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Descalzas Reales: Un 'mini Escorial' en pleno centro de Madrid

martes 16 de diciembre de 2014, 07:40h

Es uno de los edificios más antiguos de Madrid ya que fue construido entre finales del siglo XV y primeras décadas del XVI, aunque no fue convento de clarisas hasta 1559, dos años antes de que Felipe II trajera la Corte a Madrid. Con este fin, la hermana del rey, la infanta Juana de Austria, compró el inmueble, uno de los escasos palacios que entonces existían en la villa, por una motivación sentimental: la infanta había nacido en él la víspera de San Juan del año 1535. En la zona, y como antecedente del monasterio de El Escorial, Juana levantaría un complejo formado por un convento, una residencia real, un hospital, un colegio de niños huérfanos y un panteón.

  • Iglesia del convento de las Descalzas Reales

    Iglesia del convento de las Descalzas Reales
    Juan Luis Jaén

  • Sepulcro de Juana de Austria, de Pompeyo Leoni

    Sepulcro de Juana de Austria, de Pompeyo Leoni
    Juan Luis Jaén

  • La escalera renacentista del convento

    La escalera renacentista del convento
    Patrimonio Nacional

  • Iglesia y convento de las Descalzas Reales

    Iglesia y convento de las Descalzas Reales
    Juan Luis Jaén

El nacimiento de la infanta en este edificio se debió a que el alcázar estaba en obras por lo que cuando la emperatriz Isabel, esposa de Carlos V, llegó a Madrid, embarazada de siete meses, el contador del emperador, Alonso Gutiérrez, le ofreció su casa para residir. Era este un edificio de planta cuadrada, con influencia italiana y patio de estilo renacentista, fruto de la profunda reforma a que había sido sometido el edificio anterior, un caserón que había pertenecido a la familia Sotomayor.

Se ha llegado a afirmar que antes de ser de los Sotomayor fue un palacio de caza, aunque no hay pruebas de ello. También se ha dicho que esa primera edificación se remonta al siglo XII, con Alfonso VI; que habría acogido la estancia en Madrid de Fernando III en 1217; que en él habrían sido sitiados los madrileños por parte de los partidario de Álvaro de Lara, cuando este noble se enfrentó a Fernando III, e incluso se ha afirmado que fue en este edificio donde se celebraron Cortes en 1339. No hay constancia fehaciente de tales afirmaciones. Lo cierto es que, a finales del siglo XV, pertenecía a Pedro de Sotomayor, quien se puso del lado de los comuneros que se levantaron contra Carlos V, por lo que, Sotomayor fue ejecutado en Medina del Campo en 1522 y sus propiedades fueron confiscadas y vendidas muy baratas. El contador del emperador. Alonso Gutiérrez, aprovechó la oportunidad y adquirió el edificio. El nuevo propietario le encargó, en 1526, posiblemente a al alarife Miguel de Hita, la transformación del inmueble para utilizarlo como residencia habitual, si bien tanto el contador real, hasta su muerte en 1538, como su viuda, lo cedieron a la familia real cuando pasaba por la villa

Juana de Austria, hermana de Felipe II, se había casado en 1552 con el príncipe Juan Manuel de Portugal pero el matrimonio duró muy poco pues el príncipe falleció a comienzos de 1554. Días después, Juana daba a luz al futuro rey Sebastián de Portugal. Ese mismo año, Juana, que entonces tenía 19 años, fue llamada a Valladolid para que se ocupara de la regencia de los reinos hispanos ya que Carlos V estaba pensando en retirarse y Felipe II, que estaba viudo, tenía que desplazarse a Inglaterra para casarse con María Tudor", relata Ana García Sanz, conservadora del monasterio de las Descalzas Reales. "La infanta volvió a España con la idea de crear una fundación religiosa. Era amiga de San Francisco de Borja y fue la única mujer jesuita en la historia de la Compañía (pronunció los votos de escolar que los novicios realizan tras los dos primeros años de estudios). Podemos asegurar que era una mujer muy moderna para la época. En su biblioteca tenía muchos libros que estaban en el Índice de Libros Prohibidos. Claro que Felipe II la defendía", dice García Sanz.

