Cuando llega el verano, los "titulares" de las instituciones se marchan de vacaciones, y dejan en su puesto a gente de su equipo, concejales y consejeros que, habitualmente por una semana, van turnándose en el puesto de "alcalde" o "presidente" en funciones. Una tarea que no parece irles mal del todo: suelen ser días frenéticos, en que organizan actos de todo tipo, aprovechando la sequía de noticias típica del verano, y disfrutando de paso del poco habitual hecho de convertirse, por una semana, en centro de atención.
De ahí que veamos a consejeros y concejales organizando cada día un acto nuevo, algunos ciertamente interesantes, otros un tanto peregrinos, pero todos con "público" asegurado. Eso sí, como solía decir mi madre, la felicidad no es perfecta, y es más que frecuente que, en alguno de estos actos de "suplentes", el político de turno se meta en algún jardín del que luego le cueste salir.
Cuando entramos en la semana en que, probablemente, haya menos personas trabajando en Madrid -semana de esa Virgen de la Paloma que ve cada año más arrinconadas las gallinejas y entresijos, la limoná y los barquillos, por los mojitos y caipiriñas-, es bueno pararse a mirar quiénes "alcaldean" y "presidentean" estos días, observar su recorrido y sus declaraciones, su repentina aparición casi a diario en periódicos, radios y televisiones, y ese siempre delicado equilibrio que intentan guardar entre salir bien parados del trance y no destacar tanto como para molestar a sus cabezas de cartel.