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Seis décadas de caridad en Madrid

Seis décadas de caridad en Madrid

La organización repasa sesenta años de trabajo con los desfavorecidos

Por Celia G. Naranjo
lunes 08 de octubre de 2007, 00:00h
Actualizado: 10/10/2007 18:15h
La historia de Cáritas es también la de nuestra sociedad. Un repaso a su evolución permite ofrecer la otra crónica de Madrid, la de los excluidos, a través de los ojos de los que no escribieron la historia porque la vivieron desde sus márgenes.
Primero fueron los dispensarios; después, los roperos. En la posguerra española, antes incluso de la fecha que los historiadores apuntan como inicio de Cáritas, ya había empezado a gestarse la organización. Apoyándose en la propia organización de la Iglesia y en la proximidad que facilita para trabajar sobre el terreno, la Gran Campaña de Caridad entre 1941 y 1942 marcó el inicio de la solidaridad en toda España, y también en Madrid, una de las regiones más castigadas —tras tres años de sitio— por la contienda.

Los impedidos, los mutilados, fueron la segunda urgencia a la que la Iglesia se planteó hacer frente. A finales de los años 40, tras varios años de acciones aisladas, surge la preocupación por organizar toda esa labor.

A las primeras campañas de sensibilización les suceden proyectos para ejercer la caridad de la forma más digna posible. "Se puso un precio simbólico a la ropa casi nueva que donaban los particulares. Así se evitaba la idea de que aquello que no tiene precio, no tiene valor", explica Javier Hernando, coordinador territorial de Cáritas en Madrid. "Además, con los roperos se evitaban las relaciones de dependencia que surgirían si quien donaba ese bien se lo daba directamente a quien lo necesitaba: eso no potenciaría nada la dignidad del ser humano", añade.

Los secretariados de caridad también fueron los encargados de organizar la acogida de refugiados alemanes e italianos que llegaron a Madrid después de la II Guerra Mundial. Más tarde, hubo que buscar familias de acogida para veinte mil niños austríacos, la mayoría desamparados, que llegaron después de que el Gobierno español firmara un convenio con Austria. En esta época se creó el Secretariado Nacional de Caridad, en 1947: ese es el acontecimiento que se conmemora cada año como inicio de la organización.

"Descubrimos una necesidad, intentamos dar una respuesta y, cuando las Administraciones asumen la respuesta a esa necesidad, damos media vuelta y nos vamos a buscar otras necesidades a las que no lleguen los demás", dice Hernando. Ante la enfermedad y la carestía de posguerra, dispensarios y roperos; ante la llegada de refugiados, sensibilización; y ante el éxodo rural, trabajo en los nuevos barrios marginales que se forman en la capital.

"En los años 50, con la llegada de la población rural a las ciudades, tuvo lugar un fenómeno parecido a lo que hay pasa con los inmigrantes extranjeros", explica Hernando. Hubo que trabajar en la promoción social de estas personas, en esppecial de las mujeres, y distribuir la ayuda social que envió el Gobierno norteamericano.

En 1953, Cáritas adoptó su nombre actual, el mismo que habían adoptado las organizaciones de caridad de la Iglesia en varios países europeos. "Hacía referencia a la palabra 'amor', que definía lo fundamental de este trabajo, y se decidió que era el mejor nombre que podía tener la organización".

Ya en los sesenta, después de toda una serie de experiencias "curativas", en palabras de Hernando, se celebró el primer Día Nacional de Caridad. Los madrileños donaron cuatro millones de pesetas a la causa. La conmemoración, que ha llegado hasta nuestros días, tiene lugar cada año en el Corpus Christi y viene acompañada de una campaña de sensibilización cuyo objeto ha ido evolucionando, como lo han hecho las necesidades sociales.

Cuatro años más tarde, la primera Hoja de Caridad salió a la calle. "la idea era sencilla: en su trabajo diario, los voluntarios conocen necesidades que, si no se solucionan, pueden dar lugar a situaciones dramáticas", explica Hernando.

"Por ejemplo, una familia numerosa cuyos progenitores se han quedado en el paro y no pueden pagar la luz en invierno: se publica, manteniendo el anonimato, y quien quiera puede hacer aportaciones para ese caso concreto a través de Cáritas". Cincuenta años después, 60.670 casos habían tenido respuesta a través de la publicación, que hoy sigue saliendo a la calle.

En esos años, las escuelas de tiempo libre para los niños que nunca veraneaban, los primeros centros de formación profesional en zonas rurales como Valdemoro o Colmenar Viejo y las guarderías en poblados marginales como la Celsa fueron algunas de las acciones de Cáritas. En los setenta, los estudios sobre la realidad social jalonan un período de reflexión que culmina con la publicación de las 'Notas al cambio', un documento que marcará la adaptación de Cáritas a las nuevas realidades sociales.

El paro, la gran lacra social de los años ochenta, fue el gran objetivo a batir durante esa década. "Actuaciones que hoy día están generalizadas, como las ayudas al autoempleo, fueron puestas en práctica por Cáritas durante esos años", explica Hernando. "Recuerdo el caso del director de una sucursal de banco en Moratalaz que con 45 años se vio en la calle, con una familia que mantener, y en un año gastó sus ahorros. Acudió a nosotros con el proyecto de un quiosco de prensa y nosotros se lo financiamos. Cuando fui a visitarle, a los pocos días de abrir el negocio, me abrazó llorando", relata.

Bares, peluquerías, vespinos para que un chaval pudiera trabajar de mensajero... Proyectos de todo tipo fueron financiados sin intereses durante estos años. La droga también se había convertido en un problema especialmente lacerante entre los jóvenes, que vieron la posibilidad de reinsertarse a través del autoempleo con pequeños créditos.

Las mujeres de los barrios marginales, por su parte, recibieron formación por parte de la organización, que encontró en el tejido asociativo un firme apoyo para sus propósitos, además de las parroquias, que apoyaban estos cursos para mujeres con guarderías.

Las ONG irrumpieron con fuerza en los noventa, sumándose a la labor que otras organizaciones más antiguas, como Cáritas, venían desarrollando. "Que haya tantas no es malo: hay que repartir el trabajo y los recursos, y eso nos mantiene a todos despiertos y en buena tensión".

El nuevo milenio forzó una nueva etapa de reflexión, al estilo de la que ya habían mantenido a finales de los setenta. Después de varios años de trabajo, de análisis sociológico, se define lo que es Cáritas hoy en día. "El objetivo es la inclusión social de todas las personas posibles", explica Hernando. Hay que actuar sobre las personas en situación de inclusión social mediante la sensibilización; sobre quienes presentan vulnerabilidad, para evitar que queden excluidos; y sobre los excluidos, para terminar con su situación".

Ahora, Cáritas se encuentra inmersa en un estudio de la infravivienda en Madrid, que presentará en diciembre. "Ofrece unos resultados a tener en cuenta, porque te encuentras infraviviendas en las zonas más insospechadas", adelanta Hernando. Mientras tanto, la organización sigue con su labor con los que más lo necesitan. Escribiendo la futura intrahistoria de Madrid.
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