www.madridiario.es
Por qué Cibeles es de pago

Por qué Cibeles es de pago

jueves 23 de mayo de 2013, 00:00h
Puede suceder algunas veces, son cosas que pasan, que una administración municipal decida acometer la empresa de erigir o rehabilitar un gran equipamiento movido por una demanda real de sus vecinos.

Y puede suceder también, y también son cosas que pasan, que esa iniciativa se salga de presupuesto mucho más allá de lo sensatamente previsible, hasta el extremo de que no haya demanda social que lo justifique.

Pero en Madrid hacemos las cosas de otra manera, mucho más original: aquí emprendemos la puesta en marcha de grandes equipamientos que nadie ha pedido, nos salimos además de presupuesto hasta límites absolutamente fuera de nuestro alcance y terminamos comprometiendo el presupuesto municipal de una década para poder hacer frente a la deuda que hemos contraído, con las consiguientes consecuencias sobre los servicios que le debemos al ciudadano. Por decirlo de otra manera, a nosotros no nos pasan las cosas: nos las buscamos.

Así que, a posteriori, toca crear esa demanda social que no existía y que pueda lavar la imagen de derroche y megalomanía que planea sobre nosotros.

Un ejemplo claro de esta forma de hacer las cosas del Ayuntamiento de Madrid es CentroCentro Cibeles, el centro cultural llamado a endulzar el tremendo coste que supuso adquirir y remodelar el edificio del Palacio de Telecomunicaciones para llevar allí la sede del Ayuntamiento de Madrid, el último capricho suntuario de la era Gallardón.

Conste que no quiero entrar ahora en el debate sobre la pertinencia o no de la elección de este precioso edificio, situado además en el entorno quizá más emblemático de nuestra ciudad, como sede del Ayuntamiento. Pero desde luego sí creo que las cosas podían haberse hecho de otra forma, y que el inmenso gasto en que se ha incurrido revela una grave falta de respeto hacia una ciudadanía que ve día a día cómo suben los impuestos y tasas municipales mientras recibe cada vez peores servicios.

Por otra parte, también es cierto que me apena ver cómo la Casa y la Plaza de la Villa pierden irremisiblemente el papel central que han venido teniendo en la vida pública de Madrid desde por lo menos el siglo XIII. Es la historia contraria, la de cómo se intenta relegar al olvido un entorno que se había ganado a pulso su carácter emblemático a lo largo de los siglos, sin necesidad de que nadie lo publicitara. Pero eso es otra historia…

Hablaba de cómo el equipo de gobierno de este Ayuntamiento está intentando hacernos olvidar que el Palacio de Cibeles se ha “comido” más de 500 millones de euros de los madrileños intentando potenciar a toda costa CentroCentro, ese pretendido “centro cultural” que tratan de encajar con calzador en lo que, de manera rimbombante, los responsables municipales llaman el Paseo del Arte (es decir, el Eje Prado-Recoletos), imagino que con la idea de que, de aquí a algunos años, los madrileños se sientan orgullosos de un equipamiento emblemático que sus dirigentes municipales decidieron que necesitaban aunque ellos mismos no lo supieran. Y, si de paso se eclipsan instituciones culturales de reconocido prestigio y arraigo que puedan hacerle algún tipo de competencia, como el Círculo de Bellas Artes, y se obtienen ingresos procedentes del turismo, tanto mejor.

En el contexto de esta estrategia se entiende no sólo que CentroCentro haya albergado la reciente exposición “El legado de la Casa de Alba”, un montaje costosísimo que otras instituciones culturales de prestigio desecharon precisamente a causa de su elevado coste, sino también la concepción de dicha exposición como un negocio (en el que, por cierto, el Ayuntamiento no se ha llevado precisamente la mejor parte) y no como un vehículo de difusión del patrimonio histórico-artístico entre la ciudadanía.

Porque claro, como una mancha de megalomanía con otra se quita, la forma en que los responsables de MACSA (la empresa del Ayuntamiento que se encarga de gestionar la cultura municipal, haciéndole la competencia a su propia Área de Gobierno) han decidido impulsar CentroCentro es mediante carísimos montajes expositivos de colecciones privadas en los que dan la impresión de querer competir con el Museo del Prado, sin importarles que eso suponga expulsar a una parte importante de los vecinos de Madrid mediante el encarecimiento absurdo del precio de las entradas y la eliminación de períodos de acceso gratuito (a diferencia de lo que ocurre en los grandes museos de la zona). Cibeles, la que se supone que es la nueva casa de todos, es en realidad de pago: son de pago las exposiciones, son de pago los conciertos y hasta es de pago contemplar Madrid desde su mirador.

Mientras tanto, y abandonados por los responsables del Área, languidecen los museos de la ciudad (cuya entrada, por cierto, siempre ha sido gratuita), funcionando a medio gas (como el Museo de San Isidro), a menos de medio gas (como el antiguo Museo Municipal, hoy rebautizado como Museo de Historia) o no funcionando en absoluto (como el Museo de Arte Contemporáneo ubicado en Conde Duque, cerrado hace ya más de tres años). Como resultado de esta situación, el patrimonio de los madrileños permanece escondido y olvidado, almacenado a la espera de que alguien se decida a rescatarlo y difundirlo.

El recientemente cesado (para acatar una sentencia, y no por su mala gestión, no lo olvidemos) Fernando Villalonga afirmó desde su primer momento como Delegado del Área de Las Artes que pensaba revolucionar la política cultural municipal, y vaya si lo ha hecho. Al grito del “¡Se ha terminado el todo gratis!”, obviando que lo que se paga mediante impuestos no es “gratis”, sino “público”, el Ayuntamiento ha emprendido una política cultural que, en lugar de buscar el servicio público al que está obligado, lo elimina conscientemente en favor de una concepción elitista que amenaza con echar por tierra el esfuerzo de muchos años por la democratización de la cultura (o, como lo expresaría el propio director de CentroCentro, D. José Tono, “el arte es algo muy especial y no es para todo el mundo”).

Madrid no es, obviamente, una ciudad cualquiera. Está claro que puede y debe codearse (y de hecho, se codea) con cualquier gran capital mundial. Sin embargo, también es cierto que su Ayuntamiento, aunque desee, deba y pueda esforzarse en proyectar una imagen de Madrid acorde con su tamaño, su historia y su importancia política, social, económica y, por supuesto, cultural, no puede olvidar que es, ante todo, una administración municipal que tiene por lo tanto unas obligaciones que cumplir con respecto a sus vecinos; dotarles de equipamientos y servicios culturales para su disfrute y su desarrollo personal es una de esas obligaciones. Esperemos que los nuevos responsables del Área de las Artes, con el Concejal Delegado Pedro Corral a la cabeza, sepan recuperar esta concepción social de la cultura antes de que sea demasiado tarde.

Patricia García.
Concejal del Grupo Unión, Progreso y Democracia en el Ayuntamiento de Madrid.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios