Tener calle en Madrid
lunes 25 de marzo de 2013, 00:00h
Actualizado: 15/04/2013 09:48h
Ya han surgido algunas voces pidiendo para el Papa emérito Benedicto XVI una calle en Madrid, incluso hay quienes afinan y especifican que esa calle se podría llamar del cardenal Ratzinger. Dicen los promotores de esta iniciativa que lo que se pretende es que Madrid recuerde al Papa que vino a la capital de España con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud de 2011, y que dejó una impronta personal y una identidad pastoral en la villa y corte. Si Juan Pablo II ya tiene un parque en Madrid, ahora se pide una calle que lleve el nombre de Benedicto XVI.
Siendo loable y justa la iniciativa, resulta imposible llevarla a cabo desde el punto de vista administrativo, porque el protocolo del Ayuntamiento impide que se ponga a las calles nombres de personas vivas, de personas que no hayan fallecido y, lamentablemente, hay que esperar a que desaparezcan para que tengan el honor y adquieran el rango de dar nombre a una calle. Quizá sea hora de revisar ese protocolo, por muy histórico que sea. Si se le puede dar el nombre de una instalación municipal a un personaje vivo, ¿porqué no dárselo a una calle? No conozco pueblo o ciudad importante en la que haya que esperar a que el personaje muera para darle su nombre a una calle, callejón, travesía, plaza, plazuela, costanilla, avenida, carrera, ronda, glorieta, camino o paseo. Recuerdo algunas iniciativas lanzadas en su día por personas o grupos para poner a las calles nombres de personajes como las de Alfredo Di Stéfano, Adolfo Suárez, Felipe González, Plácido Domingo o Rafael Nadal. No pudo ser, y mucho que se alegraron los aludidos de que no pudiera ser, porque significa que están vivos. Señora alcaldesa, Ana Botella, vea la posibilidad de cambiar el protocolo en este sentido, que aunque estemos en época de crisis, no cuesta nada, y seguro que a los afortunados les satisfará conocer en vida la calle que lleva su nombre, como pasa en todo el mundo.
Y es que ahora las calles de Madrid parecen un lapidario de cementerio, con nombres de personajes ya enterrados.
Ángel del Río.
Cronista oficial de la Villa de Madrid.