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Teatro en el salón

viernes 21 de noviembre de 2014, 14:40h

"El pasado siempre vuelve", "El asesino siempre regresa al escenario del crimen", "En el teatro todo está inventado"... Frases hechas de uso cotidiano que, generalmente, siempre se convierten en realidad. Las traigo para comenzar este artículo porque una de ellas ("En el teatro todo está inventado") se puede aplicar perfectamente a uno de los fenómenos escénicos de los dos últimos años: el microteatro. 

 

  • Representación en La Pensión de las Pulgas

    Representación en La Pensión de las Pulgas
    Antonio Castro

  • Representación en La Casa de la Portera

    Representación en La Casa de la Portera
    Antonio Castro

  • Representación en la Sala Tú

    Representación en la Sala Tú
    Antonio Castro

El 8 de marzo de 2012 nació La Casa de la Portera. Es exactamente eso: la vivienda donde habitaba la portera del inmueble situado en la calle Abades, 24. Dos emprendedores decidieron representar teatro en las estancias y el público se volcó con la iniciativa. Por cierto, si mis informaciones son veraces, este espacio cerrará en los próximos meses. Pero esta fórmula de hacer teatro en el salón de una casa, que tanto éxito tiene en Buenos Aires, ya tuvo antecedentes en Madrid ¡el año 1839! Y, por si fuera poco, a veinte metros de la actual Casa de la Portera.

La capital española sólo tuvo durante la primera mitad del siglo XIX dos teatros estables y populares: el de la Cruz y el del Príncipe, ambos propiedad del Ayuntamiento. El viejo coliseo de los Caños del Peral se derribó en 1817 y el Real no se inauguró hasta 1850. Pero recién iniciada la década 1830-1840, comenzaron a abrirse algunos recintos privados que se anunciaban ostentosamente como 'Teatro'. Que se parecieran en algo a lo que tenemos actualmente, parece muy dudoso.

En 1839, además de los dos teatros municipales, levantaban el telón un saloncito denominado de 'Las Tres Musas', que estaba en la plazuela de la Cebada, y el teatro de Buena Vista, en el número 11 de la calle de la Luna. Y ese mismo año funcionaron durante algunos meses los teatros de Embajadores y de La Estrella. Estos dos últimos abiertos en casas de vecindad.

El teatro de Embajadores estaba en el piso 4º, principal- izquierda, del antiguo número 18 de esa calle, casi esquina con la de Abades. Se abrió durante la Navidad de 1838, describiéndose como teatro de figuras con movimientos al natural.  Los domingos ofrecía dos funciones, a las cuatro y a las siete de la tarde. Para ellas, según su escueta publicidad: "no ha omitido su director gasto ni fatiga alguna para presentar la escena como corresponde a un público que tanto lo favorece". Los martes, jueves y sábados solo tenía una función a las siete de la tarde. En el primer trimestre de 1839 estrenaron comedias como  "Nabucodonosor o el bruto de Babilonia" y "La entrevista del pretendiente Maroto y el obispo de León".  Para no dejar duda de la "grandiosidad" de este teatro se anunciaba que al final de la pieza: "se manifestará la gran vista de marina, saludo de los castillos y baluartes y naufragio de una embarcación con toda la propiedad posible".  Para ser rigurosos, el flamante teatro tenía balcones a la calle porque en algunas ocasiones se tocaba música desde ellos para interesar a los transeúntes. ¡Ni Rambal en sus buenos tiempos! Su director afirmaba ser muy conocido en Madrid, pero no hemos encontrado su nombre en ninguna publicación de la época.

Parecido era el teatro de La Estrella, en el número 78 de la calle Preciados, en el 4º principal. Se abrió el 17 de marzo de 1839. Su propietario era, desde luego, ambicioso porque lo inauguró con "El diluvio universal". Para atraer al espectador, reticente seguramente a subir a un cuarto piso, el director afirmaba en prensa: "El director de este nuevo establecimiento omite hacer ninguna apología de él, considerando que la ilustración del respetable público madrileño sabrá juzgar con más acierto que todo cuanto se pueda decir en pomposos anuncios". Durante la semana ofrecía una función a las siete de la tarde y los festivos a las cuatro y siete y media de la tarde.

Su apertura (y esa publicidad) enfureció al propietario de Embajadores, que respondió también en prensa: "El director de este establecimiento pudiera responder mucho al grandísimo disparate que anuncia el cartel del nuevo teatro de la Estrella, diciendo que es el más aventajado de su clase,  y a mejor ocasión dirá y probará que, tanto los directores como los actores, nada sabían hasta que trabajaron en Embajadores".

Parece deducirse que el teatro de Preciados se formó con quienes habían trabajado en el anterior. A pesar de todo, los dos tuvieron una existencia muy efímera. Un cuarto de siglo más tarde nació el teatro por hora. Pero esa es otra historia.

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