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Un Ibertren a escala regional

viernes 07 de diciembre de 2012, 00:00h
El centro de gestión de Cercanías (CGC) de Renfe es el cerebro que toma las decisiones operativas del servicio ferroviario de corta distancia de la región. Coordinan 285 coches 24 horas para que los 850.000 viajeros que usan este medio de transporte lleguen puntualmente a su destino. Madridiario pasa una mañana en sus instalaciones.
"Este departamento es un Ibertren a escala Comunidad de Madrid. Desde aquí tenemos que resolver la madeja que supone organizar qué hacen los 1.321 viajes de tren que hace el servicio de Cercanías", explica José Martínez, jefe de sala del CGC.

El centro, el más grande de España y único junto al de Barcelona, inició su labor en el año 2000. Funciona todo el día desde su sede en la estación de Atocha. Es una especie de cerebro que da las órdenes operativas a las líneas de tren, que hacen las veces de sistema nervioso del ferrocarril de corta distancia. Allí, 39 operarios de alta cualificación y probada experiencia en la compañía trabajan a tiempo real para que todo funcione. "La jornada en el centro dura 36 horas, pues tenemos que controlar la operativa, terminar los deberes que hayan quedado el día anterior y organizar el trabajo para el día siguiente", continúa Martínez. Así, son los que ordenan que los trenes y los conductores estén en su cabecera cuando comienza el servicio, a las 04.30 horas.

La gestión del tráfico la obtienen gracias a un enorme plano virtual de la red de Cercanías madrileña. En el mismo, un código de colores y números indica el funcionamiento de cada línea. La comunicación con maquinistas, mantenimiento y Adif es continua. Coordinados, pueden gestionar cualquier tipo de incidencia a tiempo real y resolverla de manera dinámica para evitar problemas a los viajeros. El rompecabezas tiene tres puntos calientes. "Atocha, Chamartín y los túneles de la risa son vitales para que funcione el tren en la ciudad. Si estos funcionan, el 75 por ciento de los viajes llegan puntuales", incide Martínez. El tercer lugar en discordia es la línea Móstoles-El Soto, que tiene la frecuencia más baja de toda España, con un tren cada tres minutos. Es por eso que Renfe ha automatizado la mayor parte de la gestión de la línea.

Con estos mimbres, el centro desgrana día a día la tela de araña que se forma con el devenir habitual del servicio. Para evitar sospresas, han elaborado planes alternativos de funcionamiento en caso de incidencia para cada una de las paradas de la red. Javier Domínguez, jefe de área del centro, concluye: "Nos encargamos de la vida del tren. Establecemos los horarios, el comportamiento de las líneas, la subida y bajada de viajeros a través de cámaras de andén, los mensajes informativos en pantallas y por teléfono, los tornos y autoventas, e incluso podemos dar orden de evacuar un convoy. Somos los que desencadenantes del proceso de transporte".
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