Juana, asesorada por San Francisco de Borja, se hizo cargo de un grupo de monjas franciscanas procedentes del convento de Santa Clara de Gandía que ocupaban un convento en Casalarreina (La Rioja), que había quedado desatendido a la muerte de su promotora, la duquesa de Frías. Paralelamente, Juana de Austria compró en 1555 el palacio de Alonso Gutiérrez a sus herederos e inició las obras para acondicionar el inmueble. Por fin, el 15 de agosto de 1559, las primeras seis monjas franciscanas de la primera regla de santa Clara entraron en el monasterio que fue dedicado a la Madre de Dios de la Consolación, conocido popularmente como de las Descalzas Reales .

La infanta encargó las obras al alarife de la Villa, Antonio Sillero, quien adaptó el palacio a convento. No fue posible tal adaptación en la escalera porque dicho acceso no se había hecho para un convento. Tras la reforma del palacio, se acometió la construcción de la iglesia en cuyo altar mayor fue colocado el Santísimo Sacramento en 1564. "Juana decidió que como era una fundación real -el patrono sigue siendo el rey- las monjas debían ser hijas de la familia real y de la nobleza, pero las monjas expresaron su deseo de mantener su espíritu franciscano de pobreza lo que implicaba aceptar a cualquier mujer que deseara entrar en el convento, independientemente de su rango. Finalmente se acordó que la comunidad decidiría quien entraba pero era preciso el visto bueno del monarca. La comunidad no rechazó a las mujeres de la nobleza y de la familia real pero no era condición imprescindible ser infantas, archiduquesas o condesas para entrar. Se acordó que debía haber un máximo de 33 monjas. Hoy son 19", dice García Sanz.

Juana de Austria decidió construirse sus aposentos al lado de la iglesia. Por su parte, las monjas compartimentaron los antiguos salones del palacio para instalar las dependencias conventuales, como ha puesto de manifiesto el artesonado de una de las capillas que se prolonga en la estancia colindante. También, en las esquinas del claustro alto se conservan las pinturas originales primitivas.

Una escalera renacentista

Durante el siglo XVII el monasterio fue completando su decoración. "La labor más importante se hizo en la escalera renacentista. La original tenía un techo, aproximadamente, un metro más alto y poseía casetones de madera. Se puso una falsa bóveda y se decoró. Al parecer, se hizo entre 1660 y 1684 en diferentes fases y por diversos artistas que utilizaron técnicas muy diferentes. En toda la escalera se utilizó el recurso del trampantojo. Entre las pinturas se representa a la familia real -Felipe IV, su esposa Mariana, la infanta Margarita y el príncipe Felipe que murió en 1661- así como armas militares; un calvario que ocupa el primitivo espacio de una tribuna, o los arcángeles Miguel, Gabriel, Rafael, Barachiel, Uriel, Saeltiel y Jehudiel, a quien las monjas tenían como arcángel preferido. Las puertas que dan a la escalera conducen a la cocina, al refectorio y al antiguo despacho de la abadesa", explica la conservadora del monasterio.

Otro de los tesoros del convento es la veintena de capillas sufragadas por las monjas o por sus familias. "Destacan la del Cristo yacente que es de las más antiguas pues las primeras monjas habían adquirido, en el convento de Santa Clara de Gandía, la devoción de llevar a Cristo en procesión el Viernes Santo. Cuando llegaron a Madrid obtuvieron el privilegio de exponer el Santísimo ese mismo día, por lo que comenzaron a procesionar por el claustro de la iglesia un Cristo yacente con un sagrario en el pecho, atribuido a Gaspar Becerra.Tomás Luis de Victoria, que fue maestro de capilla en este monasterio desde 1587 hasta 1611, escribió precisamente para Semana Santa el Officium Hebdomadae Sanctae (como se conoce a los Responsorios de Tinieblas)", explica García Sanz.

