Este martes por la mañana llegaba
la carta de dimisión de Aguirre a la Asamblea de Madrid, comenzaba
el proceso de elección de un nuevo presidente regional y se anunciaba que la expresidenta solicitaba
su ingreso en Turespaña. Para entonces, Ignacio González había aprovechado para
golpear primero en los medios, asegurando que cuenta con el apoyo del PP de Madrid (del que es secretario general) y de su grupo parlamentario (del que es portavoz y presidente en funciones).
La respuesta no se hacía esperar. Si este lunes por la tarde en los pasillos de Génova se aceptaba como inevitable, por ahora, la presidencia regional de González, este martes se cuestionaba esa posibilidad. El portavoz del PP en el Congreso, Alfonso Alonso, precisaba que todavía no se ha designado al sucesor de Esperanza Aguirre al frente del Gobierno de la Comunidad de Madrid, ya que
la elección del candidato que deberá votar la Asamblea autonómica corresponde "al partido en Madrid" junto con "la dirección nacional".
La articulación vertical del PP es la baza que puede jugar Mariano Rajoy para neutralizar el anhelo recurrente de González de hacerse una fuente de poder propio en el partido. El pulso está garantizado pues
habrá que ver si en la decisión colegiada que supone elegir un nuevo candidato puede más la lealtad de los militantes populares de Madrid a González, responsable de la confección de las listas electorales en la región,
o a Génova, organismo que tiene la última palabra en las decisiones de los populares.
Desde luego, resucita la vieja pugna entre los partidarios de una
bicefalia en el PP de Madrid, en la que el presidente del partido hace de contrapeso al presidente regional, al estilo del que mantuvo Pio García Escudero cuando era presidente de la Comunidad Alberto Ruiz-Gallardón
o se mantiene un liderazgo único, tal y como implantó Aguirre al vencer a Manuel Cobo, congreso mediante, allá por 2004. La ya expresidenta reiteró este lunes que ella desea que se mantenga esta situación para afianzar el poder de González.
Otros han tratado de reducir la tensión.
Carlos Floriano, vicesecretario de Organización del PP, expresó que "hay una mayoría importante en el partido que apoya la decisión" de que se quede González en la presidencia. Así lo han expresado populares madrileños como el consejero de Asuntos Sociales,
Salvador Victoria, que descarta que haya discrepancias en este aspecto.
Ramón Luis Valcárcel, presidente murciano, ha negado incluso que la sucesión madrileña sea un problema para Rajoy.
Para echar más leña al fuego, una de las dos figuras de peso del PP de Madrid que podría hacer sombra a González (la otra es Cristina Cifuentes) podría haber enseñado sus cartas. La alcaldesa de Madrid,
Ana Botella,
ha considerado "lo normal" la celebración de un congreso para elegir al nuevo presidente de la formación. Según la Cadena Ser, la regidora se habría planteado la posibilidad de presentarse como candidata. Fuentes oficiales desmienten esta afirmación y aseguran que esa opción ni siquiera se ha puesto sobre la mesa.
Sea o no cierta la aspiración de Botella, la jugada podría ser acertada.
La alcaldesa contaría con el apoyo de los aznaristas y de los fieles a Rajoy, que no quieren ver ni en pintura a González después de que postulase a Aguirre como sustituta de Rajoy. El actual presidente en funciones, que se lleva bien con Botella, quedaría acorralado políticamente y la actual regidora contaría con una eficaz plataforma de lanzamiento para dar el salto a la política regional. La regidora sabe bien que es el único referente de ascendencia nacional del partido que queda en la región. Y el PP sabe que no cuenta con ningún político madrileño tan conocido como ella para presentar las batallas electorales que se preven para 2015.