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La 'corona de espinas', el singular 'hospital' del patrimonio cultural español

Por Pedro Montoliú
jueves 26 de febrero de 2015, 07:48h

Lo primero que sorprende del Instituto del Patrimonio Cultural de España es la singularidad de su sede, conocida popularmente como la "corona de espinas" que, 48 años después de su creación, sigue suscitando el interés de muchos arquitectos de otros países. Lo segundo es su historia, pues este edificio tuvo que realizar una larga travesía, cambió de uso hasta en 13 ocasiones y estuvo abandonado durante 16 años, antes de que abriera sus puertas como centro de restauración, curiosamente el mismo destino para el que había sido creado, y en el mismo terreno en el que sus autores lo emplazaron en un proyecto que se presentó y ganó un concurso puramente teórico.

  • Sede del Instituto del Patroimonio Cultural de España

    Sede del Instituto del Patroimonio Cultural de España
    Juan Luis Jaén

  • Biblioteca de la

    Biblioteca de la 'Corona de espinas'
    Juan Luis Jaén

  • Cubierta de la

    Cubierta de la 'Corona de espinas'
    Juan Luis Jaén

Corría el año1961 cuando el entonces director general de Bellas Artes, Gratiniano Nieto, convocó como todos los años un concurso para dar los premios nacionales. En el correspondiente a Arquitectura se propuso a los participantes como tema obligatorio proyectar un Centro Nacional de Restauraciones. Al concurso se presentó Fernando Higueras, que firmó los planos en colaboración con un recién titulado que trabajaba en su estudio y que se llamaba Rafael Moneo. También colaboró en el proyecto el catedrático de restauración de pintura Luis Roig. "Higueras ubicó su proyecto en la Ciudad Universitaria, más o menos donde hoy se levanta, mientras otros presentaron propuestas que emplazaban su proyecto junto a la Alhambra o el museo del Prado. Higueras eligió este sitio porque estaba cerca de las facultades de Bellas Artes y de Arquitectura. El proyecto consiguió el premio nacional de Arquitectura", indica Alberto Humanes arquitecto que trabajó precisamente en este edificio desde 1987 hasta 2012 y que actualmente es secretario de la Fundación Higueras.

No obstante, un análisis de los planos pone de manifiesto que hay algunas diferencias respecto al emplazamiento propuesto. Higueras lo situó unos metros más lejos porque por la zona corría el arroyo Cantarranas sobre el que se levantaba el llamado viaducto del Aire, un puente hecho en hormigón armado de 36 metros de luz y 18 de altura, que había hecho Eduardo Torroja para el paso del tranvía que unía Moncloa con los campos de deportes de la Complutense. "Sin embargo, finalmente toda la zona se rellenó, el puente se tapó o se destruyó y la mitad del edificio se puso encima del relleno", dice Humanes. Hoy, puede verse, junto a los despachos de la dirección del centro, una maqueta con la génesis del edificio cuyo proyecto, una serie de construcciones escalonadas colocadas en círculo en torno a un vacío central, obtuvo el premio nacional de Bellas Artes en la modalidad de Arquitectura.

Curiosamente, a finales de ese mismo año la Dirección General de Bellas Artes creaba por decreto el Instituto de Conservación y Restauración de Obras de Arte (ICROA) y elegía para su construcción el terreno propuesto por Higueras a quien, además, se encargó el edificio. Higueras -autor, entre otros del Colegio Estudio (1962-64), la casa de Lucio Muñoz (Torrelodones, 1962-1963), el Ayuntamiento de Ciudad Real (1970-75); el hotel Las salinas (Lanzarote, 1973-77) o la iglesia de Santa María de Caná (Pozuelo, 1999)- firmaría los planos junto a Antonio Miró, que había empezado a trabajar en su estudio y con el que también colaboraría en la Unidad Vecinal de Hortaleza (1963), la casa Santoja (Somosaguas, 1964) o el edificio de viviendas para el Patronato de Casas Militares en la calle Alberto Aguilera (1967-1975).