Otra de las capillas expone un precioso nacimiento napolitano, más antiguo que el del Palacio Real, pues fue realizado en 1721, cuando Nápoles estaba bajo el dominio de Austria, y regalado por la marquesa de Béjar. Otra capilla fue sufragada por sor Ana Dorotea, que era hija natural del emperador Rodolfo II y había entrado en el convento gracias a que su tía, la infanta Margarita, que era sobrina de Felipe II e hija del emperador Maximiliano II, estaba aquí como monja. Sor Ana Dorotea encargó a Sebastián Herrera Barnuevo un altar realizado en bronces y cristal pintado, que fue dedicado a la Virgen de Guadalupe y a las mujeres fuertes de la Biblia como Sara o Judith. Durante la ocupación, los franceses se llevaron varias obras de arte, entre ellas la escultura original de la Virgen que hubo que sustituir con una de las muchas esculturas que se hallaban en el convento.

Otra de las capillas contenía La Anunciación de Fra Angélico. El cuadro fue regalado al convento en 1611 por el duque de Lerma y hoy está en el Prado. A mediados del siglo XIX el Gobierno decidió trasladarlo a la pinacoteca y, desde entonces, las monjas han reclamado su devolución en numerosas ocasiones, la última en 1990. Ese año se realizó en el Prado una exposición de Sánchez Coello y con ese motivo le pidieron al convento varios cuadros. Las monjas, a cambio, solicitaron que les dejaran tener el cuadro de Fra Angélico durante la exposición y así se hizo.

En 1960, tras la obtención del correspondiente permiso para poder levantar temporalmente la clausura, el convento fue abierto al público y Patrimonio Nacional dedicó una partida económica a su restauración. Cinco años después, Franco visitó el convento y se quedó sorprendido cuando las monjas le contaron que les costaba mucho encontrar paja para los jergones. Vio entonces donde vivían: unas celdas de poco más de tres metros cuadrados, separadas por paredes con una cortina como puerta y sin calefacción. Para luchar contra el frío, las monjas ponían sobre las celdas unos toldos de tela. Se decidió acabar con esta situación y las monjas fueron trasladadas a celdas con cama y lavabo.

Gracias a ello, hacia 1970, el antiguo dormitorio conventual se convirtió en sala de tapices. Hoy cuelgan de sus paredes 11 de los 20 tapices diseñados por Rubens que fueron realizados en Bruselas para poner en la iglesia durante las celebraciones del Cristo Yaciente y la octava del Corpus. "Fueron regalados por Isabel Clara Eugenia, que era gobernadora de los Países Bajos y que había vivido algunas temporadas en los aposentos reales del convento. Hoy se siguen colgando en el claustro cada Semana Santa", dice la conservadora.

Fuera de la visita pública se encuentra la Capilla de la Dormición, la Casita de Nazaret y la Capilla del Milagro, regalo de Juan José de Austria a su hija natural Margarita. "Esta capilla es un templo pequeño pero completo, con tribuna, iglesia donde aparecen Carlos II y Juan José de Austria en una ventana. En el altar se puso la imagen de la Virgen del Milagro que cobró tanta fama que fue preciso trasladarla a la iglesia para que todos los fieles pudieran verla", asegura García Sanz.

10.000 piezas artísticas

En 1936, pocos días antes de que estallara la guerra civil, las monjas abandonaron el convento, en el que quedaron unas 10.000 piezas artísticas. La Junta delegada del Tesoro Artístico, creada por la República, inventarió todo, protegió la escalera con sacos terreros y ordenó el traslado de la mayoría de las obras a los sótanos de la Biblioteca Nacional y a Valencia. Tras la confrontación, gracias al inventario realizado, se pudo recuperar todo. Lamentablemente, un obús del ejército de Franco impactó en la escalera principal donde entró por el techo y dio en la pared frontera, por lo que hubo que proceder a su restauración.

