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Lo que se da no se quita

Lo que se da no se quita

   

jueves 01 de noviembre de 2012, 00:00h
  
Un buen colega utilizaba siempre la misma excusa cuando se le reclamaba algún dinero que debía. Acogiéndose al amparo de su santa favorita, tan campechano como impasible, rechazaba los requerimientos del acreedor y se despedía siempre con la misma oración: “Santa Rita, Santa Rita, lo que se da no se quita”. Aquel recurso tan apañado podría aplicarse ahora a nuestras instituciones más próximas. Se lo explico.

Hace algunos años, en plena burbuja inmobiliaria, cuando una gatera suburbial se cotizaba como si fuera un chalecito en El Viso, el ayuntamiento capitalino decidió revisar el catastro para valorar los inmuebles a “su precio real”. Esta iniciativa, imitada en media España, parecía lógica en aquellos tiempos de locura colectiva, pero ha resultado finalmente carísima para el bolsillo de los vecinos. Como consecuencia de la dichosa actualización, se incrementó el impuesto municipal de la vivienda y en numerosos barrios de la ciudad subió un cincuenta por ciento. Vivíamos entonces colgados de una nube de algodón y la citada subida coló sin demasiadas protestas.

Sabido es que la gigantesca pompa se desinfló repentinamente, provocando una ventolera que derribó por los suelos el precio de los pisos. Tal estropicio no se ha reparado todavía, y en algunas zonas de Madrid, las casas valen hoy la mitad de lo que se pagaba hace pocos años. Sería lógico entonces que se validara nuevamente el catastro, acomodándolo a las nuevas cotizaciones, y las haciendas municipales procedieran a rebajar el importe del citado arbitrio. No espero una respuesta positiva a tal pensamiento. Es mucho más probable que nos puntualicen que una operación como esa es muy compleja, que reclamaría la contratación de nuevos especialistas, que habría que enviar a los tasadores a recorrer nuevamente esas calles de Dios y aplicarse en la tarea durante varios decenios. En resumen: Santa Rita, Santa Rita, lo que se da no se quita.

Abuso de su paciencia y les pongo otro ejemplo: ahora pagamos una tasa por la recogida de la basura, orgánica y reciclable. Pues bien, desde hace un mes, la retirada de los desperdicios recuperables se hace solo tres días a la semana. Este presunto ahorro no me parece adecuado, ya que los ciudadanos menos convencidos, que son muchos, con tal de no acumular bolsas en un rincón de la cocina, lo empaquetan todo en el mismo hatillo y aquí paz y después gloria. Se especula incluso con la posibilidad de aparcar en el garaje todos los camiones de basura los domingos y suprimir el servicio ese día. Es muy posible que algunos contribuyentes incautos vuelvan a preguntarse si habrá una rebajita en el correspondiente recibo, lo cual no sería una tontería, aunque solo nos escudáramos en esa vieja consigna del libre mercado que fija los precios de las cosas en virtud de su calidad y cantidad. El Ayuntamiento acaba de anunciar que, en virtud de los nuevos contratos con las empresas que se dedican a este menester fundamental, es muy posible que los contribuyentes paguemos menos. Espero y deseo que no volvamos a escuchar aquello de: Santa Rita, Santa Rita, lo que se da no se quita.
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