En 1965, Higueras y Miró presentaban un proyecto que mantenía la estructura circular aunque sustituía las construcciones escalonadas por un edificio de 40 metros de radio, compuesto por sótano y cuatro plantas, y dividido en 30 gajos que se duplicaban al llegar a la crujía exterior. Dos años después se iniciaban las obras. A la vista del terreno, los arquitectos decidieron hacer la planta baja más estrecha para retranquear la estructura, lo que permitió cimentar a 8 metros de profundidad en vez de hacerlo a 20, como estaba previsto. Ello permitió además terminar la primera planta en voladizo y darle al conjunto un aspecto más liviano.

Además, inclinaron la fachada de la cuarta planta hacia dentro para poner la estructura que sustenta las 55 'espinas' que coronan el inmueble, con lo que, desde el interior, consiguieron dar la impresión de que el edificio solo tiene dos plantas. "Fernando decidió asimismo quitar cuatro gajos de los 60 para abrir la entrada con el fin de que los visitantes, pudieran orientarse en un edificio circular pues no quería que pasara como en la plaza de las Ventas donde para ir de un tendido a otro a veces se recorre la distancia más larga", dice Lola Botia, viuda de Fernando Higueras y directora de la Fundación Higueras.

En 1970, cuando quedaban cuatro meses para su finalización y ya se habían invertido 92 millones de pesetas, 17 millones más de lo inicialmente presupuestado, las obras fueron interrumpidas. Para entonces el director general ya era Florentino Pérez Embid quien se planteó dedicar el edificio a Centro Nacional de las Artes y la Cultura, lo que obligó a Higueras y Miró a realizar cambios en los planos, en lo que iba a ser una larga sucesión de propuestas. "El edificio llegaría a estar afectado hasta por 13 planes diferentes", dice Humanes

Un edificio reconocido

La situación del enorme edificio era paradójica. La estructura, de 24.000 metros cuadrados, visible desde la carretera de La Coruña, permanecía abandonada y protegida por dos vigilantes mientras crecía su fama. En 1970 se dio a conocer el dibujo Centro de Restauración, elaborado por Antonio López; en los años siguientes, el inmueble fue visitado por diversos grupos de profesionales de la Arquitectura venidos de distintos países, y, en 1975, el Congreso de la Unión Internacional de Arquitectos lo catalogó como uno de los 24 más interesantes de Madrid.

Durante los 16 años que permaneció abandonado, cambiarían la empresa constructora, la dirección de obras -se encargó a arquitectos del ministerio de Educación- y se barajaron para el edificio destinos tan diferentes como Biblioteca Central de la Complutense, Rectorado de la Complutense, Casa de Cultura, Universidad a Distancia, Tribunal Constitucional, sede de la OTAN y edificio anexo al palacio de la Moncloa cuya proximidad facilitó en febrero de 1980 que ETA lo utilizara para lanzar una granada que explosionó en el helipuerto de la sede presidencial, lo que hizo que el edificio fuera incluido en la zona de seguridad de Moncloa. "Fernando, a la vista de los continuos planes, decía que era un instituto de conservación de sí mismo. Afortunadamente, él afirmaba que había hecho una capa española, capaz de albergar cualquier programa gracias a que había diseñado una estructura muy flexible" dice Botia.

La demora en conclusión del edificio no solo estuvo motivada por la indefinición sobre su destino. "Cuando se cambió de constructora, la que se hizo cargo de las obras, tras una baja económica importante, dilató los trabajos y cuando se le pidieron explicaciones dijo que la estructura estaba en malas condiciones. Una consultora técnica llenó entonces la terraza de piscinas y comprobaron que estaba en perfectas condiciones", recuerda Humanes.

