de la capital. Fundada en 1894, fue conocida durante la Segunda República como "la escondida" por su particular ubicación en el pasadizo de San Ginés, un callejón apartado de todo el bullicio. A pesar de estar fuera de la vista de los viandantes, la chocolatería adquirió una fama sin precedentes. Pese a que hoy figura en todas las guías turísticas de la ciudad, en su momento fue un establecimiento que frecuentaban la bohemia y los eruditos de la literatura y las artes.
  • Chocolatería San Ginés

    Chocolatería San Ginés
    Kike Rincón

  • Una de las salas de la chocolatería

    Una de las salas de la chocolatería
    Kike Rincón

  • Chocolatería San Ginés

    Chocolatería San Ginés
    Kike Rincón

  • Los famosos churros y chocolate

    Los famosos churros y chocolate
    Kike Rincón

En las primeras décadas del siglo XX recibió el sobrenombre de El Maxim's golfo porque, al cerrar todos los cafés de la Puerta del Sol, era el único establecimiento donde se podía tomar algo caliente y recién hecho. En esta chocolatería, Ramón María del Valle-Inclán situó la Buñolería Modernista, que aparece citada en Luces de bohemia (1920), y Benito Pérez Galdós aludió al Arco de San Ginés en la segunda serie de los Episodios nacionales (1875-1879).

Su acogedor interior de madera, a la tenue luz de sus lámparas, recuerda que allí se han dado cita historias de clientes procedentes de todas partes del mundo. El verde de sus paredes contrasta con el mármol blanco de las barras y mesas en este local que abrió sus puertas en 1890 como mesón y hospedería hasta que, cuatro años más tarde, se dedicó al chocolate. El establecimiento recuerda a los cafés de finales del siglo XIX con sus dos plantas: el salón principal y el piso bajo, al que llaman "el salón de tertulias". Hoy, el local está lleno de fotografías de clientes, visitantes famosos y personajes ilustres que han pasado por allí, como prueba de que, a la hora de tomarse un chocolate con churros, no hay diferencias entre políticos, artistas, músicos o personas anónimas. Pocos pueden resistirse a una de las tradiciones madrileñas mejor conservadas.

El producto más popular de San Ginés es el chocolate, que se elabora con receta propia y que se puede comprar en paquetes para llevar, algo que en 2014 hicieron 10.000 clientes. Se trata de un chocolate muy espeso y sabroso, ideal para degustar con los otros dos productos de fama del local: los churros y las porras.

Su apertura las 24 horas del día, los 365 días del año, permite que el local esté animado a cualquier hora. Muestra de ello son los cerca de 4.000 churros diarios que producen en una jornada normal. Si se trata del primer chocolate del año, la producción se incrementa de manera notable por la tradición del gran número de personas que se acercan hasta allí.

Por otro lado, su cercanía a la discoteca Joy Eslava -como se empezó a llamar hace más de 30 años el teatro Eslava- convierte la chocolatería es un punto de encuentro de noctámbulos que deciden tomar un chocolate caliente y una ración de churros cuando la discoteca cierra sus puertas a altas horas de la madrugada. Además, su visita es casi obligada tanto para los turistas nacionales como internacionales, porque después de tantos años, es una tradición y parte indispensable de la cultura gastronómica madrileña, que incorporó el cacao a partir de 1524, cuando Hernán Cortés envió el primer cargamento.

San Ginés es uno de los pocos establecimientos que han elevado los churros y las porras a la categoría de especialidad de la casa. El éxito de su receta (agua, harina y sal), sencilla y sin misterio, es la buena materia prima: una mezcla de harinas, que se cultiva especialmente para ellos, y el aceite de girasol, que se va reponiendo de manera constante, a una temperatura clave (220 grados). Además, los maestros churreros siguen amasando a mano, como se hacía antiguamente, con la pala de madera, hasta conseguir que la masa esté en su punto. Posteriormente se introduce en la dosificadora y, a continuación, en forma de rueda, la colocan en la freidora, donde es girada con la ayuda de unos palillos durante menos de tres minutos. A continuación, con la ayuda de estos palos, se escurre y se corta con tijeras para servir las raciones de churros.

La chocolatería de San Ginés comenzó hace unos años su expansión internacional. En 2010 se inauguró un local en Tokio, en el barrio de Shibuya, donde se adaptan sus productos a los gustos de los habitantes del imperio del sol. Una tradición chocolatera que también ha llegado a Bogotá, en Colombia, combinando sus populares churros con el arequipe o el helado.

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