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Susana Díaz.
Susana Díaz.

Susana Díaz, dueña del Congreso, arranca con un discurso político

sábado 26 de julio de 2014, 13:35h
Casi media hora invirtió Pedro Sánchez en recorrer los trescientos metros que separan, en el inmenso hotel Auditorium, la entrada del recinto hasta una salita en la que se reunió con Susana Díaz, Felipe González, Rubalcaba y otros dirigentes del PSOE. Aclamado por sus muchas 'fans' como 'Pedrou', como si de un oscarizado Almodóvar se tratase, Sánchez repartió abrazos, besos y selfies a lo largo de esa casi media hora de trayecto agobiante.

Fue una apoteosis de cámaras y micros. Al contrario de lo que sucedía en congresos anteriores del PSOE, el aún oficialmente candidato se mezcló con la gente que poblaba el hotel, casi dos mil personas visiblemente entusiasmadas. Ni escoltas, ni servicio de seguridad. Fue un primer dato nuevo en este congreso extraordinario socialista. Susana Díaz, que es la que realmente manda y la que ha elaborado buena parte de la lista de la comisión ejecutiva, no renunció a ser la primera en hablar al abrir, con casi tres cuartos de hora de retraso, el congreso. No en vano es quien lo preside.

Así que arrancó un primer gran aplauso al recordar a las víctimas de la 'franja martirizada de Gaza' (por cierto, allí estaba el embajador de Israel, Alon Bar) y luego pasó revista, en un discurso ciertamente político, a algunos de los problemas que su partido, el PSOE, vive y a cómo está la situación en el país, una situación que hoy es, dijo, "más injusta que cuando nosotros nos fuimos del Gobierno". Tenemos un conflicto territorial y el riesgo de que falle la convivencia, dijo, y ahí hay quien se empeña en dar la batalla equivocada, en derrotar al PSOE.

"Queremos una España que no se rompa, no el inmovilismo ni las aventuras de otros", más aplausos de un público enfervorizado. Así comenzaba este congreso extraordinario donde todo el pescado estaba vendido de antemano. ¿Críticas a la lista de la ejecutiva, que no se conocía completa al iniciarse el acto? Claro que las había en los pasillos. Como había un recuerdo para Alfredo Pérez Rubalcaba, que, dejando asomar una lágrima, se llevó una ovación de dos minutos de los asistentes en la sala de plenarios, en la que no cabía un alma más allá de los mil quinientos hombres y mujeres que la abarrotaban . Va a ser, dijo un amigo que por allí andaba, viejo militante con el que he coincidido en tantos congresos, un largo y buen fin de semana.

Lo será si 'Pedrou' enfila por un camino acertado. De momento, el entusiasmo de los suyos, y hasta el de quienes no lo eran tanto, ya lo tiene garantizado.

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