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Una ley nociva

Por Ángel del Río
martes 20 de enero de 2015, 10:08h

La nueva ley de Arrendamientos es tan injusta como la anterior, porque si bien es cierto que los propietarios de locales pasan de víctimas económicas a que se reconozcan sus derechos de mercado, muchos inquilinos quedan en situación de insolvencia para afrontar los nuevos arrendamientos, y se verán obligados a echar el cierre a sus negocios.

En 1964 se aprobaba la Ley de Arrendamientos Urbanos. Hasta treinta años más tarde, en 1994, no se modificó y amplió esta ley, que establecía una moratoria de 20 años para todos los locales comerciales. Esa moratoria ha expirado, y la ley entró en vigor el pasado 1 de enero, de tal manera que viejos, trasnochados y exiguos alquileres, puedan ser revisados y adaptados al precio de mercado; es decir, pasar de arrendamientos ridículos, a otros exagerados para un comercio, especialmente de barrio, que aún no ha salido de la crisis. La imposibilidad de hacer frente a los nuevos precios del mercado de alquiler, va a provocar, está provocando ya, que muchos pequeños locales de barrio echen el cierre, pero también algunos tradicionales, como la bisutería Otero, en la calle Mayor, el Café Galdós, en la de Los Madrazo, incluso el Café Central. Quien ha echado ya el cierre de forma definitiva, es un clásico de Madrid, la casa de las muñecas, en plena Gran Vía, cuyo local ha pasado de un alquiler bajo a otro que no han podido asumir los propietarios. Ese escaparate atestado de muñecas, que embelesaron las ilusiones de tantas generaciones de madrileñas, es una especie de cementerio de muñecas, cubiertas sus lunas por lonas que no dejan ver desde la calle estanterías huérfanas y cajas de cartón dispuestas a emprender el viaje hacia ninguna parte. Se acaba con 72 años de despertar ilusiones desde un escaparate de la Gran Vía.

Ángel del Río

Cronista Oficial de Madrid y Getafe

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