No son estas las únicas estancias de interés en este convento que rezuma historia. En el coro está enterrada la emperatriz María, hermana mayor de Juana de Austria. María, que había nacido, según unos en Madrid y según otros en Alcalá de Henares, se casó con el emperador Maximiliano II. Ambas hermanas se separaron y no volvieron a verse en vida aunque mantuvieron correspondencia. "María tuvo 15 hijos. Cuando enviudó, volvió a Madrid y ocupó las habitaciones del Cuarto Real. No fue monja del convento, pero pidió que la enterraran en clausura, en el claustro bajo, delante del altar de La oración en el huerto. Cuando Felipe III visitó el convento, ordenó que trasladaran su cuerpo al coro de la iglesia, a un sepulcro de mármol muy parecido a los del Panteón de los Reyes de El Escorial. Para cumplir la voluntad de la fallecida se puso encima un pequeño óleo que representa la escena de La oración en el huerto, obra de Guido Reni. También en el coro, debajo del sepulcro de la emperatriz María, está enterrada su hija, la infanta Margarita, que sí era monja en el convento", narra la conservadora de este convento.

Por su parte, la sala capitular guarda una selección de las mejores esculturas del convento, destacando las dos de Pedro de Mena que presentan a la Virgen y a Cristo; el antecoro está cubierto por numerosos cuadros de advocaciones marianas, y la llamada Divina Guardería ofrece en sus vitrinas más de 120 niños Jesús. "Esta sala se creó porque en el monasterio se conservaban, en diferentes estancias, muchas figuras del niño Jesús. La costumbre de los niños Jesús nació en Alemania y Flandes. Era tradición que las monjas, al profesar, llevaran un crucifijo y un niño Jesús. Por ello, se decidió reunir, en el antiguo despacho de la abadesa, todas las imágenes en unas vitrinas hechas ex profeso. Destaca la variedad iconográfica, mucho mayor que la que puede haber respecto a la imagen de Cristo o de la Virgen. El niño Jesús más antiguo que se guarda en esta sala es de principios del siglo XVI", dice García Sanz.

Otra sala que llama la atención es el Relicario, ubicado en la habitación donde nació Juana de Austria. En ella se exponen relicarios procedentes de numerosos países del mundo. Se accede a él a través del Salón de Reyes, un espacio situado entre la clausura y el Cuarto Real. Desde las antiguas habitaciones de Juana de Austria se tiene una buena visión del huerto, que hoy ocupa la cuarta parte de la superficie que tenía originariamente. A diferencia del patio del claustro, en el que tan solo hay unos naranjos, en el huerto, cercado por las edificaciones que dan a la plaza de Callao, se cultivan lechugas, tomates, ajos, pimientos, calabacines, acelgas y otras verduras.

Junto al convento, que en 2013 visitaron 46.000 personas -muchos de ellos turistas franceses y austriacos- se levanta la iglesia. De su construcción se encargó Juan Bautista de Toledo, pero no se sabe si como autor o como supervisor ya que era arquitecto de las obras reales. No está clara la intervención de Francesco Paccioto da Urbino que aseguró ser el autor de los planos. La iglesia fue reformada en los siglos XVII y XVIII y en 1862 sufrió un incendio que destruyó el retablo por lo que los jesuitas ofrecieron el que tenían en el Noviciado de San Bernardo que es el que hoy se puede ver.

Pero lo mejor de la iglesia permanece oculto a la vista de los fieles. "Juana hizo aquí un antecedente del monasterio de El Escorial. Fundó un convento, una residencia real, un hospital de Misericordia, un colegio de niños huérfanos y un panteón. El sepulcro de Juana de Austria, obra de Pompeyo Leoni, fue colocado en una estancia junto al altar mayor. Juana murió con 38 años cuando se encontraba en el monasterio de El Escorial, pero fue trasladada a las Descalzas porque había dejado escrito cómo debía ser enterrada. Lamentablemente, este sepulcro fue saqueado por los franceses y la escultura sufrió serios deterioros, que han sido recientemente restaurados".

 

FOTOGALERÍA: Historia y arte en las Descalzas Reales


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