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La tormenta perfecta

lunes 04 de febrero de 2013, 00:00h
Actualizado: 19/02/2013 13:17h
Rajoy promete solemnemente que está limpio de polvo, paja y dinero negro, y con él todo su partido, según testimonio y compromiso personal. Estas afirmaciones tan contundentes y serenas no están hechas para el talante de Rubalcaba, que suspende un viaje a Portugal para sacar beneficio de la situación en España y decir solemnemente que no cree a Rajoy, que debe dimitir, porque este país no puede permitirse un caso Bárcenas. Este país pudo aguantar el escándalo de los ERES en Andalucía, por remitirnos sólo al escándalo más reciente, pero no el de Bárcenas, al buen saber y entender de Rubalcaba. Por eso hay que conquistar en la calle lo que se perdió en las urnas, y lo mejor para que la batalla sea rápida y eficaz, es sacar las tropas, mandarlas a rodear las fortalezas del enemigo, sembrar con pasquines informativos las últimas fuerzas de la resistencia mediática, y sobre todo, convencer al general Rajoy para que se rinda sin condiciones, para que se vaya sin utilizar la fuerza y la razón de las urnas, una rendición sin condiciones, que saque la bandera blanca por la puerta de Moncloa y no ofrezca ninguna resistencia.

En estos momentos, para Rubalcaba se ha desatado la tormenta perfecta, que suele ser en la que mejor se desenvuelve, porque entre los truenos, relámpagos, fuertes vientos y diluvio, el líder del PSOE es el que saca mayor provecho, como demuestra la historia reciente; es el que mejor y más pesca en río revuelto, lo que no deja de ser una virtud en este mundo convulso de la política. Rubalcaba es capaz de perderlo todo en las urnas, pero de recuperarlo en la calle si cuenta con el aliado circunstancial del destino caprichoso.

Mientras Rajoy se enroca en su testimonio de que en el PP no se ha hecho ningún pago que no haya pasado por la fiscalización oportuna y la declaración legal; mientras en la acera de enfrente Rubalcaba no tiene pruebas, ni ganas de tenerlas, ve en esta, una oportunidad de ponerse a salvo de su naufragio personal frente a las costas de Ferraz, y nada como nadie en aguas revueltas. Mientras unos y otros andan abducidos por el efecto Bárcenas, por razones bien distintas, llega el mazazo de cada mes, ese que verdaderamente interesa a los españoles por encima de corrupciones verificadas de hace poco y de presuntas corrupciones por verificar de ahora mismo, y ese mazazo son las cifras del paro. Durante el pasado mes de enero, el desempleo aumentó en la Comunidad de Madrid en 17.435 personas. Ese es el drama, esa es la preocupación colectiva, ese es el desosiego que debería constituirse en la prioridad de los políticos. Pero esto parece una utopía.
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