Por fin, en 1984 se recuperó el proyecto de dedicarlo a centro de restauración y, dos años después, se adjudicaron las obras que llevaban 16 años paralizadas. Por casualidades del destino, la empresa adjudicataria volvió a ser la misma que lo había construido y, de nuevo, se decidió dedicarlo a sede del recién constituido Instituto de Conservación y Restauración de Bienes Culturales. Hubo que cambiar los lucernarios pues estos habían sufrido por el abandono del edificio; también se pusieron cubiertas de cristal al claustro central y a los cinco patios laterales; se dotó de aire acondicionado -Higueras autorizó el taladro de las columnas sin que en todos estos años se haya producido ni una sola grieta", dice Humanes-; se convirtió la planta de entrada en primera y se retiraron los cerramientos verticales de forma que todo el edificio quedara abierto y comunicado "aunque en los últimos años están apareciendo más paneles de madera como consecuencia de que se ha reducido el número de técnicos y ha aumentado el de administrativos", apunta Humanes.

Asimismo se sustituyó una escultura de granito que le se le iba a encargar a Eduardo Chillida para situarla sobre una lámina de agua que iba a haber en el claustro central por un bronce llamado Francesco, obra de Francisco López, que se puso en la escalera de entrada. El 25 de octubre de 1990, siendo Jorge Semprún, ministro de Cultura, el edificio pudo ser inaugurado. La apertura del edificio no supuso la finalización de los trabajos, pues, posteriormente, se concluyó la sala de biblioteca, formada por tres anillos-estanterías concéntricos con capacidad para 45.000 volúmenes, en torno a la sala de lectura circular que ocupó el espacio destinado a jardín central. También se construyó el salón de actos que se puso bajo la escalera de entrada y los depósitos que se situaron en los sótanos.

Vigas entrelazadas

El resultado es espectacular. En su interior, lo primero que sorprende es su gran escalera de tres grupos de 12 escalones cada uno, hechos como todo el edificio de hormigón armado visto que se trabajó en el propio emplazamiento. Lo segundo son los hexágonos, cuadrados y octógonos que crean las vigas de hormigón y que logran un entrelazado artístico. Higueras utilizó una estructura parecida de vigas en el Colegio Estudio de Aravaca y en el Ayuntamiento de Ciudad Real. "Es destacable el cuerpo de vigas entrelazadas, especialmente el de la segunda planta, que se ha dado en llamar el 'vientre de la ballena', donde los lucernarios se duplican. En una visita que hice con cien funcionarios japoneses, cuando llegamos a este punto y sin decir una sola palabra, se pusieron a aplaudir", dice Humanes. Todos estos valores fueron reconocidos en 2001 cuando el edificio fue declarado Bien de Interés Cultural.

Trabajar en este edificio es un auténtico placer. A la quietud que proporciona la minuciosa labor de restauración se suma la tranquilidad de un edificio que tiene la Casa de Campo como telón de fondo. "En este centro interdisciplinar trabajan 150 personas entre arquitectos, restauradores, químicos, etcétera. Realizamos todo tipo de actuaciones desde restauración de pintura clásica a la de un hidroavión o un submarino. Algunas de nuestras actuaciones son muy innovadoras", dice Alfonso Muñoz, director del Instituto del Patrimonio Cultural. "En los últimos años, y además de las obras de mantenimiento habituales, hemos realizado una serie de mejoras que nos han permitido adecuar la zona de peines, facilitar la accesibilidad y modernizar el sistema de extracción de gases en los talleres", dice Muñoz.

El Instituto del Patrimonio Cultural de España cuenta con servicios tan diversos como Arquitectura, Arqueología, Conservación, Análisis de Materiales, Biodeterioro, Conservación preventiva o Restauración de Obras de Arte, Patrimonio Arqueológico y Etnográfico, Patrimonio Bibliográfico, Documental y Obra Gráfica. El servicio de Documentación cuenta con una fototeca que incluye el archivo fotográfico Ruiz Vernacci, con los negativos de J. Laurent y los archivos Moreno, Loty o Villanueva, entre otros. Todo ello le permite participar en proyectos tan diferentes como la restauración de las catedrales de Segovia, Tarragona o Sevilla; la conservación preventiva elementos arquitectónicos como el claustro de Santa María del Paular o las fachadas de la Biblioteca Nacional; la recuperación de algunos ejemplos de arquitectura industrial o defensiva como el castillo de Buitrago de Lozoya o las murallas de Toledo, o de valiosas obras como la reja de la capilla del Doncel de Sigüenza o las pinturas murales de San Antonio de la Florida.

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